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Publicado el 17 Octubre, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: cine del mundo

El cine y su escenario en el siglo XXI.

El destacado cineasta argentino Adolfo Aristaráin privilegia el amor, la amistad y la lealtad en su filmografía. (Foto: cubacine.com).

Por SAHILY TABARES

El escenario fílmico del siglo XXI se transformó debido a la avalancha de nuevos medios o experiencias interactivas que satisfacen las necesidades comunicativas y de entretenimiento.  No obstante, los clásicos continúan siendo referentes imprescindibles. Ellos llevan en sí mucho ruido y muchas nueces que lejos de pertenecer al pasado intranquilizan en cada momento de la existencia.

Los cultores de lo filosófico en el séptimo arte nunca olvidan las lecciones de Bergman: “no aburrir, mientras se discute con Papa-Dios la inmanencia del alma o la pared creada entre los seres por la mudez de los personajes”.

¿Cómo concretar en la práctica esta máxima? Guionistas y directores deben tener plena certeza de que el guion determina la estructura y la dinámica interna de la obra.  Se nutre o empobrece en el proceso de promiscuidad creativa, a la cual aportan todos los miembros del equipo: productores, fotógrafos, actores, actrices, sonidistas, editores, cada especialista participante en la puesta audiovisual.

Seleccionar lo mejor de la producción cinematográfica del mundo para llevarla a nuestra televisión es un desafío enorme. Eso no compete solo al deber ser sino a lo que se puede hacer. No obstante, en los últimos tiempos se han transmitido diferentes maneras de amar y ver el mundo, relatar historias, compartir angustias, tensiones, soledades, violencias infinitas. Estas provocaciones lideran en la estética de artistas relevantes: Víctor Gaviria, Adolfo Aristarain, Matías Bize, Francisco Lombardi, Anahí Berneri, Marcela Said, entre otros. Para ellos, llegar a la fibra humana significa desplegar universos plenos de fuerza y sugerencias.

En lugar de seleccionar un filme para adentrarnos en su entramado, les proponemos reflexionar sobre el cine como concepto que no es complaciente y hace meditar sobre la vida propia, de nuestro hijo, las preocupaciones de mi madre, de mi padre, de mi familia.

De acuerdo con Tomás Gutiérrez Alea: “el cine puede acercar al espectador a la realidad sin dejar de asumir su condición de irrealidad, ficción, realidad-otra, siempre que tienda un puente hacia ella para que el espectador regrese cargado de experiencias y estímulos”.

Indagar sobre “lo nuevo” en las cinematografías de otros países remite a miradas plurales que pueden promover energías liberadoras desde la condición artística, la cual abre horizontes, emancipa de lastres antiguos. Incluso, en ese proceso tal vez surgen más de una interrogante: ¿cómo puedo ser mejor ser humano? ¿es posible conquistar la felicidad a pesar de las carencias materiales?

En ocasiones, poner en juego las expectativas de espectadores emocionados, ha sido un leitmotiv en el diseño de escenas que definen el curso de una trama. Quitan máscaras invisibles, denuncian la falsedad, la traición. Interpretar la dramaturgia, los valores éticos y estéticos de una puesta no se resume con la posición impresionista de me gusta o no me gusta. Es preciso ver con la mirada aguzada. Nunca olvidemos, las transformaciones de lo simbólico y la producción de sentido motivan establecer relaciones gustosas y, a la vez, participativas.

Por esto hay que aprovechar el buen cine de todas partes, y no siempre ocurre así en la TV cubana. El programa La séptima puerta estrena películas inéditas para los públicos cubanos en un horario nocturno inadecuado para las mayorías. ¿Se ha pensado en retransmitirlas por Multivisión con una nota de su guionista y conductor, el crítico Rolando Pérez Betancourt?

Es significativo el impacto de la televisión, su capacidad para persuadir mediante relatos e imágenes, susceptibles de acercarnos a conflictos y preocupaciones, a partir de la intencionalidad de los implicados en la creación colectiva.

Ciertamente, lo imaginado debe convencer en cualquier soporte, es decir, tiene que ser verdadero. Trasladar auténticas vidas ficcionales al cine requiere defender la ilusión de verdad, aunque nunca haya ocurrido. Pero puede suceder, esta posibilidad alerta, hay que escucharla.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares