0
Publicado el 7 Febrero, 2021 por Jeiddy Martinez Armas en Cultura
 
 

Augusto Monterroso: Letras que muerden

Este 7 de febrero se cumplen 18 años de la muerte del trascendental narrador y ensayista, famoso internacionalmente por sus minificciones
Compartir
Agusto Monterroso

Junto a Monterroso, el personaje principal de su minicuento más famoso. (Foto: literalmagazine.com)

Por JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS

Despertó y tal vez no fue una sorpresa para él que ese animal prehistórico estuviera en el mismo lugar. Nos podemos imaginar aquella escena contada en El dinosaurio, la cual tiene múltiples interpretaciones debido a la manera en que el autor fusiona en una sola línea el universo real y el fantástico. Ese minicuento es considerado uno de los relatos más breves de la literatura hispanoamericana y mundial. Hasta un concurso literario realizado en Cuba anualmente lleva su nombre.

Nos preguntamos entonces, ¿cuáles son los datos biográficos más importantes del creador? Tito, como también lo nombraban sus amigos y familiares más allegados, vino al mundo el 21 de diciembre de 1921 en Tegucigalpa, Honduras. Hijo del guatemalteco Vicente Monterroso y de la hondureña Amelia Bonilla. Desde los 11 años abandonó por voluntad propia la escuela y se acercó de forma autodidacta a los clásicos de la literatura, los cuales le servirían de inspiración.

Vivió en su infancia tanto en Honduras como en Guatemala, pero a los15 años se mudó con su familia definitivamente a la nación originaria de su padre, alcanzando allí la mayoría de edad. Hacia 1940 comenzó a adentrarse en el ámbito de la narrativa, sus dotes de líder las usó al crear la Asociación de artistas y escritores jóvenes de Guatemala, que atrajo a “La generación del cuarenta”, a la cual pertenecieron, entre otros, Carlos Illescas y Otto Raúl González. Fue cofundador también de la revista Acento, uno de los núcleos intelectuales más inquietos políticamente de ese país. En dicha publicación y en el periódico El Imparcial publica en 1941 sus primeros cuentos, época en la que trabaja de manera clandestina para derrocar la dictadura de Jorge Ubico.

Desde 1944 se exilia en México, debido a su activismo político. Allí se las arregla para asistir todas las tardes a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y relacionarse con escritores mexicanos y de otros lugares de América Latina, pero no es hasta 1956 que comienza a residir permanentemente en la nación azteca, ejerciendo como profesor en el citado centro de altos estudios.

Obras
Agusto Monterroso

Este es uno de sus volúmenes más destacados. (Foto: Perfil de Facebook @El librero Vollard)

Su primer libro publicado fue Obras completas (y otros cuentos), en 1959. Le seguirían, entre otros, La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento perpetuo (1972), Lo demás es silencio (1978), Viaje al centro de la fábula (conversaciones, 1981), La palabra mágica (1983) y La letra e: fragmentos de un diario (1987).

Muchos académicos afirman que Augusto Monterroso cambió la manera de escribir y de leer literatura. Se puede apreciar que en su obra resaltan la economía literaria, el humor, la ironía, la reivindicación de la fábula. Retoma asimismo la tradición nacional y revitaliza la intertextualidad en lengua castellana. No fue parte del boom, aunque se subió a la ola experimental en solitario, es así que en sus textos los géneros son convenciones traspasables.

Con el emblemático personaje de Eduardo Torres presente en su novela Lo demás es silencio, el autor construye una autobiografía ficticia de sí mismo, con agudeza, sentido del humor y originalidad. En otro de sus libros: La palabra mágica (1993) inicia la costumbre de incluir en sus escritos misceláneas sobre la vida de los autores que admira, como Horacio Quiroga, Ernesto Cardenal, Miguel Ángel Asturias, William Shakespeare, Charles Lamb o Jorge Luis Borges.

De los textos de Monterroso ha dicho Isaac Asimov que son en apariencia inofensivos, muerden si uno se acerca a ellos sin la debida cautela y dejan cicatrices, y por eso resultan provechosos. Por su parte, Karl Steineck crítico y periodista cultural sueco expresó sobre La oveja negra y otras fábulas: “El que piense leer solo un libro en la vida asegúrese que sea ese libro”. No es de extrañar esta recomendación, pues aquí Monterroso hace reflexionar con pequeñas narraciones –en las que la mayoría de los protagonistas son animales– sobre la propia existencia humana.

Cuando un talento tan inmenso se desborda a través de las letras no tardan en llegar los reconocimientos. En 1993 lo nombraron miembro de la Academia Guatemalteca de la Lengua Española. En 1996 la Universidad de San Carlos de Guatemala le otorgó el título honorífico Doctor Honoris Causa. Ese mismo año recibió el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. En 1997, obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Guatemala, por la trascendencia de su obra en todo el mundo, y en 2000 el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en su vigésima edición.

La vigencia literaria de Monterroso se consolida por la lealtad de sus lectores en todo el mundo. Cumpliría 100 años el próximo diciembre, si el 7 de febrero de 2003 no hubiese fallecido en la capital mexicana por causa de un paro cardíaco. Sus libros no envejecen, continúan dialogando sobre quiénes somos, nuestros ángeles y demonios, esa es la universalidad que siempre tendrán; lo supo bien Tito, quien para escribir ponía una parte de sí mismo, dejaba su alma en las letras.

Compartir

Jeiddy Martinez Armas

 
Jeiddy Martinez Armas