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Publicado el 6 Febrero, 2021 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

Música

María Teresa Vera: Extraordinario paradigma de mujer creadora

Cuando se conmemora el aniversario 126 del natalicio de una de las más sobresalientes artistas cubanas, BOHEMIA recuerda su presencia y valía para la cultura nacional
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María Teresa Vera

En el dúo con Lorenzo Hierrezuelo interpretó diversos temas de varios géneros. (Foto: tomada de Internet)

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Distinguida y lozana ha perdurado en el tiempo la canción Veinte años, una de las composiciones más hermosas del repertorio tradicional en la mayor de las Antillas. Ni enamorados ni bardos han conseguido desprenderse del acento inconfundible de quien la inmortalizara hace más de medio siglo: la cantante, guitarrista y compositora María Teresa Vera.

Acerca de la peculiar cadencia de su voz, el cantautor Silvio Rodríguez referiría en cierta ocasión al periodista y ensayista Jorge Calderón. “era sin vibrato, seca; tocaba las notas y solo se prolongaba para glisar de un tono a otro, lo cual le imprimía una gracia, o más bien un carácter, muy singular. Su emisión era aparentemente descuidada, natural, popular; incluso a veces se le rajaba la voz, pero sin desafinar”.

Nacida el 6 de febrero de 1895, en Guanajay, actual municipio de la provincia de Artemisa, esta notable artista, descendiente de esclavos y de un exmilitar español repatriado, se crio al abrigo de una madre sirvienta; desde muy temprano sus inquietudes artísticas despuntaron de manera apreciable y ella comenzaría a insertarse en los ambientes trovadorescos.

Fue en esos espacios que el ya popular Manuel Corona, consciente del talento de la joven, la instó a aprender guitarra. Y no erró en la sugerencia, María Teresa Vera solo tenía 16 años de edad cuando, un tiempo más tarde, debutaba con éxito en el teatro de la Manzana de Gómez, a dúo con Rafael Zequeira, quien la acompañaría en los trajines musicales hasta su deceso en 1924.

Estilo y armonía

Casi en los remates de la primera década del siglo, el dueto degustaría las mieles de la gloria en Nueva York y, poco después, la casa discográfica RCA Víctor los contrataría. En apenas dos lustros, la artista, junto con el propio Zequeira, Corona e Higinio Rodríguez, grabó cerca de 200 obras.

Sin duda, esta mujer trascendió su época más allá de estilos y armonías. Guio su intuición y preferencia por la música sin atender prejuicios y convencionalismos. A fuerza de empeño, la estirpe vanguardista se impuso; y logró ser aceptada y reconocida como artista de relieve excepcional en una sociedad clasista y por antonomasia, machista.

María Teresa Vera

En su momento el Sexteto Occidental marcó pautas. (Foto: cubadebate.cu)

Tras la pérdida física de Rafael Zequeira, fundó en 1926 el Sexteto Occidente, formato musical muy en boga entre principios y mediados del siglo XX, y con el cual se convirtió en una de las pocas féminas –si no la primera– en apostar por este tipo de emprendimientos. Allí se rodeó de figuras talentosas como Ignacio Piñeiro (contrabajo), Miguel García (segunda voz), Manolo Reynoso (bongó), Julio Viart (tres) y Francisco Sánchez (coro y maracas); grabó diversos fonogramas y volvió a viajar a los Estados Unidos.

Según algunas fuentes, Vera se apartó de los escenarios y de la propia agrupación por razones personales; otras, menos conservadoras, aseguran que su devoción por la religión afrocubana incidió tajantemente en la decisión. Sea cual fueren las razones, la interrupción duró casi una década hasta que integró un nuevo dúo de leyenda junto a Lorenzo Hierrezuelo, muy popular y seguido.

Boleros, sones, guarachas…

A pasiones encontradas, amores fatídicos y desencuentros, cantó esta mujer. Sin perder jamás su línea estilística interpretó boleros, sones, guarachas, rumbas, bambucos y habaneras. Quién no recuerda declaraciones como: “Si las cosas que uno quiere/ se pudieran alcanzar,/ tú me quisieras lo mismo que 20 años atrás”.

Tampoco es posible borrar la escena aciaga, e incluso macabra, del bolero Boda negra, cuando dice: “y allá en la triste habitación sombría/ de un cirio fúnebre a la llama incierta/ saltó a su lado la osamenta fría/ y celebró sus bodas con la muerta”; o el lirismo y la rítmica que perviven en los versos del compositor espirituano Rafael Gómez Mayea: “Pensamiento/ dile a Fragancia/ que yo la quiero/ que no la puedo olvidar/ que ella vive en mi alma/ anda y dile así/ dile que pienso en ella/ aunque no piense en mí”.

Si bien se dice que no compuso muchas canciones, su repertorio conocido alcanzó más de mil, gracias a los lazos de amistad que trabó con prestigiosos compositores como Manuel Corona, Rosendo Ruiz, Patricio Ballagas, Graciano Gómez, Jorge Ankermann y Manuel Limonta.

Durante los primeros años de la Revolución, trabajó intensamente desde la radio, para difundir el cancionero popular y tradicional de la Isla, y mantuvo cierta presencia en eventos nacionales sobre dicha temática hasta 1962, momento en que, por enfermedad, se apartó de modo definitivo del panorama sonoro antillano. Tres años más tarde, un 17 de diciembre, fallecía en La Habana este extraordinario paradigma de mujer creadora.

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Roxana Rodríguez

 
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