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Publicado el 24 Enero, 2021 por Jeiddy Martinez Armas en Cultura
 
 

FIDELIO PONCE: autenticidad y gloria

El 24 de enero se cumplen 126 años del nacimiento de este creador, uno de los más significativos e innovadores de las artes plásticas cubanas
FIDELIO PONCE: autenticidad y gloria.

“Fue un alma que se inmoló temprano en el altar del Arte”, manifestó la investigadora y periodista Gina Picart. (Foto: granma.cu).

Por JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS

Puedo sentir el sufrimiento de aquellos enfermos a punto de morir, sin esperanzas, uno de ellos el propio pintor tal vez. Imágenes borrosas y figuras espectrales delante de mí, el dolor de las almas, de la suya misma, en aquella sociedad desigual.

“El verdadero surrealismo fue el de Ponce: un querer trascender la realidad, elevarse por encima de ella para cazar las cosas que ya no son cosas, para expresar los sentimientos del más allá de la muerte”, aseveró Jorge Mañach, el 27 de febrero de 1949, en la revista BOHEMIA.

El pintor de las miserias humanas –así lo nombraban– fue el autor de Tuberculosis, Los niños, Beatas, entre otras importantes obras, de colores ocres, blancos o grises.

Nombrado en realidad Alfredo Ramón Jesús de la Paz Fuentes Pons, había nacido en Camagüey, el 25 de enero de 1895, en una conservadora y tradicional familia. Desde los 20 años estudió de manera intermitente en la habanera Academia de Artes Plásticas San Alejandro, aunque no se conoce con exactitud si concluyó los estudios allí. La pasión por el arte lo empujó frecuentemente también a visitar talleres donde pintaban los maestros de la época.

Pudo asimilar la herencia de algunos autores clásicos, como El Greco, Murillo, y otros más modernos, entre ellos Modigliani, pero luego de adquirir estos conocimientos intentó buscar dentro de sí mismo la mejor manera de enfocar su creación.

FIDELIO PONCE: autenticidad y gloria.

Trazos que parecieran salir de la pintura se observan en Paisaje. (Foto: bellasartes.co.cu).

“Ponce tuvo el valor de romper, no solo en obra, sino en palabra viva, con el legado envejecido y claustrofóbico de la pintura académica europea”, expuso en su blog Hija del aire, el 23 de noviembre de 2013, la periodista e investigadora Gina Picart. Algunos críticos agregan que sus creaciones se encuentran equidistantes tanto del academicismo como del vanguardismo, que fueron modernas, pero se insertaron al mismo tiempo en la tradición.

En los años 20 emprendió un camino solitario, brindó su arte a las personas humildes, a menudo pintó en bares y tabernas; en esos tiempos su existencia estuvo matizada por el alcoholismo, la enfermedad, la pobreza y la marginalidad. Al respecto, Picart enunció: “Erraba por hoteles baratos de pueblos y ciudades, sus amigos tenían que rescatarlo de los contenes, de las esquinas de soledad, abrazado a capiteles de columnas, tirado en el arroyo. Malcomía, y la tuberculosis le persiguió casi toda su vida. Era feo, mitómano empedernido que hablaba a todo el mundo de sus continuos viajes inexistentes, de su fama universal que nunca pudo comprobar en persona, de sus amigos importantes de otros países, a quienes nunca conoció. Pintó para pagarse sus medicinas, pintó por un plato de lentejas, y para cobijar bajo un techo sus pulmones taladrados en una tarde de ciclón”.

FIDELIO PONCE: autenticidad y gloria.

La obra Los niños pudiera sugerir la humildad y el silencio. (Foto: bellasartes.co.cu).

Luego de este turbulento período reaparece en 1930 en la capital, comienza a asistir a una tertulia capitalina donde confluían René Portocarrero, Mariano Rodríguez, Jorge Arche y Arístides Fernández, entre otros importantes exponentes de las artes plásticas cubanas.

En 1934 expone por vez primera sus obras en el Lyceum habanero. Un año después alcanza el reconocimiento artístico en el Salón Nacional de 1935, con Beatas. En 1937 logra el primer premio por Los niños. Años después reafirma su estilo único con Rostros de Cristo, Mi prima Anita y Rostros.

Jorge Mañach, en las ya mencionadas páginas de BOHEMIA, resumió de manera sublime la obra de Ponce: “Como aquel loco del cuento, empeñado en pintar un sibido (sic), hubiera querido que lo impalpable, lo insensible, el puro espíritu, en una palabra, fuera la sustancia toda de su pintura. Que el arte no fuese poético porque aludiera a lo espiritual con lenguaje material, sino que la materia misma se espiritualizase, y con ella todas las imágenes. De ahí aquellos cuadros suyos tan escapados del mundo, tan fantasmales, aquellas citas de ‘aparecidos’, casi sin color y sin forma”.

FIDELIO PONCE: autenticidad y gloria.

Beatas es otra de las pinturas más premiadas y notables de Fidelio Ponce de León. (Foto: pinterest.es).

Pocos años antes de morir logró que galerías norteamericanas como el Delphic Studios, de Nueva York, y otras en Boston y Massachusetts exhibieran sus pinturas, también formó parte de múltiples exposiciones en nuestra nación, como la nombrada 300 Años de Arte de Cuba, en 1940.

El 19 de febrero de 1947 dejó este mundo Fidelio Ponce, con solo 54 años de edad. En alusión a ello, Jorge Mañach aseguró: “Este hombre creía en la sobrevida, y por tanto en la gloria y vio llegar con displicencia la muerte”.

Su energía aún se siente al mirar aquellas pinturas en el Museo Nacional de Bellas Artes, él puede ser aquel enfermo que sostiene el cráneo; o vagar tal vez su fantasma detrás de las beatas, no se ha ido aún, su arte lo salvó de la Parca.

FIDELIO PONCE: autenticidad y gloria.

Tuberculosis transmite dramatismo. (Foto: bellasartes.co.cu).


Jeiddy Martinez Armas

 
Jeiddy Martinez Armas