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Publicado el 21 Enero, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: contar sin intenciones evidentes

Apreciaciones sobre narrativas ficcionales que revelan valores éticos y estéticos mediante la verdad artística que es indispensable en toda puesta audiovisual, pues le otorga consistencia dramatúrgica al relato
Contar sin intenciones evidentes.

La directora Elena Palacios logró verosimilitud en una historia sugerente y emotiva.

Por SAHILY TABARES

Durante el siglo XXI el escenario mediático se ha transformado debido a la avalancha de nuevos medios y experiencias interactivas que intentan satisfacer las necesidades comunicativas, de entretenimiento. La digitalización y las nuevas prácticas de uso del medio televisual indican cambios acelerados en audiencias diversas, estas dejan de ser pasivas para convertirse en productores-consumidores de audiovisuales sin límites de narrativas, estéticas, formatos.

Actualmente, el raudo auge de la Covid-19 genera exigencias múltiples desde la recepción, las mayorías exigen información y disfrute, sobre todo pasarla bien ante la pantalla tradicional. En ninguna circunstancia puede simplificarse su capacidad de persuasión en el espacio íntimo al socializar programas e imágenes susceptibles de revelar enfrentamientos, conflictos, problemáticas disímiles.

Cautivar a los públicos es uno de los desafíos que afrontan guionistas y realizadores, sin duda la TV lidera como escenario de producción y apropiación de significados, construcciones identitarias, dentro de estos, lo educativo deviene una dimensión imprescindible, enaltecedora. Desde dicha perspectiva los valores estéticos, éticos y culturales no son contenidos por diseminar en espacios y mensajes, sino una práctica, la cual debe perdurar en cada emisión.

De manera continua los ponen en juego series estadounidenses. Por ejemplo, Chicago Med (Multivisión, lunes, miércoles, viernes, 9:32 p.m.) acentúa la lucha entre el bien y el mal, coloca en la mira cuestiones de principios, actitudes de amplias connotaciones en la búsqueda de la justicia, la salud y el bienestar social.

No escapa a la intencionalidad de sus creadores que el personaje es la fuerza motriz de la ficción. Caracterizarlo constituye un acto complejo, implica qué dice, cómo lo dice, para quién lo dice. En tanto misterio, la personalidad humana, siempre está sujeta a contratiempos.

La puesta no descubre ni expone verdades absolutas ni valoraciones objetivas e irrefutables, apenas señala áreas de sombras, falsedades. Al parecer, los integrantes del equipo de realización tratan de estimular la recepción ingeniosa para incomodar a quien se instale ante la pantalla sin el ánimo de reflexionar. Loable empeño, dominan un principio esencial: el traslado de auténticas vidas ficcionales a la TV mediante la verdad artística con elencos adecuados y una sólida estructura que le otorga consistencia al relato.

De igual modo, penetrar en la psicología del otro humano requiere imaginación, un proceso investigativo, hallazgos, observación… Lo consiguió el unitario ¿Y cómo nos quiere él?, escrito y dirigido por Elena Palacios, quien se basó en un texto de Maruja Torres. La premisa creativa tuvo en cuenta una máxima del escritor uruguayo Horacio Quiroga: “Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno”. A partir de una historia en apariencia descabellada, la realizadora logró verosimilitud (lo que impresiona por su verdad, aunque nunca haya sucedido). Supo presentar en apenas 15 minutos el enfoque personal, sincero, de un hecho significativo.

Ver, comprender, lo que ocurre a diario propicia el re-conocimiento, íntimas reflexiones. Debemos estar atentos, en el mundo lideran la banalidad, las lógicas mercantiles; urge contrarrestarlas de manera inteligente.

Imposible olvidarlo, una buena historia es una experiencia emocional llena de sentido, cuanto más perfecta es la obra, tanto más ausente de ella están las intenciones evidentes. Aprovechar el juego de los enigmas, la sugerencia polisémica, el regodeo en el romance, lo sublime del deseo, requiere pensar detenidamente en un lenguaje regulado por la coherencia y la modelización del universo real. El arte no es la vida, pero nos sirve para comprenderla en su vasta dimensión.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares