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Publicado el 11 Diciembre, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Cine: ¿desazones provocadoras?

Valoraciones sobre producciones latinoamericanas exhibidas recientemente en las salas habaneras
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Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

La directora María de Medeiros lucha por la reivindicación de los sueños de las mujeres. (Foto: sensaCine.com).

Por SAHILY TABARES

El hallazgo de un nuevo cine latinoamericano en 1967 tras la realización de encuentros y festivales alusivos a determinados códigos, valores simbólicos, devino un argumento identitario fuerte, robustecido con amplia trascendencia internacional.

La forja de otro mundo posible recibió ideas, pensamientos, praxis que expresaron preocupaciones de nuestros pueblos, sus aspiraciones legítimas. El activismo social como contracultura hegemónica estadounidense, entre otros presupuestos éticos y estéticos, articuló discursos y narrativas en beneficio de la integración continental.

¿Qué preocupaciones, conflictos e interrogantes plantean hoy en la pantalla grande guionistas y directores junto con sus equipos de creación?

En un mundo interconectado prevalece el desplazamiento progresivo del cine por las redes sociales –medio que se utiliza de manera recurrente para obtener información–, no obstante, filmes, documentales, cortos, establecen un dinámico estatus de conquista sobre diversos públicos. Las mayorías mantienen el interés en relatos, personajes, conflictos de la vida cotidiana expuesta a vicisitudes, angustias, desesperanzas, sospechas, desamores… Quizá por esto la intimidad de los seres que hacen la historia sin imaginarlo o proponérselo emerge de no pocas producciones fílmicas realizadas en decenas de países durante 2019 y 2020.

Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

Proteger la dignidad a toda costa es una de las máximas que defienden los personajes femeninos en el filme Hotel Coppelia. (Foto: cubacine.cu).

Lo patentiza el filme Hotel Coppelia, dirigido por José María Cabral (República Dominicana). Las acciones de las tropas estadounidense al invadir Santo Domingo en 1965 son el detonante de una confrontación entre gringos y mujeres oriundas de ese país. Ante la violencia exacerbada por los colonialistas y la pesadumbre, frustraciones, de ellas, las “salva” la unidad en tanto redención inaplazable.

Lamentablemente, imperfecciones dramatúrgicas, no aprovechar el clímax de situaciones y la redundancia excesiva al manifestar pobreza espiritual, decadencias, atentan contra los posibles impactos de sordas tensiones desarrolladas en la trama.

Otra perspectiva ofrece la brasileña María de Medeiros en el largometraje Nuestros hijos (2019). La reconocida directora coloca en la mira conflictos existenciales de mujeres angustiadas por el pasado, las rupturas drásticas de la familia y el ansia de lograr proyectos personales, humanistas. En la puesta fílmica se explora el caudal subjetivo de Eva, protagonista con fuertes contradicciones éticas y empeñada en salvar a todos sin comprender que abrir varias ventanas al unísono impide cerrar una a una cada vez.

El qué dirán y aciagos presentimientos representan obsesiones de imponente presencia en los personajes. Miedos, angustias, saturan un cúmulo de conflictos, pero logran resolverlos desde la armonía y la ruptura de las convenciones. La sagacidad mayor del filme estriba en el desarrollo de la capacidad para comprender al otro ser humano, a veces desconocido, aunque forme parte de la familia funcional o disfuncional.

Confidencial y mucho más

Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

El cazador motiva a reflexionar sobre la intimidad y las preocupaciones de los adolescentes. (Foto: cubacine.cu).

Según decía el inolvidable director cubano Julio García Espinosa, los gestores del Nuevo Cine Latinoamericano, él entre ellos, estaban obsesionados con la profundidad de la mente y olvidaban el cuerpo, su sexualidad. En la actualidad los designios sociológicos y las luchas por conocer la intimidad de las personas han ganado terreno en la visión de los realizadores del continente.

El cazador, del director argentino Marco Berger, es una película dura. Las sensaciones y los silencios de Ezequiel, de 15 años, desembocan en una tragicidad que pudo evitarse si hubiese existido el diálogo con los padres. Contado en progresión acumulativa, el relato pide a gritos parar a tiempo; sin embargo, su avance lento es destructor.

La parquedad de palabras, el modo de regular o ahogar el sentimiento, la manera en que se somatiza la rudeza, acontecen en un filme donde agresiones implacables proliferan en un incesante crescendo dramático.

Más de una existencia difícil, límites transgredidos, se cuentan desde México, Honduras o Argentina para establecer nexos y dialogar, aunque sea en la distancia. En ocasiones el minimalismo aflora como un ideal estético que lleva a la mínima expresión las formas cinematográficas, otras veces el abordaje de la sinceridad y la conquista del sueño dominan secuencias, el punto de vista, la artisticidad en la dirección de fotografía, así ocurre en La pasión de Javier, del realizador peruano Eduardo Guillot Meave.

Hay que escuchar al otro, prestar atención a dolores y alegrías, a las desazones inmanentes que ocurren en el alma y pueden provocar la torcedura del destino de una vida.

Filmes presentados en salas habaneras parecen decir: somos todo lo que hacemos. Furias, confrontaciones de valores, indagaciones profundas, ningún contenido o aparente edulcoración es inocente. Algunas hacen reflexionar, sofocan, desconciertan… Imposible abarcar la amalgama de señales expuestas en un plano, bocadillos lacerantes, finales infelices. Falta la contundencia de un clásico, sin duda.

Pero llegan héroes capaces de llevar sus acciones hasta las últimas consecuencias, hay que prestar atención a procederes, actitudes –lo que dicen y lo que hacen–; justo en ese tránsito, varias puestas visibilizan códigos de poder y demandan del espectador interpretaciones exhaustivas, en lugar del mero disfrute o la tranquila complicidad.

Por su parte, los thrillers aportan fábulas, moralejas, que suelen motivar incluso a entrenados internautas.  Algunas historias denunciaron conductas delictivas de índole diversa: robos, violaciones, corrupción, tráfico y consumo de drogas, prostitución, malversaciones; fenómenos nocivos de repercusión social.

Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

Principios éticos y estéticos robustecen la densidad de la película La pasión de Javier. (Foto: cubacine.cu).

Transformar realidades complejas en un espectáculo artístico requiere proporcionar a los espectadores la comprensión de lo que ocurre, mediante asociaciones de aspectos disímiles, sin obviar que esas realidades otras pertenecen a la ficción, a lo imaginario, constituyen aproximaciones a las subjetividades del creador y de las audiencias, en la medida en que logran ser objetivaciones de presupuestos ideológicos y emocionales de las personas.

¿Urge seguir cultivando narrativas en las que proliferen disonancias, luchas, catarsis? Ellas son medios para expresar la intranquilidad que incita a pensarlo todo de nuevo, revisar conductas, sin descuidar la humildad de quienes aprenden a vivir en medio de la Covid-19, asunto preterido, al parecer, en los relatos fílmicos más recientes. ¿Por qué no querernos más, a pesar de la distancia física por el bien social? Pensemos en esto.

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Sahily Tabares

 
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