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Publicado el 19 Enero, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Creatividad sin límites

Valoraciones sobre figuras legendarias homenajeadas en la edición 36 del Festival Internacional Jazz Plaza, concebida en formato online
Creatividad sin límites.

El maestro Frank Emilio Flynn ocupa un lugar ponderado en la historia del jazz cubano. (Foto: cubamusic.org.cu).

Por SAHILY TABARES  

El desarrollo de fusiones vigorosas nutre el género procedente de Nueva Orleans. Los grandes son baluartes, sin distancias ni silencios dan fe del camino recorrido donde descuella una pléyade de músicos que dominaron los géneros populares cubanos ligados al jazz por sus raíces africanas. Ellos mantienen probada cercanía, dieron rienda suelta al talento y a la búsqueda de nuevas formas de hacer.

Emergieron nombres imprescindibles durante la edición 36 del Festival Internacional Jazz Plaza realizado vía online del 19 al 24 de enero. De ningún modo por azar brillan con luz propia los aportes de Frank Emilio Flynn, quien legó una modesta cantidad de piezas, pero de notable valor artístico, entre ellas la descarga Gandinga, mondongo y sandunga, que figura en el repertorio de jazzistas del mundo. Ha pasado a la historia como uno de los autores más representativos del latin jazz. Hizo grandes innovaciones, sobre todo en las armonizaciones de obras creadas por importantes autores del filin, muchos de ellos músicos empíricos.

Flynn decía: “No soy un compositor de propósito, sino de temas que me gusta llevar a las descargas”. Alcanzó el valor intelectual de ser un adelantado en su tiempo. Al asimilar influencias, estilos, labró la marca personal de un artista autóctono.

Creatividad sin límites.

Bobby Carcassés, Premio Nacional de Música, impresiona por su virtuosismo en cada ejecución. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Rememorar acerca el rico arsenal vigente en el panorama musical en el siglo XXI. De acuerdo con el maestro Bobby Carcassés, gestor principal del Festival de Jazz surgido en 1980: “Este género no es de minorías ni de élites, sino de pueblo”. Él logra fascinar a generaciones, con la voz busca sonoridades particulares, lo consigue mediante el scat, una de las técnicas más llamativas, consistente en imitar sonidos instrumentales (onomatopeyas) en pasajes improvisados.

Otro legado sorprendente que se revitaliza de manera sistemática pertenece al maestro Chucho Valdés, quien en 1972 fue seleccionado por varias revistas especializadas entre los cinco primeros pianistas de jazz en el mundo. Con su agrupación Irakere rompió esquemas e inició una nueva etapa en la historia del jazz cubano y el latin jazz en general. Lo distinguen un sello individual y la experimentación de conceptos orquestales que revolucionaron el panorama sonoro de nuestro país.

Poco se recuerda que el autor de piezas emblemáticas, como A romper el coco, o Mambo influenciado, integró la percusión y el piano como un todo único para producir notas musicales, frases melódicas, y así brindar especial énfasis al ritmo.

Ningún avance ocurre de la noche a la mañana, requiere estudios sistemáticos, dedicación, disciplina, procesos de intercambios, retroalimentación. Al volver sobre las huellas de Chico O´Farrill y Armando Romeu, entre otros virtuosos homenajeados en esta ocasión, descubrimos una imaginación rítmica amplia y la configuración de enfoques novedosos al concebir lenguajes propios.

Unos, otros, desplegaron la creatividad infinita del jazz. Por esto el pasado nunca será remoto, suele adquirir valores añadidos. Además de escuchar las músicas precisamos pensarlas. Sin la conjunción de teoría y práctica, informaciones, disciplinas formativas, es imposible renovar el discurso musical, hay que sumar ideas, mezclas, células matrices, memorias desbordadas e intuiciones.

Creatividad sin límites.

Las concepciones musicales de Chucho Valdés renuevan los discursos rítmicos y sonoros de la nación. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

De lo acontecido en el Festival merecen quedar registros fonográficos y audiovisuales para que cuando se cuente la historia no queden en el olvido. La sorprendente aventura inimaginable del jazz, renueva, apasiona, sugiere, nutre el pensamiento y el alma con bríos poderosos. Urge sorprender con lo bueno que nunca pasa de moda, precisamos seguir estableciendo jerarquías culturales para todos los tiempos.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares