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Publicado el 1 Abril, 2021 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

TEATRO

Desde el tejido de un gran artista

Desde el tejido de un gran artista.

Unidos en el arte y en la vida, Dagoberto Gaínza y Nancy Campos han generado con el grupo Teatro A dos manos un espacio íntimo, visceral, de amplias potencialidades expresivas. (Foto: cubaescena.cu).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Sencillo, alegre, ingenioso, Dagoberto Gaínza Pérez es un santiaguero de pura estirpe, comprometido y sensible con la identidad y la cultura popular de nuestra tierra caribeña. Quienes durante las fiestas de carnaval lo han visto recorrer las calles de su ciudad, personificando a Santiago Apóstol, el santo patrón de esa urbe, entienden de qué se habla aquí.

Tal vez pocos han hallado el intríngulis de cómo transitó de chofer de camión a la profesión de actor y director teatral; lo que sí queda claro es que, para enrumbarse en los predios del arte, medió trabajo, indagación, estudio y experimentación constantes en la vida de este creador octogenario, todavía en activo, y recientemente merecedor del Premio Nacional de Teatro 2021.

Hace 81 años, un 9 de marzo, nació en Santiago de Cuba este hombre destinado a vibrar en escena. Según refirió en cierta ocasión, fue su madre, mujer de honda sensibilidad hacia la cultura popular tradicional, quien le despertó esa intensa pasión por la energía que late en el carnaval santiaguero.

Tales vivencias lo llevaron, desde 1968, primero al Conjunto Dramático de Oriente, y luego a las agrupaciones Cabildo Teatral Santiago, Calibán Teatro, Gestus. En el año 2000, fundó el colectivo Teatro A dos manos, junto con la notable actriz Nancy Campos Neyra, su compañera en la vida y en el arte de las tablas.

Por tanto, no es difícil comprender que en un gesto de entrañable agradecimiento dedicara el importante galardón que se le confirió recientemente, a estas féminas imprescindibles: la madre y la esposa.

Dicen aquellos que han tenido la oportunidad de estrecharle la mano y conocerlo de cerca que Gaínza es un ser humano extraordinario, ejemplo de ciudadano correcto y la viva estampa del buen santiaguero: desprendido, solidario, adepto al baile y al sarao. Al propio tiempo, se revela como el maestro de varias generaciones, dedicado y profundo; también, como el guía experimentado y audaz en las lides del trabajo comunitario.

Cuenta con diversas cualidades que lo convierten en un creador multifacético, pues además de ser un versátil y orgánico actor, es capaz de cantar y bailar con excepcional prestancia, aptitudes a veces difíciles de juntar en una misma persona, pero que en él brotan armónica y espontáneamente; desarrolladas quizá cuando fue bailarín del Conjunto Folclórico de la CTC, en Santiago de Cuba.

Su calidad interpretativa y el denuedo con que borda cada uno de los personajes, lo convierten en una figura reconocida en el panorama teatral de la Isla. Recordadas son las caracterizaciones en los montajes De cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra, El macho y el guanajo, El conde Alarcos, Antígona, La paciencia del espejo, Dos viejos pánicos, entre otras obras de la literatura dramática nacional y universal.

Igualmente, desde la televisión y el cine ha calado en el corazón de los públicos; Patty Candela, Los refugiados de la cueva del muerto y Baraguá son algunas de las interpretaciones en el séptimo arte. Aun cuando sus saberes no parten mayormente de la academia, teatristas del relieve de Raúl Pomares, Carlos Padrón, Ramiro Herrero, Rogelio Meneses constituyeron sus más preclaros referentes.

Dagoberto Gaínza Pérez es uno de esos virtuosos que renace desde el tejido de una nueva empresa en la actuación, la dirección, el trabajo en la comunidad. A cada palmo de su intensa existencia se reinventa, redescubre y devela como el gran artista que es.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez