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Publicado el 26 Febrero, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

MÚSICA

“Me satisface enriquecer la cultura del pueblo”

En exclusiva con BOHEMIA, Huberal Herrera comparte saberes y vivencias en vísperas del aniversario 92 de su nacimiento
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“Me satisface enriquecer la cultura del pueblo”.

Huberal Herrera ha creado obras corales, para piano, voz y piano, y alguna música de cámara.

Por SAHILY TABARES

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Hay que escucharlo con detenimiento. Él es una fuente viva de sonidos, ritmos. Las manos en el teclado devienen surtidoras de esencias imperecederas que nacen desde lo cubano y lo universal. Vital, concentrado, estudia todos los días sin reparar en la solidez de una carrera fructífera, la cual cultiva hace más de seis decenios.

Huberal Herrera (Mayarí, Holguín, 1929) entrega su sapiencia apenas conocida, o quizá no tanto como lo merece. No basta investigar en profundidad la obra interpretativa de este artista. La conversación propicia conocer el camino andado, los propósitos que lo animan, la pasión continua por lograr un estilo en nuestro país pródigo en excelentes pianistas.

“Toco sin nasobuco para dialogar con el instrumento de manera más directa”, dice. Estamos a poco más de un metro de distancia del prestigioso artista, quien demuestra euforia, pues en 2020 recibió el Premio Nacional de Música y el de la Uneac por la obra de la vida.

Imposible detallar la riqueza de un currículum que revela la sólida cultura de este hombre sencillo, afable, virtuoso, que estudió Derecho, cursos superiores de música. En la interpretación tiene el mérito de ofrecer primeras audiciones en Cuba, y otras naciones, sobre algunas piezas de compositores universales, entre ellos Rachmaninov, Kodály y Joaquín Rodrigo.

“Me satisface enriquecer la cultura del pueblo”.

Cautiva la intensidad y la riqueza de su pianismo.

Al hablar despacio comparte el entusiasmo habitual. Le congratula ser fundador de la Uneac, “organización de vanguardia que en junio cumplirá 60 años. También festejaremos el discurso de Fidel conocido como Palabras a los intelectuales, el cual definió una política cultural fortalecida continuamente por los intelectuales, artistas y la sociedad cubana”.

Queda pensativo, enseguida agrega: “Sabes, soy un poco raro. He tratado de tocar las obras menos conocidas, sacar a la luz partituras en apariencia perdidas en el tiempo, que constituyen verdaderos tesoros. Me satisface enriquecer la cultura del pueblo. Disfruto el cariño, la preocupación demostrados por directivos y colegas en el Centro Nacional de Música de Concierto al cual pertenezco. Por la pandemia disminuyeron las presentaciones en vivo, sin embargo, recibo mi salario. ¿Cómo se siente, maestro?, me preguntan a diario, no creo que solo sea porque vivo en Los Sitios, del municipio Centro Habana, donde aumentaron los contagiados por la pandemia. Es una manera cotidiana de mantener la cercanía que tanta falta hace”.

Desandar largos trechos

Huberal volvió al piano para recrear la hermosa pieza Zapateo y guajira, de Ernesto Lecuona. Ha consagrado gran parte de la vida al estudio, ejecución, difusión de ese creador. Fue una especie de preámbulo antes de comentar: “Me impresiona su sinceridad, la manera espontánea de profundizar en lo nuestro. Las piezas de Lecuona son herederas de la tradición pianística cubana, incorporan de manera orgánica las grandes realizaciones del pianismo romántico universal y las corrientes avanzadas de la composición para ese instrumento propias de las primeras décadas del siglo XX”.

Sonríe, y precisa: “De igual modo Chopin es uno de mis preferidos. Desde la niñez me identifico con él. La escuela pianística de Cuba es muy buena, pero falta un mayor conocimiento de los grandes compositores: Laureano Fuentes, Espadero, la lista no es corta. Lo desconocido de ningún modo puede gustar. Tenemos que nutrir los universos cognoscitivos de las personas. Sobre todo grabar más. Aunque tengo dos premios Cubadisco, no he logrado hacer un fonograma en mi país. Ha quedado pendiente, me ilusiona alcanzar este sueño. Casi logro perpetuar la música de Hubert de Blanck, y no fue posible”.

“Me satisface enriquecer la cultura del pueblo”.

Lo emocionaron los premios recibidos en fechas recientes.

Desde su primer recital, el 4 de noviembre de 1954, auspiciado por la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, ha recorrido medio mundo. Lo aplaudieron en salas importantes de más de 20 países, entre ellos Estados Unidos, Bulgaria, México, Argentina.

¿Al piano conoce todos sus secretos?, indago. Asiente al momento de expresar: “Así es. Estudiar, estudiar, estudiar, incluso en las noches y durante los días de largos apagones. No existe otra manera de perfeccionar la técnica, aguzar el oído, conocer lo valioso”.

Recuerda que es artista fundador del Consejo Nacional de Cultura, cuando en 1961 la Revolución organizó el primer grupo de intérpretes cubanos en el Frente de Arte Combativo para llevar esparcimiento, cultura, a las trincheras de soldados y oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Actuó con todas las orquestas sinfónicas del país y junto a directores internacionales.

Sin retirar las manos del teclado, añade: “Próximamente cumpliré 92 años, todavía hago planes. Me gusta la presencia de los jóvenes empeñados en saber. Yo mismo aprendo a diario de los compañeros con quienes compartí jurados y de expertos en universidades de Nueva York y otras naciones. Participé en el Festival Sonido de las Américas: Cuba, organizado por la American Composer Orchestra, y en la décima edición del Concerti de Primaestre 2001, celebrado en Palermo, Sicilia. Las vivencias ayudan a ser mejor profesional. Toda la música no se puede conquistar, necesitaría cuatro o cinco vidas para intentarlo, sí, apenas intentarlo”.

“Me satisface enriquecer la cultura del pueblo”.

Cautiva la intensidad y la riqueza de su pianismo.

Opiniones sobre su obra

“Es un pianista brillante, poseedor de un hermoso sonido como los grandes virtuosos de ese instrumento. Interpreta la música cubana como siempre quisiéramos escuchar” (Maestro Gonzalo Roig).

“Logra verdaderas realizaciones en la interpretación de las mazurcas de Chopin” (Katia Kazandieva, Bulgaria).

“Tocó un Liszt (Concierto No.1) como solamente los húngaros suelen hacerlo” (Janos Sandor, Hungría).

 

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