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Publicado el 24 Marzo, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Cultura
 
 

Canciones perpetuas

En su honor, el ICRT creó el concurso que lleva su nombre, y Beatriz Márquez conquistó el Gran Premio CUBADISCO 2018 con el fonograma Libre de Pecado, maravillosa ofrenda a Guzmán, autor de ésa y tantas canciones perpetuas. (cubarte.cult.cu)

Por María Victoria Valdés Rodda

“Es nuestro amor inmenso, es como cielo y mar, sé que tú siempre fuiste bondad, sólo bondad”. Esto le decía mi padre a mamá cada vez que celebraron años de casado a partir de 1963. Versos que no eran de su autoría porque pertenecen a la canción “Te espero en la eternidad” de Adolfo Guzmán, pero como papá no sabía cantar en lo más mínimo, solía recitarlas, eso sí con vehemencia entre teatralidad cómica y enamoramiento real.

De manera que esta pieza emblemática del cancionero cubano tiene para mí significación especial. Por eso el día que la escuché de parte de la Academia de Canto Mariana de Gonitch en una actividad del ICAP, al terminar la función me acerqué, algo cortada, aunque decidida, al director de la agrupación coral, el tenor Hugo Oslé Baraquiso con la necesidad de expresarle mi emoción por la divina interpretación de sus músicos y también apremiada emocionalmente por compartir la anécdota familiar.

A partir de ese momento el maestro Oslé y esta reportera celebramos la amistad al amparo de la buena música y los hondos recuerdos. Por intermedio de estos últimos el prestigioso músico me ha abierto más de una vez escenas de su pasado profesional. Por ejemplo, aquel relacionado con su incursión en el Programa televisivo de alta audiencia “Álbum de Cuba”, conducido por Esther Borja quien se dejaba guiar por la sabía dramaturgia creada precisamente por un polifacético Guzmán.

Espacio una vez a la semana “después del noticiero en el Canal 6. Hasta inicios de los años ochenta Álbum de Cuba fue el último reducto de la canción lírica cubana”, según consideraciones del intelectual y poeta, Sigfredo Ariel, publicadas en La Jiribilla, en junio de 2018. La Borja veía en Guzmán un acompañante de lujo y un arreglista fabuloso. Se ufanaba de ser una de las intérpretes favoritas de sus composiciones. Para ella fue un amigo y no únicamente “el director”.

En esas circunstancias lo conoció Hugo Oslé. Y ese roce influyó mucho en su carrera musical. Incluso interpretó la mentada canción allá por 1980 acompañado por la Orquesta del ICRT, conducida ni más ni menos que por el propio Maestro. “Esta experiencia es una de las más fuertes de mi vida porque fue un director muy riguroso y exigente. Cuentan que un día en el Teatro Amadeo Roldán, un pianista francés tocaba una obra muy difícil. De pronto Guzmán, que tenía un oído absoluto, perfecto, dice: Ese piano esta desafinado. Al terminar el concierto, probó que efectivamente tenía dos o tres notas desafinadas. Así era, yo lo sé, pero al mismo tiempo era muy humano, dispuesto a enseñar”, me reiteró Oslé.

Ahora, cuando falta poco para que finalicen las actividades por su Centenario (nació el 13 de mayo de 1920 y murió aun joven con 56 años, el 30 de julio de 1976), el tenor holguinero me contactó telefónicamente para contarme que “tendrá el gusto de ser el director artístico del Gran Concierto Homenaje al ilustre compositor cubano. Dicho espectáculo se estrenará el próximo abril a través de los medios audiovisuales”.

Hugo me confirmó que su compañía Mariana de Gonitch estará presente, sin embargo, aprovechó mi condición de reportera para darme la información completa, con el compromiso de hacerla pública: “Talentosos jóvenes solistas del Centro Musical que lleva el nombre del maestro Guzmán y que han desarrollado un riguroso trabajo estilístico y de interpretación acompañados por el laureado pianista Elías Fayat llevarán adelante también este proyecto. Te puedo mencionar a Heydi Chapman, a Daniel Enrique a Carlos Vargas y a Bárbara Jané, solistas de excelencia. Entre las piezas a cantarse estarán “Profecía”, “No puedo ser feliz”, “Al fin amor” y por supuesto nuestra “Te espero en la eternidad” que “vivirás” de nuevo mediante las cuerdas vocales de Carlos Vargas, un treintañero de mucha expresividad y bellísimo timbre”.

adolfo-guzman

Con sólo ocho años comenzó los estudios de piano, y desde entonces jamás lo dejó. Acompañó a populares voces del continente, entre estos Libertad Lamarque, Jorge Negrete, Ignacio Villa (Bola de Nieve), Esther Borja y Frank Emilio Flynn. (cadenahabana.icrt.cu)

“La preparación del concierto en línea Guzmán Vive previsto para el 25 de marzo -tendrá su lanzamiento por el canal de YouTube del Ministerio de Cultura, el venidero 10 de abril. Y déjate sorprender Mary- me dijo Oslé- la danza también lucirá sus galas mediante el arte depurado y sutil de dos agrupaciones: Danzalé y Okantomí. La primera tendrá a su cargo un montaje coreográfico de la pieza “Profecía”, mientras que la segunda, abrirá la Gala, guiada por la voz de otro grande, Bola de Nieves, quien inmortalizó “No puedo ser feliz”.

Por otra parte, me informó, y por ende a los lectores de Bohemia, que su gente, de la Academia de canto Mariana de Gonitch, se dedicarán en cuerpo y alma- como siempre hacen- a interpretar esa misma canción: “No puedo ser feliz”. Y será ese el final, uno de lujo, broche de oro de un nuevo homenaje cuya “intención siempre es la de mantener la huella imperecedera de la obra del maestro de maestros”, tal y como aseguró a la prensa nacional, Joaquín M. Avilés Jardines, director del Centro Provincial de la Música Adolfo Guzmám (cita reproducida en sitios online consultados).

A raíz del telefonazo de Hugo Oslé no solo evoqué el romanticismo paterno, sino que volví a la Bohemia digital del 13 de mayo de 2020. Ese día mi compañera de trabajo, Sahily Tabares, publicó el enjundioso texto “Adolfo Guzmán: Desvelos perpetuos”.

En exclusiva el doctor José Loyola, flautista, compositor, director de la orquesta Charanga de Oro, aseguró que: “La amplitud de su obra (de Adolfo Guzmán- precisión de esta reportera-) abarca todo el universo sonoro. Al escucharla y analizarla, en la esfera de la canción descubrimos la modernidad melódica y armónica de las piezas. También lo evidencian compositores del filin: César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Marta Valdés, por solo mencionar algunos. Pero Guzmán fue más allá, incorporó esa modernidad a sus piezas con un corte estilístico lírico, es decir, integra la modernidad filinesca a la canción lírica. A esto debemos añadir la capacidad de su sólido taller de orquestación, el dominio de los grandes ensambles instrumentales, el jazz band, la banda de concierto o la orquesta sinfónica, la Gran Orquesta de la Radio y la Televisión que muestran el oficio depurado y abarcador. En su producción existe una unidad interactiva entre la composición y el arte orquestal”.

Y sí, todos son elementos expresivos presentes en la creación de Adolfo Guzmán, pero también lo son sus sentimientos, sin los que ningún creador puede alcanzar la eternidad, porque junto con el lenguaje musical, la buena y hermosa canción se levanta sobre el puntal sonoro y lanza como trofeo el lenguaje hablado. Y de nada vale que hoy en día la banalidad de muchos autores de “moda” intente quitarle el cetro.

La buena y hermosa canción siempre encuentra el camino, ese que traduce la pasión, la fidelidad o el enamoramiento de mera emoción común a testimonio vivo individual, como aquel de papá cada aniversario de bodas, identificado en palabras sencillas pero sinceras: “Es nuestro amor inmenso, es como cielo y mar, sé que tú siempre fuiste bondad, sólo bondad”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda