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Publicado el 12 Diciembre, 2020 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Telenovelas: reivindicación ¿indispensable?

Reflexiones sobre la telenovela de producción nacional y su valiosa incidencia en conductas, sentimientos y valores de los públicos expuestos a mensajes seudoculturales y productos de fácil deglución fabricados por las transnacionales
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Reivindicación indispensable.

La primera actriz Eslinda Núñez interpreta a Marta en la telenovela Latidos compartidos. (Foto: JORGE VALIENTE).

Por SAHILY TABARES

En el siglo de los artefactos y las tecnologías aún lideran las palabras, la memoria, el afecto, a pesar del afán consumista. Ha surgido un nuevo perfil emergente: el ciudadano usuario de los medios, que se caracteriza por ser más participativo como productor y consumidor de contenidos en las redes.

La mundialización de la cultura trajo a la palestra un conjunto de objetos: jeans, productos de la cadena McDonald’s, imágenes de estrellas, que han dejado de ser imposiciones exógenas, ya forman parte de la existencia colectiva. La industria cultural tiene en el audiovisual uno de sus poderosos instrumentos financieros de ese fenómeno. Algunas personas intentan escapar de esas enajenantes relaciones, pero no siempre pueden lograrlo, dada la avalancha de productos concebidos para la fácil deglución que estimula el ocio cultural.

En los hogares el fenómeno social que representa la telenovela mantiene vigencia. En esta lidera una estrategia comunicativa configurada tanto desde la producción como desde el consumo y el reconocimiento en el que interviene el hábito de las mayorías, pues el vínculo con el espectador es emotivo.

Tal vez poco se habla de la perdurabilidad y la presencia intemporal de sentimientos y valores que aparecen en el discurso telenovelesco y forman parte de la condición humana. Ante la pantalla, quién no ha expresado: “Sé lo que es pasar por eso” o “comprendo perfectamente esa actitud”. Aunque el género presenta un discurso fragmentado, sucesivos cortes o conflictos relegados, en él opera la analogía entre emociones inherentes al humano en cualquier país, época o contexto.

¿Por qué volver a ver Latidos compartidos (Canal Habana), Bajo el mismo sol o Destino prohibido (Cubavisión)? En cada una de estas telenovelas la relación del diálogo con situaciones inmediatas se manifiesta en la retórica egocéntrica que individualiza a los personajes. El refinamiento, la inteligencia y el humor son cualidades de una épica de vida concebida para una específica manera de contar.

En Cuba, el género tiene una larga tradición. Los más jóvenes desconocen que Félix B. Caignet destacó hace más de 50 años la importancia de la oralidad y de las matrices populares en la elaboración de las radionovelas. Más tarde, telenovela y series incorporan contradicciones de la modernidad en varios lugares del mundo. Por ello no podemos renunciar a la dinámica de la vida cotidiana de las mayorías, se impone en el panorama televisual la permanencia de maneras de enunciación que reconozcan vivencias de apropiación e invención de las diversas formas de comunicación.

La TV siempre está ahí, hablándonos, mirándonos a los ojos, y entra en nuestra intimidad sin recato. En ella predomina la sensación de inmediatez, una manera de expresar lo que comparten hombres, mujeres, niños, adolescentes; incluir al otro, es una urgencia recurrente, difícil de lograr.

La democratización de los nuevos lenguajes y saberes debe acompañar el reconocimiento de la creatividad para producir emisiones interesantes en el medio televisual. Es necesario articular temáticas, géneros dramáticos, que respondan a la actualización tecnológica y la competencia comunicativa para dialogar con públicos diversos necesitados de compartir reflexiones sobre la sociedad contemporánea.

Mantener opciones en los canales, seguir perfeccionando la estrategia de programación, contribuirá a fortalecer el concepto de la cultura como proyecto integrador, en función del gusto estético de los televidentes. Hacer más con lo que tenemos, favorecerá la artisticidad del espectáculo mediático, habida cuenta del lugar estratégico de la TV en las dinámicas de la vida diaria de los públicos.

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Sahily Tabares

 
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