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Publicado el 18 Febrero, 2021 por Jeiddy Martinez Armas en Cultura
 
 

Una praxis necesaria

El Observatorio Cubano del Libro y la Lectura aporta análisis y evaluaciones, pero también promoción literaria; la impronta de la Covid-19 ha llevado a sus especialistas a utilizar en mayor medida las redes sociales
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Una praxis necesaria.

Las imágenes llamativas y frases directas influyen en la aceptación de los mensajes que se desean transmitir. (Foto: @Observatoriodellibro).

Por JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS

Disfrutar un buen texto puede abrir mundos paralelos, sanar heridas, servir de compañía; motivarnos igualmente a reflexionar y viajar a cualquier parte. Tocar sus páginas, olerlo y ojearlo continúan siendo actos sagrados, a pesar de la irrupción de las nuevas tecnologías.

En nuestra nación se le ha dado prioridad a crear conciencia sobre la importancia de leer, esto conlleva un conocimiento previo en torno a la presencia de ese hábito en la sociedad. Con la fundación del Observatorio Cubano del Libro y la Lectura (OCLL), el 1º de septiembre de 2008, se dotó al Instituto Cubano del Libro de una estructura dedicada a las investigaciones acerca de la industria literaria.

Enrique Pérez Díaz, su director –también un reconocido escritor, periodista, crítico y editor–, en entrevista exclusiva concedida a BOHEMIA abordó el trabajo que han llevado a cabo durante la actual pandemia, así como indagaciones realizadas por esa dependencia en los últimos años.

Una praxis necesaria.

“No se puede enfocar la lectura como una obligación o un castigo, sino más bien como una posibilidad de diversión, deleite, libertad de elección”, expresa el reconocido narrador. (Foto: cubaperiodistas.cu).

-¿Han aumentado o disminuido los lectores en estos meses?

-A nivel mundial, se ha supuesto que puede haberse leído más, sobre todo por determinados índices de venta de algunas librerías o distribuidores; entre nosotros, dichos indicadores económicos mostrarían lo contrario si solo nos lleváramos por ellos y por el concepto excluyente de la lectura literaria como la fuente más valiosa (o única), y no por la concepción moderna en la cual todo lo que se lea, desde una valla, un anuncio, un post, un mensaje, los diarios, las redes, o un libro forman parte de ese hábito.

-¿En esta época de confinamiento, de qué manera han usado el escenario virtual para incentivar la lectura?

-Las redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram han sido muy importantes, nos dieron otra dimensión del trabajo, en vivo, más acorde con estos tiempos y cercana a los intereses y el lenguaje de las personas. Por eso, además de diversos retos literarios, encuestas online, etcétera, hicimos una campaña con los ilustradores cubanos que se apoyó en una etiqueta del Centro Regional para el Fomento del Libro y la Lectura en América Latina y el Caribe (Cerlalc): #QuédateEnCasaYLee, y en la de nuestra feria anual: #LeerEsCrecer. Asimismo, este año hemos revivido febrero con la consigna Leyendo con amor, se lee mucho mejor. Esto ha generado muchos seguidores y personas que se han sumado voluntariamente a apoyarnos con sus ilustraciones y mensajes.

Una praxis necesaria.

Una de las obras del ilustrador Albertho Díaz de León fue usada en las promociones del mes de febrero. (Foto: @Observatoriodellibro).

-¿Resultados de investigaciones efectuadas en los últimos años?

-En un estudio de público que hicimos hace tres veranos, sobre el empleo del tiempo libre, se demostró que en Cuba la lectura se considera un valor, incluso personas que apenas tienen este hábito lo creen así. Eso habla de que, en el país, después de la alfabetiza-ción y de otras grandes campañas por la educación y la cultura, esa práctica se aprecia como necesaria para el desarrollo de los ciudadanos.

“Durante cada Feria Internacional del Libro de La Habana hacemos varias encuestas, la de Cubadigital, que coauspiciamos junto a Cubaliteraria, es la que se acerca mejor a los intereses que buscamos medir en los lectores. En tres años consecutivos, ha arrojado similares resultados respecto a que no existe gran contradicción entre las formas de leer, si bien los jóvenes defienden hacerlo en formato digital porque les permite acceder muchas veces de manera gratuita a enormes bibliotecas online y escoger; igualmente dan atención al libro impreso por su valor tácito tradicional”.

Una praxis necesaria.El OCLL suministra a los Centros Provinciales del Libro y la Literatura guías de lectura, referencias, boletines, e informaciones publicadas en las redes sociales. También confecciona el Mapa lector de Cuba y edita anualmente un Resumen Estadístico de la producción editorial de la nación. Además, junto con la Biblioteca Nacional José Martí, coordina el Programa Nacional por la Lectura. A la par, sostiene relaciones de cooperación con observatorios o centros de políticas culturales de otros países, especialmente con el Cerlalc.

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Jeiddy Martinez Armas

 
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