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Publicado el 20 Diciembre, 2020 por Redaccion Cultura e Historia en Cultura
 
 

Sobre la escuela cubana de ballet (fragmentos)

Texto tomado del libro Diálogos con la danza (Editorial Complutense, 1993), en el que la prima ballerina assoluta ofrece testimonios y reflexiones acerca de su quehacer en el magisterio y la creación coreográfica
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Escuela cubana de ballet.

Su obra mostró una postura estética consecuente con los principios y el proyecto social refrendado a partir de enero de 1959. Aquí baila La avanzada, en una unidad militar, en la década de los 70. (Foto: JORGE VALIENTE)

Por ALICIA ALONSO

Cuba posee, como base de su perfil nacional, dos grandes antecedentes culturales en los que la danza representa una manifestación de gran fuerza y riqueza. La exuberancia del folclor musical y danzario cubano, tan conocido y admirado, es producto de la asimilación de lo español y lo africano. Esto también va a determinar características y va a ser un factor enriquecedor en el desarrollo de la danza teatral en nuestro país, y dentro de ella, la tendencia que ha alcanzado más altas metas: el ballet. Uno de los mayores logros en el campo de este género, lo es sin duda la existencia de lo que se ha llamado la escuela cubana de ballet […]. Cuando se habla de escuela de ballet, lo primero que se piensa es en un centro formador de bailarines, un lugar en el que se aprende la técnica del ballet. Pero en la temática que nos ocupa nos referimos a algo que, aunque tiene mucho que ver con la formación de los bailarines, posee un significado diferente.

Se trata de “escuela” en el sentido de una forma específica de bailar, una manera de usar la técnica, de expresarse técnicamente. Incluye además lo que algunos llaman estilo y también abarca una estética, un gusto determinado, y muchos factores más, entre ellos la existencia de varias generaciones, pertenecientes casi siempre a un mismo país, o formados en él […]. Es un resultado final que se sintetiza en una forma peculiar de bailar, pero cuando no se trata de un bailarín, sino de una compañía, también se ven otros factores, como pueden ser una manera específica de sus puestas en escena, hábitos determinados en el comportamiento escénico del cuerpo de baile, versiones propias en sus clásicos, una línea artística y coreográfica diferenciada y reconocible.

[…] Una escuela no se forma por la expresa voluntad de una persona, sino que se requieren muchos años y que confluyan una serie de circunstancias históricas y hasta ambientales. Y es también decisiva la fuerza, el talento, la capacidad de dirección, el liderazgo de una o varias personalidades, que posean además un sentido de identidad nacional y una voluntad de prolongar su talento en los demás.

Una escuela de ballet tiene su base, en primer lugar, en la cultura nacional de un país y el talento peculiar de ese pueblo para expresarse por medio de la danza. Sobre esto se va a proyectar después la técnica de ballet clásico. El ballet académico, en su base, es igual en todas partes del mundo. Ahora, cuando esa técnica se toma en un país que tiene su cultura y dentro de esa técnica se asimila la cultura nacional de un pueblo y el trabajo de profesores, el empeño de determinadas personalidades, de coreógrafos, esa técnica se va matizando en una forma determinada. No quiere decir que se cambien los principios de la técnica académica en el entrenamiento del bailarín, se adulteren los estilos históricos o se sustituyan las coreografías tradicionales, sino que se empieza a dar un acento diferente a cada cosa que se hace […].

Escuela cubana de ballet

La escuela cubana de ballet más que un estilo proyecta nuestra idiosincrasia, temperamento y es referente ineludible de nuestra identidad y cultura. (Foto: JORGE BONET).

Hay que tener claro que una escuela no es algo que pueda definirse como una receta, que pueda recogerse en un papel como un reglamento. Una definición de esa naturaleza no podría hacerse con ninguna escuela. Esto, sin tener en cuenta que algunas características son comunes a varias de  ellas. Y que cada bailarín, individualmente, es un mundo de peculiaridades en sí mismo. No se trata de un recetario técnico, o de la suma mecánica de descripciones de pasos. Existen, no hay duda, características técnicas en cada escuela, sobre todo en la forma en que se usan los pasos: si se hacen un poco más altos o más bajos, si determinada posición se acentúa o exagera. Y, desde luego, hay diferencias en la metodología del entrenamiento y la formación técnica de los bailarines: el orden en que se ponen los ejercicios, la forma de llegar a los pasos, las combinaciones, la dinámica de las clases, etc. […].

[…] el movimiento de la danza teatral profesional en Cuba tiene su primer hecho propio de relevancia con el surgimiento, en 1931, de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, que crea la primera academia para la enseñanza del ballet, con el profesor ruso Nikolai Yavorsky, que fue, por cierto, mi primer profesor de ballet. Con él comenzaron a estudiar ballet las personas que iniciarían luego el movimiento profesional de ballet en Cuba. Sin embargo, la Escuela de Pro-Arte no tenía como fin la preparación de verdaderos profesionales de la danza. Pronto marchamos a continuar los estudios en los Estados Unidos, y allí tuvimos las enseñanzas de grandes profesores europeos que se habían radicado en Nueva York.

Para el surgimiento de la escuela cubana de ballet, para sus características futuras, fue un factor muy importante la formación que recibimos de esos profesores. Ninguna escuela de ballet sale de la nada, sino que todas surgen de otras que ya existen […].

Para nosotros fue importante el que no nos formáramos dentro de una sola escuela, sino que recibiéramos varias influencias. Yo tuve como profesores principales al italiano Enrico Zanfretta, representante de la antigua escuela italiana, de gran importancia en mi formación. Aquí puede verse un punto de contacto entre la antigua escuela italiana –caracterizada entre otras cosas por la rapidez en el uso de los pies–, y la escuela cubana. También fue para mí una profesora esencial Alexandra Fedórova, exbailarina formada fundamentalmente por Cecchetti en la escuela de San Petersburgo y que había sido estrella del Ballet Marinsky. Aquí tenemos un importante contacto con la escuela rusa antigua. También tuve relación con la escuela danesa por medio de bailarines de esa nacionalidad que actuaban en los Estados Unidos; y con profesores ingleses, en la School of American Ballet. Así fui conociendo y experimentando las características de diferentes escuelas, a las que desde un principio me enfrenté con un criterio selectivo, tratando de determinar qué me servía mejor de acuerdo con mis características físicas y mis necesidades expresivas. Al principio, el trabajo de creación de la escuela cubana no fue algo totalmente consciente. Pero llega un momento en que, en los Estados Unidos, donde desarrollaba entonces mi carrera, empiezan a oírse comentarios de profesores, bailarines y hasta críticos, de que yo bailaba con un “estilo peculiar” al que dieron por llamar “estilo Alonso”, que era distinto al de los bailarines norteamericanos que estaban a mí alrededor […].

[…] Desde mis comienzos traté de llevar el ballet a mi país, de fortalecer un movimiento profesional de ballet en Cuba […] debo aclarar que en los Estados Unidos cada profesor de ballet tenía un método, generalmente el método que cada uno había aprendido y era el que utilizaba. Tampoco había una escuela única y esa era una realidad que sentíamos todos. Yo aprovechaba y tomaba clases con todos los profesores que se ponían a mi alcance, para ver lo que podía aprender de cada uno, qué cosa me podían enseñar. De manera que, desde entonces, inconscientemente, ya estábamos avanzando en la formación de una escuela.

[…] Cuando fundamos el Ballet Alicia Alonso, en 1948 […] Llegamos al convencimiento de que aquel era el momento de empezar a hacer nuestro propio centro formador de bailarines, nuestra propia academia de ballet. Y al fin la hicimos en 1950, con grandes dificultades, y empecé a elaborar la metodología con Fernando Alonso […]. Mi actividad profesional en el exterior, además de ser un soporte económico de la escuela y de la compañía, me permitía estar siempre recogiendo y observando todos los adelantos de diferentes lugares para trasladarlos a la escuela, después que eran previamente pasados por el tamiz de nuestro criterio, por nuestra estética y nuestros puntos de vista de índole técnica […]. Todos estábamos abiertos constantemente a cualquier estudio, suge­rencia, forma nueva, idea. Y aquí se incorpora también el aspecto coreográfico, con las ideas de Alberto Alonso en ese campo. Pudimos incorporar al repertorio de la compañía los temas, la música y el folclor cubanos. Utilizamos elementos propios, enriqueciendo el mundo expresivo, la técnica del ballet y nuestra forma artística de bailar. Esos fueron los antecedentes principales, las bases de la escuela cubana de ballet. No fue solamente escogiendo, en un salón de ensayos, ni en la clase de todos los días, sino también proyectándolo en escena […]. La parte técnica y artística que, después, con el apoyo brindado por la Revolución, a partir de 1959, se fija y se desarrolla. […] Nunca cedimos en nuestros principios de selección, y nos hemos cuidado siempre de mimetismos. Estos principios partían de nuestro criterio sobre qué le venía mejor al físico de los cubanos, qué venía mejor a nuestra línea, a nuestro concepto de lo bello, lo elegante, etc. Detectamos que existían acentos que aparecían más frecuen­temente en nuestros bailarines, facilidades o virtudes que se encontraban con más frecuencia en el bailarín cubano e hispanoamericano en general. Integramos todo esto, al mismo tiempo estudiamos a conciencia el método de enseñanza. También fue importante la ausencia en nosotros de prejuicios o complejos raciales. Partimos de que, dentro de ciertos límites dictados por el sentido común estético y aplicables a todas las llamadas “razas”, no existen características étnicas insalvables para el ballet. Eso se comprueba hoy en el Ballet Nacional de Cuba. Para tomar un ejemplo, en el segundo acto de Giselle se pueden ver muchachas de diferentes rasgos y colores. Y sin embargo, en este ballet romántico por excelencia los críticos han afirmado más de una vez que es el cuerpo de ballet más perfecto que pueda encontrarse, por su exactitud, por su estilo, por su homogeneidad, por la atmósfera que crea […] lo cual significa que dentro de todas las etnias pueden encontrarse individuos con proporciones y líneas adecuadas a la norma clásica; y cuando un ballet está bien interpretado, cuando el bailarín es artista y está bien preparado, pasa a un primer plano la interpretación. No hay que exagerar la valoración de otros factores, que algunos han tenido como mitos inamovibles. Y este es también un sello de la escuela cubana de ballet: la integración de razas […].

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Redaccion Cultura e Historia