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Publicado el 24 Marzo, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Antorcha de la pasión

Antorcha de la pasión

Junto al Comandante en Jefe Fidel Castro, Alfredo Guevara (izquierda) y Santiago Álvarez, figuras ilustres del Icaic. (Foto: Cortesía del Icaic).

Por SAHILY TABARES

El 24 de marzo de 1959, a tres meses del triunfo revolucionario, se funda el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, donde han liderado mucho más que el séptimo arte, el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic, la promoción de una nueva estética en el cartel cinematográfico, la creación de la Cinemateca y los Festivales de Cine.

Los organizadores pensaron desde su génesis en un hecho cultural abarcador de varias manifestaciones artísticas, en una identidad basada en la cubanía y en la responsabilidad moral, intelectual, transformadora del acontecer que asumieron.

Alfredo Guevara, fundador y primer presidente del Icaic, tuvo desde el inicio el apoyo del Comandante en Jefe Fidel Castro, quien aportó su lucidez, defendió el cine por la virtud de sus características como un instrumento formativo de opinión y conciencias que podía hacer más profundo, diáfano, el espíritu revolucionario.

En opinión de Guevara, intelectual de recia personalidad y vasta cultura: “Un filme es visto por millones y millones de espectadores, y no son pocas las veces en que cientos de millones entran en comunión con la verdad o falsedad de un mensaje, con la poesía y el drama de su desarrollo”.

De este, y otros procesos, deja constancia la TV cubana en los programas Historia del Cine (lunes, CV 10:45 p.m.), De cierta manera (jueves, 9:00 p.m.) y Te invito al cine (viernes, 9:00 p.m.), ambos en el Canal Educativo. En ellos se ha mostrado el quehacer y el estilo de guionistas, directores de fotografía, realizadores, actores, actrices… una pléyade de creadores inspirados en temáticas, conflictos, circunstancias, ideas, pensamientos renovadores.

Lo testimonió el ciclo de obras dedicado a Santiago Álvarez, transmitido en fecha reciente por el canal Multivisión. Uno de los asuntos motivadores que concibió el cineasta fue la experimentación visual desarrollada por él en el Noticiero Icaic Latinoamericano. Recurría de manera subversiva a cualquier recurso expresivo, introdujo lo que tiempo después ha estado en boga: el falso documental. Sin duda, logró un verdadero cine de masas, reconocido como patrimonio audiovisual de la humanidad.

En cada realización Santiago demostró un extraordinario poder de síntesis que hacía más efectiva la comunicación política. Con el fin de profundizar en la información, siempre y cuando el tema lo ameritara, algunas de las emisiones eran monotemáticas, concebidas a partir de una dramaturgia del documental. Varios de sus noticieros vigorizaron este género, entre ellos, Ciclón, Muerte al invasor y Now.

Los preceptos de un cine artístico, nacional, inconforme, estimulado por el Icaic, brinda nuevos bríos al quehacer de figuras notables, provocadoras, de larga y sostenida permanencia en la memoria popular. Las puestas y los juicios de Tomás Gutiérrez Alea, Titón, son elocuentes en este sentido. Su humor, por momentos ácido, hiriente, nunca dejó de ser esperanzador. Su filmografía fue consecuente con sus ideas, sabía escoger aquellos aspectos que, en íntima relación unos con otros, ofrecían una imagen significativa de la realidad que le sirvió de punto de partida y de llegada. Memorias del subdesarrollo, La última cena, Fresa y Chocolate, Guantanamera, devienen ejemplos fehacientes.

La TV cubana visibiliza el lenguaje cinematográfico cultivado por hombres y mujeres de la institución que mantiene el espíritu de integrar esfuerzos diversos, enciende todos los días la antorcha de la pasión al consolidar las formaciones teórica y práctica. Es evidente que, dada la complejidad tecnológica y la cuantía de las inversiones necesarias, solo una revolución podía hacer posible un movimiento capaz de insertarse en los procesos forjadores de la nación. Atestiguarlo ha propiciado que el Icaic conciba y lleve a las pantallas filmes, documentales, animados de significación artística, armas de afirmación y combate que forman parte de nuestra historia patria.


Sahily Tabares

 
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