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Publicado el 21 Diciembre, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

PATRIA Y CULTURA: la vocación participativa

Reflexiones sobre los procesos de discusión y la toma de decisiones colectivas en defensa de la Revolución que defienden los artistas, la intelectualidad y el pueblo en un mundo liderado por la hegemonía imperialista
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PATRIA Y CULTURA: la vocación participativa.

Fidel durante un intercambio con Alfredo Guevara y nuestro Poeta Nacional Nicolás Guillén, primer presidente de la Uneac, en las sesiones del encuentro que concluyeron con Palabras a los intelectuales. (Foto: cubadebate.cu).

Por SAHILY TABARES

En el complejo universo de tensiones de las ideas, nuestra historia posee un fuerte núcleo de pensamiento en permanente transformación que se define como expresión intelectual y política de la cultura cubana. Esta es una dimensión vital e indisoluble del desarrollo. En ella siempre ha estado presente la clave de la resistencia de la Revolución frente al poder global del capitalismo de la potencia imperialista del Norte.

El sentido del momento histórico significa tener conciencia de la injerencia de los poderosos mediante show mediático y acciones pensadas para dañar a Cuba con el apoyo de Estados Unidos al orquestar una guerra contra nuestra Revolución que tiene entre sus fuerzas a la cultura soberana, independiente y raigalmente antimperialista.

Socavar la unidad del pueblo es un propósito explícito de quienes imponen condiciones a partir de una red de intereses transnacionales, siembran noticias falsas, ultrajan el sagrado símbolo de la bandera y vociferan por la abierta confrontación al asumir los códigos de la guerra por el poder.

Ante los ataques frontales la Revolución tiene que defenderse. Precisamente, la inclusión de todos lidera desde las Palabras a los intelectuales expresadas por Fidel en 1961: “Nadie ha supuesto nunca que todos los hombres, o todos los escritores, o todos los artistas tengan que ser revolucionarios, como nadie puede suponer que todos los hombres o todos los revolucionarios tengan que ser artistas, ni tampoco que todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Ser revolucionario es también una actitud ante la vida, ser revolucionario es también una actitud ante la realidad existente y hay hombres que se resignan a esa realidad, hay hombres que se adaptan a esa realidad y hay hombres que no se pueden resignar ni adaptar a esa realidad y tratan de cambiarla, por eso son revolucionarios”.

Esta fue la esencia del IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (2019) que colocó en el centro de los debates una interpretación contextualizada de los principios de la política cultural definidos por Fidel en el histórico discurso y la necesidad de estimular, desarrollar, trabajar con el propósito de crear las mejores condiciones para la labor de los artistas, los intelectuales y, a la vez, defender sus intereses.

Ese clima se extiende, consolida en la actualidad desde la vocación participativa de hacer. Somos conscientes de las plataformas neocolonizadoras que tratan de imponernos, y del surgimiento de un nuevo perfil emergente: el ciudadano usuario de los medios, este se caracteriza por aportar y consumir contenidos en las redes.

PATRIA Y CULTURA: la vocación participativa.

Las sesiones del IX Congreso de la Uneac abordaron una amplia agenda que compete al movimiento intelectual, artístico y a toda la sociedad. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

El nuevo escenario fue propicio para retomar el diálogo entre escritores y artistas, autoridades del Ministerio de Cultura, representantes de la Uneac y de la Asociación Hermanos Saíz en provecho del razonamiento, de la solución de problemas que atañen a los creadores y repercuten en la vida social.

Los participantes plantearon motivaciones y preocupaciones desde diferentes visiones no necesariamente coincidentes, entre ellas el respeto a la diversidad de expresión, el peligro de las polarizaciones extremas, la censura y la falta de agilidad que en ocasiones ha impedido respuestas a problemas viejos y nuevos.

Una parte de la sesión estuvo dedicada al análisis del papel de las redes sociales en las que se advierten mensajes de odio e incitación a la violencia, apuestan por el derrocamiento del Gobierno y el caos en la sociedad. En opinión del realizador audiovisual Joseph Ros, sería un error responder esos planteamientos con otros similares de signo opuesto, “lo que se debe es mostrar nuestra cultura en las redes”, precisó.

Por su parte, Abel Prieto recordó cómo la contrarrevolución contaminó el tejido cultural en un momento de sumas tensiones por el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba en los últimos meses, antes aun de la pandemia y las agresiones desmedidas de la administración de Trump.

La necesidad de una relación mucho más fecunda entre las instituciones y los creadores, la superación de rutinas y decisiones verticalistas fue expresada por Yosvany Montano, profesor de la Universidad de las Artes. El diálogo tendrá que ir más allá de la catarsis sobre la base de propuestas específicas. El desafío pasa por articular la continuidad del proyecto de nación con los proyectos de creación y vida, alertas contra la simulación y las agendas que pretenden minar la legitimidad de la institucionalidad.

En opinión del escritor José Ernesto Nováez, el diálogo se hace pertinente siempre que se ejerza con rigor, incluya temas pendientes e involucre a la mayor cantidad de personas en todo el país. Puntualizó que todo se puede discutir, menos la soberanía: “Estoy a favor de ampliar todos los márgenes de libertad hasta el límite de los principios dentro de una Cuba soberana y socialista; es el proyecto de país que sostengo y defiendo”.

La comprensión de la naturaleza crítica del arte y el respaldo institucional a ese carácter devino denominador común del intercambio. Lo atestiguaron Ramón Samada, presidente del Icaic, al reflexionar sobre la pertinencia de debatir las obras por muy complejas que sean, como lo es buena parte del cine cubano de estos tiempos; y el teatrista Carlos Celdrán, quien se refirió a cómo una consecuente y profunda visión artística es capaz de ventilar contradicciones, conflictos, con altura ética, estética.

PATRIA Y CULTURA: la vocación participativa.

3- Creadores de varias generaciones se reunieron con autoridades del Ministerio de Cultura y representantes de la Uneac y la Asociación Hermanos Saíz. (Foto: uneac.cu).

Valiosas, oportunas, fueron las consideraciones de Helmo Hernández, presidente de la Fundación Ludwig de Cuba, al separar las actitudes honestas de quienes fueron al Ministerio de Cultura para establecer el diálogo, de aquellas movidas por aviesas intenciones y turbios intereses.

Al referirse a lo que considera lo fundamental en lo adelante, llamó a pensar en las enseñanzas de Fidel: “Tenemos que aprender que la Revolución es mucho más que yo, que somos todos, que de los jóvenes hay que aprender”.

Al compartir sus apreciaciones con el auditorio, Alpidio Alonso, ministro de Cultura, expresó que para ser consecuente con el espíritu franco y abierto del encuentro, habrá que diseñar espacios más eficaces para el intercambio que tributen a soluciones, deshagan trabas, problemas y cimienten un compromiso ineludible con la transformación y el perfeccionamiento de la relación del sistema institucional con los creadores.

Según reconoció: “La libertad que hemos conquistado debemos ejercerla todos desde la responsabilidad y la lucidez con humildad y sistematicidad. El socialismo cubano es inconcebible sin la cultura. Pronto se cumplirán 60 años de la fundación de la Uneac. Los artistas y escritores hicieron suya la divisa: defender la Revolución es defender la cultura. Hoy podríamos decir también que defender la cultura es defender la Revolución”.

Sin duda, la vocación participativa de los creadores en defensa de nuestros principios y la promoción de los valores de nuestra cultura seguirá fortaleciendo a la sociedad cubana.

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