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Publicado el 10 Noviembre, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

MÚSICA

Precursora en una senda de excelencia

A propósito de la primera función al público ofrecida por una de las agrupaciones artísticas más notables en la mayor de las Antillas
Precursora de la excelencia

La OSNC mantiene una valiosa labor en la difusión de obras clásicas y contemporáneas, del repertorio sinfónico nacional y universal de todas las épocas. (Foto: tvyumuri.icrt.cu).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Como otras importantes instituciones culturales de nuestro país, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSNC) fue de las primeras que por decreto del naciente Gobierno revolucionario vio la luz en el mismo año del triunfo, justo el 7 de octubre de 1959. Acreditados músicos provenientes de la Orquesta Filarmónica de La Habana abrazaron un proyecto al cual legarían excelsitud y honda raigambre sonora, en un contexto histórico en el que el movimiento de instrumentistas y compositores sinfónicos –disgregado a veces, y apenas apreciado en circuitos elitistas– precisaba de respaldo estatal para así alcanzar a amplios sectores de la sociedad y concederles oportunidad de enriquecimiento humano y espiritual.

En las jornadas primigenias la agrupación estuvo a cargo de los maestros Enrique González Mántici, en calidad de director titular, y, como asistente Manuel Duchesne Cuzán, quien llegaría a asumir el liderazgo general hasta poco antes de su deceso (2005) y -en los años fundacionales- simultanearía, además, las funciones de máximo representante de la Orquesta de Cámara de La Habana y la Ópera Nacional de Cuba.

La historia de la música en la mayor ínsula de las Antillas durante la Revolución, marca el 11 de noviembre de 1960 como la primera presentación del colectivo ante el público. Si bien resulta relevante la efeméride de su constitución oficial, en similar medida lo es esta función inaugural, al inscribir una impronta de calidad y autenticidad creciente y sostenida en el tiempo.

Aquel día del penúltimo mes, hace ya seis décadas, los concurrentes al otrora Teatro Auditorium, en La Habana, disfrutaron de un espectáculo con obras del notable compositor cubano Alejandro García Caturla, bajo la batuta de González Mántici, quien fuera reconocido como uno de los más destacados representantes de la vanguardia nacionalista musical de mediados del siglo XX, por incorporar elementos del folclor a la música de concierto.

Se abría una etapa excepcional en el desarrollo y difusión de la creación sonora cubana, latinoamericana y universal de todas las épocas, tendencias y estilos. El coliseo dispuesto para tan memorable velada se convirtió en su sede y algunos meses más tarde, exactamente el 3 de marzo de 1961, cambió su nombre por Amadeo Roldán.

Con el paso de los años devendría un espacio de encuentro para melómanos seguidores del repertorio sinfónico, clásico y contemporáneo; hasta que un incendio originado por un sabotaje, en julio de 1977, destruyó una porción significativa del inmueble, el cual llegó a ser restaurado con gran esfuerzo gubernamental dos décadas después y reinaugurado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el 10 de abril de 1999.

Aunque desde hace cerca de dos lustros dicho coliseo se haya urgido de una rehabilitación capital más profunda, la OSNC junto a su actual director titular, el maestro Enrique Pérez Mesa, ha perseverado en su desempeño. Como en aquella función inicial se afana en gratificar a los públicos por medio de una programación regular y bastante sistemática, ofrecida de manera provisional en la sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba, donde cada año acoge a sobresalientes directores y solistas, del patio y foráneos, interesados en conectarse con la excelencia de nuestra música de concierto y sinfónica.


Roxana Rodríguez

 
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