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Publicado el 8 Marzo, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

LIBROS

Grato de leer, difícil de olvidar

Un valioso relato coral propicia conocer la vida de Celia Sánchez Manduley, combatiente indómita y heroína de múltiples batallas

Por SAHILY TABARES   Fotocopia: LEYVA BENÍTEZ

Para que perduren en el tiempo se han recogido vivencias, sentimientos y batallas de una revolucionaria ejemplar./ Leyva Benítez

Para que perduren en el tiempo se han recogido vivencias, sentimientos y batallas de una revolucionaria ejemplar.

Llave maestra del pensar, la palabra abre vías múltiples de acceso a los saberes siempre sometidos a los cambios que acompañan nuestra existencia. Lo ilustra de manera fehaciente el volumen Celia mi mejor regalo (Casa Editorial Verde Olivo), de Eugenia Palomares Ferrales, quien acude a disímiles testimonios, fotos, documentos y mapas para revelar el itinerario de una mujer sensible, humanitaria, comprometida con la Patria y la Revolución Cubana.

La autora vivió junto a Celia Sánchez Manduley, quien fue su madrina de bautizo en la Sierra Maestra y la madre de crianza en La Habana. Desde esta experiencia, mediante una rigurosa investigación histórica, realiza ubicaciones temporales de hechos y acontecimientos, en los cuales la heroína fue luchadora clandestina, guerrillera, más tarde dirigente política y administrativa.

Los 12 capítulos del libro de 330 páginas revelan los sentimientos de Eugenia, hija del mártir Pastor Palomares, sus añoranzas, recuerdos, intimidades. De ningún modo el relato coral es complaciente, indaga en la savia nutricia crecida durante la permanente problematización de la realidad, tiene la capacidad de establecer diálogos entre la experiencia concreta y la rica imaginación de una autora inmersa en circunstancias difíciles.

Ella fue, como otros muchos niños, niñas, adolescentes, acogida por la indómita guerrillera, recibió su cariño maternal, devino sujeto de una historia intensa liderada por vivencias significativas. Según describe: “Tendría siete años cuando tuve conciencia de haber escuchado por primera vez el nombre de Celia en boca de mi abuelito. Su figura estaba presente en mi casa y en toda la zona de El Naranjo”. En otro momento relata: “Quizás mi origen fue el nexo más fuerte entre mi madrina y yo.  Siempre he pensado que la niña serrana que llegó aquella tarde a su casa atesoraba el secreto de recordarle cada minuto el trinar de aves y el canto de los insectos, el aroma de la mariposa, de la caoba y el cedro; los trillos, ríos y arroyuelos del lomerío donde había vivido los momentos más felices de su vida y compartido con los más bravos guerrilleros”.

La comunicación en el libro se logra en virtud del lenguaje, que no es solo la palabra seleccionada, sino el tono, las inflexiones, la sintaxis del discurso narrativo, el audaz punto de vista. De hecho, queda la memoria articulada y lo que se dice, cómo se dice, ofrece una total autenticidad, diálogos y reencuentros propician comprender en su justa dimensión la modestia, la lealtad, la confianza en Fidel que denota el sentido de la existencia de Celia Sánchez Manduley.

Según ha reconocido la poeta Fina García Marruz: “Leer no es solo aprender o conocer. Leer es compartir”. De esto es consciente la autora del volumen, quien sugiere, muestra, construye, nos acerca a los mundos de Celia, una mujer exquisita. Le debemos la majestuosidad del Parque Lenin, del Palacio de Convenciones, el Palacio José Martí en Tarará y la formulación definitiva de la ley sobre la creación del Gran Parque Nacional Sierra Maestra. El talento, la disciplina, la lucha por las causas justas, su empuje valeroso, impulsaron estas construcciones, entre otras de valor social y cultural.

Grato de leer, difícil de olvidar es este volumen, en el que lideran hazañas, sueños, esperanzas y la tenacidad de cubanos y cubanas forjadores de la historia nacional.


Sahily Tabares

 
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