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Publicado el 18 Septiembre, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Telenovela (IV): verdad artística ¿invisible?

Una amplia gama de conflictos, situaciones límites y personajes-tipo recreo la telenovela El rostro de los días, en la que algunas acciones subordinadas no tuvieron un dinámico desarrollo y algunos actores y actrices carecieron de sólidos asideros o fueron poco convincentes en su desempeño interpretativo
La telenovela El rotsro de los días mantuvo en vilo a millones de cubanos.

El actor Denys Ramos trató de debatirse entre el distanciamiento de su actividad profesional, la pérdida de su joven esposa y la búsqueda de la verdad sobre lo ocurrido. (Foto: cubasi.cu).

Por SAHILY TABARES

Con independencia de las transformaciones condicionadas por perspectivas tecnológicas, la TV continúa siendo privilegiada, en ella se construye el imaginario social. Imágenes, relatos, conflictos, personajes que recrean los medios de comunicación audiovisuales alcanzan cada vez mayor notoriedad en el proceso constructivo de la identidad narrativa de las personas.

Por tradición, la telenovela subyuga a públicos de diferentes edades y sexos porque coloca las emociones en juego, presenta el mundo afectivo, cotidiano, de no pocas familias, la pareja, las amistades; cada historia queda dominada por el reconocimiento de la virtud, esta se persigue durante toda la trama hasta el último capítulo.

No siempre ese tránsito transcurre de acuerdo con “el deber ser” de un género que tiene códigos propios, entre ellos: un discurso fragmentado, con elipsis de situaciones, escenas de retrospectivas y sucesivos retornos a conflictos relegados en un segundo plano, también opera la analogía entre sentimientos perdurables inherentes a la condición humana.

Así intentó patentizarlo El rostro de los días en 83 capítulos. El interés de los guionistas Ángel Luis Martínez y Serguéi Svoboda por abarcar una amplia gama de conflictos de la sociedad cubana conspiró, a veces, contra el desarrollo de acciones subordinadas –mal llamadas subtramas– que colocaron en la mira intencional asuntos complejos.

Por ejemplo, la dedicación de Fabián (Denys Ramos) al hijo cuando sorpresivamente pierde a su joven esposa. Además del dolor debido a la pérdida y la ausencia, los cuales son terribles, difíciles de atrapar en gestos o palabras, este personaje-tipo sufre el distanciamiento de la actividad profesional.

No siempre el actor tuvo sólidos asideros para avanzar en su interpretación. Debería pensarse qué falló, si el propio diseño en el guion o lo pedido por quienes dirigieron la puesta. ¿Cómo siente y padece alguien lastimado tan hondamente? ¿Qué hace Fabián para saber lo que ocurrió la noche fatal de la muerte de su esposa?

En gran medida actores y actrices han tenido que batallar duro para convencer. No lo olvidemos, una acción real produce un cambio de las tensiones en el alma y el cuerpo del intérprete-personaje y en las percepciones del espectador. Entonces, ¿podía emocionar Mariana (Roxana Broche), a pesar de todas sus pérdidas, si mantuvo una recia frialdad en situaciones disímiles?

Es insuficiente la acción orgánica si esta no se habita al final con una dimensión interior, de hecho, la acción queda vacía y la actriz aparece preestablecida solo por la forma exterior de una partitura, la cual no asumió en su dimensión por momentos devastadora, otras edificante o portadora de alegría y deseos de seguir adelante, vivir intensamente.

La verdad artística requiere explorar los múltiples campos que se vinculan en el acto de interpretar la compleja red de interrelaciones entre el ser y el acontecer de un personaje. Esa verdad artística nunca puede ser invisible, debe emerger de adentro hacia afuera. Analizar caracteres y motivaciones con el refinamiento de perfilar la existencia requiere saber guiar el dinamismo de alguien, incluso desde la inmovilidad.

Hacer telenovelas exige dominar recursos dramatúrgicos, semiológicos, psicológicos… Además del melodrama, de la tragedia y la tragicomedia influyen en el producto comunicativo varios géneros dramáticos, una hibridez que es preciso conocer, pues así la obra en su conjunto alcanza una profunda incidencia social.

En tiempos de guerras, violencias, conflictos humanos exacerbados, la ficción telenovelesca puede contribuir a la meditación sobre la unión de la familia, el respeto entre padres e hijos, el amor, las decisiones trascendentes para cambiar el rumbo de la existencia, a pensarnos con armonía, calma, inteligencia y deseos de ser mejores.

El paradigma ético de este tipo de discurso: los buenos triunfan y los malos son sancionados, merece ser un patrón para sembrar el bien, la bondad, el estímulo a la convivencia sin obstáculos. A querernos aprendemos todos los días.


Sahily Tabares

 
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