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Publicado el 20 Noviembre, 2020 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Teatro: la zaga de ¿otra Petra?

Destacada agrupación escénica reanuda temporada de espectáculos en la capital. Quien se interne en los predios de la compañía en las jornadas actuales, percibe la preocupación y diligencia con que la nómina y su director se ajustaron a las medidas sanitarias en las diferentes áreas del teatro y en el montaje en sí
Retoma sus jornadas Teatro El Público.

La lucida propuesta de Carlos Díaz sobre el original de Rainer Werner Fassbinder convida a repensar la problemática de las identidades desde aristas diversas.

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Foto: YURIS NÓRIDO

Por estos días, volver a coquetear entre proscenio y bambalinas es un bálsamo renovador para “teatrodictos” y/o “teatrómanos”. Así lo sintió esta reportera, cuando tras el confinamiento por la pandemia de covid-19 se reanudaron las funciones de Las amargas lágrimas de Petra von Kant, en la sede de la compañía Teatro El Público que lidera Carlos Díaz. El coliseo capitalino abrió sus puertas con un homenaje por el Día de la Cultura Nacional, el 20 de octubre. Para la ocasión, y los meses siguientes, convidó a una concepción diferente de la misma puesta en escena, postergada durante la cuarentena.

Quien se interne en los predios de El Público en las jornadas actuales, percibe la preocupación y diligencia con que la nómina y su director se ajustaron a las medidas sanitarias en las diferentes áreas del teatro y en el montaje en sí. El lunetario mantuvo el tono espectacular que distingue a la agrupación; de modo que los asientos con forros dorados son los únicos dispuestos para ser ocupados por los concurrentes, con lo cual se garantiza el aislamiento físico necesario entre los espectadores.

Otro detalle que llama la atención en esta puesta es la originalidad y organicidad demostrada por los intérpretes, quienes incorporan el uso del nasobuco, el desinfectante para manos y el debido distanciamiento entre actores y actrices, sin descuidar las características de cada personaje y la cadena de acciones. La gestualidad con tales aditamentos no se percibe forzada, afectadamente superficial o fuera de contexto.

Pareciera que Díaz siguiera al pie de la letra una suerte de pacto esotérico y extraterrenal con el creador de la obra, el alemán Rainer Werner Fassbinder (1945-1982), dramaturgo, guionista, productor, director de cine, teatro y televisión. Que por esos extraños entresijos del destino, ambos genios insistieran en prolongar en el tiempo la versión habanera de la diseñadora famosa, arrogante y talentosa concebida por el teutón en la década del 70, estrenada por el cubano en 2008 y que por insólitos azares no consiguió el centenar de funciones que coronan cada éxito de la compañía.

A finales de 2019, llegó otra vez la Petra criolla, quizá para saldar aquella deuda con los seguidores, pero otras inclemencias más humanas e ineludibles volvieron a impedir el remate triunfal. La de estos días ha regresado para intentar abrazar invicta la función 100 desde un duelo sabio, tejido por el virtuosismo de Carlos Díaz en su avidez por reinventarse sin traicionar su esencia y estética.

Durante el reestreno (2019), Díaz concibió dos propuestas que coexistieron a lo largo de aquella temporada: en una a Petra la encarna una mujer (Yailene Sierra) y las féminas que la rodean son hombres travestidos; en la otra, el rol protagónico lo desempeña un hombre travestido (Fernando Hechevarría y Enmanuel Galbán) rodeado de actrices.

En la actual zaga, la convivencia, en un mismo espectáculo, de los tres intérpretes que defienden la caracterización de Petra se aparta un tanto de aquella concepción y marca un giro sugerente en el montaje sin abandonar la coherencia, el dinamismo, la espectacularidad. Por si fuera poco, desafía al público y lo insta a asumir lecturas múltiples sobre las identidades y preferencias homosexuales en una sociedad por excelencia heteroerótica.

Defendida magistralmente por la tropa de Díaz, esta nueva puesta de Las amargas lágrimas… continúa en la cuerda de lo performativo y experimental. Además de mantener la estructura de planos y secuencias cinematográficos, tiene un halo brechtiano y ciertos guiños al cine mudo, elementos identificativos del estilo de Fassbinder y que, por supuesto, devienen tributo merecido a la obra del también notable representante del nuevo cine alemán.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez