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Publicado el 28 Enero, 2021 por María de las Nieves Galá León en Cultura
 
 

La voz de oro del movimiento sindical

Durante décadas, Pedro Antonio Alfonso fue locutor de los más importantes eventos de la Central de Trabajadores de Cuba. BOHEMIA ofrece a sus lectores una entrevista inédita del desaparecido artista
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La voz de oro del movimiento sindical.

Durante años, Pedro Antonio Alfonso fue locutor oficial de la CTC en desfiles del Primero de Mayo, congresos obreros, y actos sindicales.

Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ

Fotos: AGUSTÍN BORREGO TORRES

Pedro Alfonso era todo un caballero, con un donaire especial. Tenía una voz extraordinaria, a tal punto, que cautivó al pianista de Pedro Vargas, el tenor de América.

“El bajista de la orquesta, le habló de mí a Alvarito, para que me escuchara. En el estudio estaban también Don Vargas y Adolfo Guzmán. Canté Noche de ronda, Solamente una vez y una tonadita que no es muy famosa. Al pianista le gustó y me felicitó. Me dijo: ‘usted se puede ir conmigo para México, allí tengo dos programas, uno en radio y otro en televisión. Vas a tener éxito. Tienes garantía de pasaje de ida…’ Le pregunté por el de regreso y respondió que no. Entonces decidí que no iba, estaba recién casado”.

Ahí no se detuvo Pedro. En la década de 1950 ganó concursos en la radio cubana -en tanto hacía otras funciones para sustentar a la familia- y fue durante años cantante del Teatro Lírico. Pero lo que marcó por completo su vida fue el trabajo en la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), en la cual llegó a conocerse como la voz de oro del movimiento sindical.

Siendo secretario general de la sección sindical de la llamada Empresa de Suministros del Estado, en 1961, fue electo delegado al congreso constitutivo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Administración Pública.

“Se dio la plenaria y yo era uno más. Recuerdo que estaba sentado en primera fila, y escuché a Jorge Lezcano, de la comisión organizadora, preocupado porque no tenían un presentador. Le dije: ‘permiso, no soy locutor; sin embargo, tengo experiencia para hablar y cantar ante el público, en radio y televisión’. Aceptó. Como vio la manera en que me desenvolví, propuso que fuera el locutor del congreso. Así fue como empecé y cada vez que tenían algún acto me llamaban”.

Lo conocí en esos andares, pues, aunque se jubiló en 1999, siguió activo durante varios años. En muchas oportunidades regalaba con su voz letras maravillosas de los más renombrados compositores nacionales y extranjeros. La última vez que demostró sus dotes de cantante fue en Cienfuegos, donde improvisó, junto a Los Novo, varias de sus canciones favoritas. Allí recibió el cerrado aplauso de un público sorprendido. Y cuando le preguntaron la edad respondió con galantería: “Nada más que 87”.

Entre la música y la locución

La voz de oro del movimiento sindical.

En Cienfuegos sorprendió al público cuando cantó junto a los reconocidos hermanos Novo.

Jamás imaginamos que esa sería la última vez que estaríamos con Pedro Alfonso. Transcurría el mes de abril de 2018, y la CTC realizaba la actividad de premiación a los periodistas ganadores del Concurso de Periodismo Primero de Mayo, que cada año convoca la organización obrera. Por fortuna, en esa oportunidad él participó en el recorrido que se organizó en el territorio cienfueguero.

Compartimos esos días junto a él y otro grupo de colegas en una agradable instalación, en las afueras de la ciudad. La hora de la comida se convertía en una verdadera tertulia. Pedro contaba anécdotas de su intensa vida, aguijoneado por las preguntas de Igor Guilarte y Toni Pradas (dos de los ganadores del certamen) y terminaba entonando una hermosa canción. Una de esas noches, decidí no ir al recorrido previsto y le propuse hacerle una entrevista. Accedió con gentileza.

Me contó de su niñez. Con orgullo repetía que nació en San Fernando de Camarones, el 22 de marzo de 1931. “Éramos una familia numerosa y mi papá, un trabajador público, con un salario miserable que apenas nos alcanzaba para comer. Nos mudamos para Cruces y poco tiempo después a Santa Clara, a fin de mejorar. Ahí pude estudiar hasta séptimo grado.

“Recuerdo que mi padre era el agente del periódico Hoy, en Las Villas. Mi hermano y yo lo vendíamos; casi nadie lo comprobaba, pero me lo leía completo. Siempre tuve gusto por la lectura.

“Una vez fue a la ciudad Fabio Grobart, fundador junto con Julio Antonio Mella y Carlos Baliño del primer Partido Comunista de Cuba. Le dijo a mi padre: ‘Alfonso, usted no puede seguir aquí con tantos hijos y tan poco salario. ¡Tiene que ir para La Habana!’. Y en 1946 nos mudamos para capital.

“A través de unas amistades de mi papá obtuve una beca en la escuela técnica que antes se nombraba José Braulio Alemán. Mi idea era estudiar radiotelegrafía. Soñaba con estar en un barco o un avión. Cuando entré a la institución me dirigí a la secretaría para solicitar el taller correspondiente. Al plantear mi interés, expusieron que la especialidad no admitía más alumnos, que ya estaba completa y solo tenían disponibles agricultura, construcción, jabonería y perfumería, y un taller relacionado con productos de alimentación.

“Entonces opté por jabonería y perfumería. Como era buen estudiante y sacaba buenas notas me pasaron de tercero para quinto. Pero empecé a portarme mal y perdí la beca. Me escapaba, iba a coger mangos por las fincas… De vuelta a casa mi mamá dijo que no podía estar mataperreando en el barrio y sugirió que fuera con mi papá. Él era secretario de un representante de la Cámara que se llamaba Juan Taquechel, destacado dirigente sindical.

La voz de oro del movimiento sindical.

Su carisma y entusiasmo contagió a la delegación asistente a la premiación del concurso Primero de Mayo, en abril de 2018.

“Allí aprendí mecanografía, tenía buena ortografía. Como empecé de ayudante no ganaba nada, pero al final del mes los trabajadores hacían una colecta y me daban 20 pesos. Ahí laboraba Pastorita Núñez. Cuando murió el conserje me dieron esa plaza. En ese entonces yo tenía 18 años y ganaba 67 pesos”.

Entre sus otros regocijos, rememoraba Pedro Alfonso, estaba el haber conocido a Lázaro Peña en 1948, cuando este participaba en la campaña electoral como candidato por los comunistas a la vicepresidencia del país, y Juan Marinello a la presidencia. “Tocaba con una banda de música de la Juventud Socialista y amenizábamos los actos donde hablaban Lázaro o Marinello. Lázaro Peña era extraordinario, un maestro, muy dueño del método para hablarle a la gente y convencerla.

“Tras el triunfo de la Revolución laboré primero en la empresa de suministros y cuando desapareció, comencé en el ministerio de Comercio Interior. En ese tránsito me entregué por completo a las actividades revolucionarias. Fui fundador de las Milicias, de los CDR y participé en ocho zafras azucareras.

“En 1967 redujeron plantillas en el ministerio y quedé fuera. Fue ahí que empecé a trabajar como funcionario en la CTC provincial. En ese tránsito salió una convocatoria en un periódico para cantante del Teatro Lírico Nacional. Yo había recibido clases de técnica vocal con Zoila Gálvez, cantante lírica. Me presenté, canté El mambí y gané la plaza. Era el año 1968. Me mantuve como locutor de la CTC sin cobrar un centavo hasta 1984, en que se autorizó por el Comité Estatal del Trabajo, porque era un cargo propio del ICRT”.

Dada su rica trayectoria, tenía muchos pasajes para contar. “Tuve el privilegio de presentar en varias ocasiones al Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, cuando las famosas plenarias, después del fracaso de la zafra de los 10 millones. Duraban tres días.

“En una de esas, un domingo, no me sentía bien pues había tenido la presión alta. Todos comían arroz frito, pero yo no podía porque a la mañana siguiente debía hacerme una placa de los riñones. En eso me ve Fidel y me pregunta por qué no he comido. Le explico la razón. Como tres o cuatro semanas después, cuando entró fue directamente hacia mí para averiguar los resultados de la prueba médica. El Comandante era único”.

Pedro Alfonso recordó también una plenaria realizada a inicios de los años 70, en la que fue el locutor, como de costumbre. Cuando comenzaron los análisis pidió la palabra y Fidel exclamó: ‘¿Pero el locutor también tiene problemas que plantear?’ Hablé de las dificultades del Teatro Lírico que por demás había sido disuelto. Al poco tiempo se armó de nuevo”.

Aquella noche de abril acabó tarde la entrevista. Habló de su querida familia; de Dolores Pacheco, con quien había compartido 61 años de matrimonio. Hasta cuando dejé de grabar siguió hilvanando recuerdos que daban fe de su memoria prodigiosa. Por supuesto, hubo tiempo para escucharle Madrigal. La melodía se esparció por el amplio pasillo de la casona. Pedro Alfonso era todo un artista, y más que su voz, tenía un corazón de oro.

*El 15 de abril de 2018, el periódico TRABAJADORES dio a conocer el fallecimiento de Pedro Alfonso, a la edad de 87 años, en La Habana.

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María de las Nieves Galá León

 
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