1
Publicado el 8 Marzo, 2021 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

ARTES VISUALES

Pinceladas sobre un virtuoso pertinaz

En el cumpleaños 90 de un notable humorista gráfico cubano, BOHEMIA recorre algunos pasajes de su vida y obra como muestra de afecto, deferencia y agradecimiento
Francisco-Blanco

Fundador de la Unión de Periodistas de Cuba, la Uneac y la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, Blanquito recibió la Distinción por la Cultura Nacional. (Foto: juventudrebelde.cu)

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

“Una imagen vale más que mil palabras” es la máxima que ha refrendado un hombre para quien las líneas, las formas, el humor y sus matices han sido –y son– razón de ser, esencia en la creación a partir de la complejidad de signos, iconos, símbolos e interrelaciones que propone la caricatura como expresión visual, gráfica y lingüística.

Francisco Pascasio Blanco Ávila, para todos Blanco o llanamente, Blanquito (La Habana, 1930), no requiere una extensa carta de presentación para conocerlo de verdad. Solo basta advertir el trazo sólido y consistente del caricaturista, historietista y periodista cubano, para distinguir su espíritu cuestionador y reflexivo.

Con impresionante economía de palabras, casi siempre agudas y corrosivas, mueve molinos; desaprueba, cuestiona, critica ahí donde las deficiencias, los vicios, los errores individuales y/o colectivos hacen ola e intentan la debacle que descalifica a nuestra sociedad.

Blanquito ha gozado de una gracia que pocos logran acariciar: una larga vida profesional y personal. Empezó bastante joven a guerrear en las lides de la gráfica, pues solo tenía 18 años cuando la prensa publicó sus primeros cartones deportivos. Era agosto de 1948.

En aquel momento era aprendiz de linotipia en el taller donde se imprimía la revista Fotos y el director de esta se percató de las cualidades para el dibujo que él tenía, reveló en BOHEMIA un trabajo de la periodista Sahily Tabares.

Ese fue el despegue para emprender un prolífico y exitoso camino en el universo periodístico, que abarca hasta el actual siglo y tomó aún más fuerza tras el triunfo de la Revolución, al tributar con asiduidad tiras sobre deporte a la Agencia Prensa Latina y la revista LPV, línea que cultivó en diferentes etapas de su trayectoria profesional.

Desde 1960 colaboró como caricaturista editorial en el periódico El Mundo y un año después se convirtió en uno de los fundadores del semanario Palante, del cual llegó a ser director a partir de 1970 y durante los tres lustros siguientes hasta que emprendiera nuevos derroteros en la Editorial Pablo de la Torriente Brau.

Recordada es la serie de historietas Grandes aventuras del mar, seguidas por varias generaciones de lectores de la revista Mar y Pesca. Aunque estas no tenían un estilo humorístico propiamente, en esencia cautivaban por el extraordinario tratamiento dramático, emparentado con elementos del audiovisual, tanto en los ángulos, encuadres, escenas, flash back, como en el empleo de un guion y argumento, concebidos de modo sugerente.

La más famosa de las viñetas de Blanco es, sin duda, hasta el presente, ¡Ay vecino!, que vio la luz por primera vez el 27 de abril de 1967 en Palante y desde entonces ha convidado a reflexionar con mucho más que una sonrisa en diversos órganos de prensa, como la propia BOHEMIA.

CURDA-VECINO

¡Ay, vecino!, su más famosa viñeta, pervive plena de frescura y cubanía. Esta, en colores, se editó con motivo del aniversario 40 de su publicación. (Foto: ay-vecino.blogspot.com)

Esta secuencia asume ciertas convenciones y/o códigos fácilmente reconocibles en nuestra cultura e integra armónicamente el acervo simbólico que nos identifica como habitantes de la mayor de las Antillas.

Así, en balcones de estilo colonial, a modo de guiño a nuestra arquitectura, dos personajes desnudos y contrastantes en sus proyecciones ante la cotidianidad y en su aspecto físico (uno gordo,  otro flaco), interactúan, impresionan con sus ocurrencias y la hilaridad típicas del cubano.

Con esta obra su autor sigue al detalle, con excepcional coherencia, enunciados que toman en préstamo recursos de otras expresiones artísticas como la pintura, el audiovisual, la fotografía, la literatura, e incluso, el teatro.

Al igual que gran parte de las creaciones excelsas, la primera de esas historietas nació de un tirón en la madrugada. Luego, cayeron tres de sopetón en la misma noche y tras una pausa para degustar un sorbo de café, “otras cinco situaciones surgieron casi de inmediato hasta que el sueño me rindió”, confesó Blanquito al equipo del semanario Dedeté, en la sede del periódico Juventud Rebelde, durante la apertura de una exposición a propósito del cincuentenario de dicha tira cómica.

De los personajes ideados por el sagaz creador, el gordo y el flaco han sido los más incluidos en muestras expositivas. La Unión de Periodistas de Cuba, el Museo del Humor de San Antonio de los Baños, el lobby del hotel Habana Libre, la Asociación Canaria de Cuba; las galerías Teodoro Ramos, del Cerro, y José Luis Posada, de la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba; así como la Semana Negra de Gijón, en España, dan fe en sus espacios de esa relevancia.

En más de 3000 ocasiones las estampas de estos hombrecillos de ropa nula y chispa encendida han aparecido en medios de prensa antillanos y foráneos, y afloran en afiches, almanaques y otros soportes que apoyan campañas relacionadas con actividades en la comunidad.

Desde el debut hasta el presente, algunos bolsilibros llevan la rúbrica de ¡Ay, vecino! y aun cuando inicialmente se concibió para la impresión a una sola tinta por las exigencias poligráficas de la época en que surgió, ya cuenta con un volumen en colores, realizado a raíz del aniversario 40, en 2007.

Atento a las tecnologías de la información y la comunicación, mientras los medios técnicos se lo permitieron, Blanco compartió el blog Ay, vecino, recurso de información donde publicaba noticias, reseñas, comentarios relevantes sobre temas de actualidad vinculados con el mundo del humorismo gráfico y/o su obra.

Fundador y editor de las revistas de historietas Cómicos, Pablo y Mi barrio, cuenta con los títulos Pequeño mataburros humorístico ilustrado, El Caballero de París. La leyenda que camina, K-milo 100 fuegos, criollo como las palmas, Bolívar en Martí y 5 años, 5 meses y 5 días, algunos escritos en coautoría con su hijo, Francisco Blanco Hernández, también profesional del gremio.

Distinguido con unos 40 laureles nacionales y más de una docena internacionales, el autor de disímiles cómics humorísticos didácticos (Matilda y sus amigos, Pol Brix contra el ladrón invisible, Los siete samuráis del 70, Trucutuerca y Trescabitos y en los últimos años, Pase usted al campismo y Pitifeo y sus amigos) ostenta una obra repleta de búsquedas y experimentaciones que, sin renunciar a la cubanía, impacta por su universalidad, riqueza y lucidez; por ello, desde hace mucho, deviene referente ineludible para nuevas hornadas de humoristas gráficos en Cuba y el orbe.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez