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Publicado el 30 Abril, 2021 por Jeiddy Martinez Armas en Cultura
 
 

ENRIQUE PÉREZ DÍAZ, un escritor sin etiquetas

Narrador cubano con más de 70 obras publicadas en las cuales los niños y jóvenes son los protagonistas. Por su gran calidad literaria ha sobresalido en nuestro país y otras naciones
ENRIQUE PÉREZ DÍAZ, un escritor sin etiquetas.

Su obra se estudia en programas escolares de Argentina, Colombia, España, Estados Unidos, Martinica, México y República Dominicana. (Foto: Cortesía del autor).

Por JEIDDY MARTÍNEZ ARMAS

Personajes que cobran vida en la mente de los más pequeños, los acompañan mientras van creciendo, son los mejores amigos imaginarios, sufren junto a ellos miedos o celebran victorias, emanan de los libros de Enrique Pérez Díaz.

Con sus transgresores textos –que según sus declaraciones van “desde los cuentos de hadas, brujas, unicornios, dragones, las historias que llamo sobre ‘el mar’, las de animales que enjuician poses humanas, hasta las disparatadas como la serie a la cual pertenece Escuelita de los horrores, las que rozan el gótico, el policial, el terror”– es uno de los más destacados exponentes de la literatura infanto-juvenil en Cuba. Laureado creador que dirige en la actualidad el Observatorio Cubano del Libro y la Lectura (OCLL).

Decidir que iba a ser literato fue un proceso largo: “Desde mi infancia, al ser un niño criado en una familia de lectores, tenía afinidad con la escritura. Hacía imaginativas composiciones, pero nunca me había planteado ser escritor. Me gustaba ser veterinario pues adoro a los animales, lucho por su defensa y protección. ¡Escribo obras desde los 16 años, pero nunca he divulgado algo de esa época! Al dedicarme finalmente al periodismo fue que perfilé más la vocación”.

En entrevista exclusiva para BOHEMIA habló –entre otros temas– sobre su amplia trayectoria, los retos en esta época de pandemia y la salud de la narrativa para niños y jóvenes hecha en Cuba.

-¿Cómo fueron sus inicios en la literatura?

-La primera versión de La vieja foto, en una plaquette del año 1987, fue el anticipo de lo que luego sería como escritor. Tiene herencias innegables de tendencias en boga por entonces, pero ya presagia al futuro Enrique con sus niños problemáticos. Pese a haber ganado una primera mención en La Edad de Oro y tener un prólogo de Félix Pita Rodríguez, se vino a publicar 20 años después por la Editorial Oriente.

“Cuenta las relaciones difíciles entre una niña y su madre periodista y como la muchachita evoca en una foto la pasada felicidad de sus padres, ya divorciados. Yo acababa de leer El papá de noche, de María Gripe, un libro que hizo cambiar mi vida y mis ideas sobre qué se podía escribir para la infancia”.

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Con Jostein Gaarder, autor de la conocida novela El mundo de Sofía. (Foto: Cortesía del autor).

-¿Por qué narrar para niños y jóvenes? ¿Cuán difícil es este público?

-Te va a resultar rara mi respuesta, pero todavía –incluso luego de tantos libros publicados– no sé si estos van dirigidos a ellos. Nunca he asumido un tono especial para mis textos. De hecho, Dora Alonso, con quien tuve una gran amistad y cariño, siempre me lo decía. Si eso me preocupó un tiempo, hoy me es indiferente, sobre todo al ver la cantidad de lectores de diversa edad que hablan de mis obras y captan sus esencias transgresoras.

“He creado las historias que han llamado a mi mente, las que me dictó el corazón, la tristeza, el sufrimiento, el hastío o la furia ante algo injusto. Yo solo sé escribir de lo que siento. Si les gustan a los mismos niños que siempre las protagonizan, felicidades”.

-¿Cómo acercarse a la manera de ser de los más pequeños?   

-Hay que entenderlos y no imitarlos. No te debes rebajar en tu escritura pensando en ellos. Los personajes no han de razonar como un adulto, aunque a veces uno hace sus guiños –como decía Astrid Lindgren.

“Mis historias, hasta las más realistas como Inventarse un amigo, Mensajes, Las cartas de Alain, tienen siempre un porcentaje de imposible, de ironía, locura, fantasía, sátira mordaz y humorística hacia la realidad que el niño no acepta. Esa es una visión cómplice con ellos, quienes son capaces de captar que yo me entristezco con lo mismo que les hace sufrir, molestarse, querer escapar y ser libres. Buscar las soluciones por su cuenta, sin la mediación adulta, quizás, además del tono burlesco y jocoso, ese puede ser el éxito de Escuelita de los horrores en tantas épocas y contextos, aun 20 años después de ser escrita”.

-¿Fue intencional romper estereotipos en sus personajes de la Escuelita de los horrores?

-Ese libro me ha dado muchas alegrías. Es un texto muy loco, escrito a mano, en un ático de Múnich en 1998; tres noches seguidas garabateando capítulos que luego llevaba al ordenador en una oficina de la Biblioteca Internacional de la Juventud. Está realizado con una mezcla de irreverencia y desenfado, trabajando mucho la simbiosis lingüística, como destacó su atinada editora Edna Lucía Portela.

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Escuelita de los horrores es un libro que, además de muy popular, disfruta de merecido reconocimiento como parte de la narrativa cubana contemporánea para jóvenes. (Foto: ecured.cu).

“Volqué toda mi soledad y tristeza por estar lejos de los míos, entendiéndome con personas no siempre muy cálidas, y ahí salió todo ese sentimiento de inseguridad que ves en Kike, las Bethanias, Kulito, Franki y Monstruosi –quien ya había sido personaje de un popular álbum ilustrado ese mismo año– y el pavoroso ambiente nocturno anti represivo que van creando esos niños en sus deseos de salir de la tiranía de sus profes.

“Si en algún momento pude temer que alguien se enfadara, fue formidable ver como la truculenta y rocambolesca historia arrebataba en las escuelas, no solo a los niños sino a las profesoras, bibliotecarias, metodólogas. Es decir, su buena intención de reivindicar a la infancia de la opresión adulta fue captada por todos.

“La novela tiene una precuela que se vino a publicar hace poco por la Editorial Montecallado, de Mayabeque (En los trenes de la noche), y su secuela es ¿Dónde estás Paulo?, aparecida hará un par de años por la Editorial Orto, de Granma. Todos conforman una serie de cinco volúmenes, pues a En los trenes de la noche le sigue María Carlota en peligro. Misterio en Blutemburg (en proceso de escritura) es a su vez la que cierra todo el ciclo.

-Hace muchos años leí Inventarse un amigo, cuando yo era casi de la misma edad que el protagonista; aquella historia me conmovió por la introversión de ese muchacho, podía ser la de cualquiera en mi barrio o escuela, la mía misma. ¿Cómo logra que sintamos a los personajes así tan reales y tengamos mayor empatía con ellos?

-Gracias por tus palabras de lectora. A muchos les ha ocurrido igual con Mensajes, Las golondrinas son como el mar, Alguien viene de la niebla (segunda parte de Inventarse un amigo), Las cartas de Alain, El mar no tiene color y otros. Creo que la razón estaría en la verosimilitud de la historia, en captar el sentimiento de mi propia soledad de niño imaginativo, hijo de padres divorciados, que busca en la amistad ideal el complemento ante tantas ausencias.

“Todos los humanos vivimos en un estado perenne de nostalgia. Eso es frecuente en mis obras. Cada personaje añora algo que ha perdido, que imagina, que nunca podrá recuperar o quizás que quiméricamente sueña alcanzar. Es un proceso complejo llegar a un lector. No hay que salir a buscarlo en realidad, solo sentarse a escribir oyendo los dictados del corazón que nos llena de ideas la mente”.

-¿De qué manera elige los temas sobre los cuales escribe?

-Ellos me escogen a mí. Algo que me perturba, irrita, alarma, o un hecho que me divierte y debe ser satirizado; pero en mis argumentos lo más importante es la historia en sí, no el tema, pues a veces fluyen hasta varios subtemas. El ver la libertad expresiva de muchos autores, hace que me nazcan alas para escaparme hacia predios que en el libro anterior no osé explorar siquiera.

-¿Cómo fusiona en sus historias la realidad con la fantasía?

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En 1993 Inventarse un amigo obtuvo el Premio La Edad de Oro. (Foto: DAZRA NOVAK/ lajiribilla.cu).

-Esa es una mezcla muy rara. Estas comienzan con un punto de vista realista y de pronto se van complejizando con lo imposible, lo inesperado, lo insólito y casi fantástico. Me resulta difícil clasificar mis obras pues he sido como una especie de explorador en muchas tendencias sin quedarme mucho tiempo quieto en alguna.

“Una vez, una profesora en una conversación comparaba por su estilo a colegas cubanos con otros grandes autores del patio o universales –para ella Dora era la Astrid Lindgren cubana, Albertico Yáñez, el Carpentier de la literatura infantil, etcétera–; me preguntó a quién se me podría asemejar. Le respondí, quizás con un poco de altanería: ‘A nadie, yo soy el Enrique Pérez Díaz de la literatura cubana’”.

-¿De cuál modo lo nutrieron a nivel profesional sus encuentros con Dora Alonso, Nersys Felipe o Julia Calzadilla?

-Dora era un personaje de mi infancia, como una especie de entidad etérea a la que los niños de los años 1960 y pico llamábamos “Doralonso” y tuve la oportunidad de hablar mucho con ella. A Julia la he admirado mucho por su entrega al trabajo y su valor de rescatar toda una mitología continental. Nersys dice que es mi hermana mayor y la siento más cercana por los conflictos que trata en sus libros.

“Te reitero, aunque soy un eslabón perdido en muchos sentidos y tengo poco que ver con tendencias o generaciones de autores cubanos, el periodismo me ha dado la amplitud de mente suficiente para entender el modo de escribir de muchos y admirar su obra”.

-¿Cuál es el nivel de salud de la narrativa cubana actual realizada para los más pequeños de casa?

-Excelente, sobre todo por su pluralidad, ya hay muchas voces jóvenes consagradas que se asumen a conciencia y con todo valor sin pensar en tendencias, herencias, sucesiones o escuelas.

“El que en un mismo universo convivan hoy personas que tuve de alumnos en el Onelio Jorge Cardoso, como Eldys Baratute, Rubén Rodríguez, Idiel García, u otros a quienes admiro, como Nelson Simón, Teresa Cárdenas, Mildre Hernández, Elaine Vilar, Maikel José Rodríguez Calviño, Leidy González Amador y tantos más, te habla de que coexisten en un mismo librero de obras para niños, textos de fantasía, realistas, de terror, los que utilizan la fábula como vehículo de hacer crítica”.

-Mostró el talento de algunos coterráneos en Los que escriben para niños se confiesan ¿Nos pudiera hablar un poco de esta experiencia?

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Este compendio de entrevistas a escritores cubanos de literatura infanto-juvenil se conformó a lo largo de años y muestra un rico universo que debía ser divulgado. (Foto: trabajadores.cu).

-Nunca he dejado atrás mi vocación por el periodismo, solo que me retiré de él en activo para tener la libertad de escoger mis temas de escritura y no depender de él para vivir. Esas entrevistas –el género que más me place entre todos– fueron haciéndose durante años de trabajo.

“Este libro ha tenido varias versiones, primero una que publicó, apenas con una veintena de diálogos, la Editorial guantanamera El mar y la Montaña (El fuego sagrado, 2006), luego esta que aludes y finalmente una selección de las entrevistas a escritoras que allí aparecen y otras posteriores reunidas en Nunca fuimos Cenicientas, editado hace un par de años por Cubaliteraria”.

-¿Luego de que acabe el aislamiento retomará el espacio de homenaje a autores: Infancia, al derecho y al revés, en el Centro Dulce María Loynaz?

-¡De hecho estamos pensando grabarlo digital incluso durante la pandemia! Solo habría que hacer algunos ajustes tecnológicos. Ha sido una experiencia formidable, la he disfrutado mucho. Yo lo veo como un espectáculo, que además de presentar al invitado, debe de entretener, divertir, inquietar. Lleva una producción tremenda que asumo con una especialista del Loynaz.

-¿Para usted cómo ha sido la creación en esta época de confinamiento?

-En realidad esta etapa me ha afectado sobremanera. En el 2020 estuve totalmente bloqueado para escribir, salvo posts, noticias, artículos y un par de cuentos cortos para antologías a las cuales me invitaron. Apenas logré casi terminar un libro bastante atípico, que venía arrastrando del año anterior, sobre un niño que vive con un samurái.

“Como nunca me han preocupado los temas y no me gusta escribir bajo circunstancias, no creo que lo sucedido deje algo bueno en mi cosecha; pero tampoco puedo predecir si mañana mismo me llegue de alguna parte una portentosa idea que me haga emborronar unas pocas cuartillas”.

ENRIQUE PÉREZ DÍAZ, un escritor sin etiquetas

Momento en que recibía, de manos del entonces ministro de Cultura, Abel Prieto, el Premio Aniversario del Triunfo de la Revolución. (Foto: Cortesía del autor).

-¿Cómo ha afrontado la actual crisis editorial?

-Las dificultades originadas en este sector por la covid-19 son planetarias y no solo en Cuba. Yo siempre he escrito al margen de los contextos. Muchos de mis libros se han publicado 20 y hasta 30 años después de haber sido creados, por eso las circunstancias de tal o cual momento nunca me han inquietado mucho.

-Proyecciones futuras…

-Lo primero es lo que nos atañe a todos: sobrevivir. Luego, tener más tiempo para la lectura. Después, conservar la mente abierta para las grandes ideas, está visto que suelen venir en los peores momentos. Solo hay que esperar por ellas, abrirles la puerta y no dejarlas escapar nunca. Así que, visto el caso…

 

A nivel nacional, Enrique Pérez Díaz ha obtenido los premios La Edad de Oro, Pinos Nuevos, Ismaelillo, Abril y Romance de la niña mala –entre otros–, por el conjunto de su obra para niños. También ha sido reconocido con el Premio Aniversario del Triunfo de la Revolución, del Minint; y La Rosa Blanca, de la Sección de Literatura Infantil de la Uneac. Además, le fueron otorgadas las distinciones Por la Cultura Nacional, Félix Elmuza y Raúl Gómez García; el Sello de Laureado de la CTC, y es Vanguardia Nacional del Sindicato de Trabajadores de la Cultura.

Entre sus reconocimientos internacionales se encuentran haber sido finalista del EDEBE de España y la Mención Especial del Premio Iberoamericano para Leer el XXI, del IBBY (2001). En 2014 participó como jurado internacional del Premio Hans Christian Andersen (el Nobel de la literatura infantil).

Ha publicado Minicuentos de hadas, El último deseo, Sombras del circo, El niño que conversaba con la mar, Monstruosi, El payaso que no hacía reír, ¿Se jubilan las hadas?, Alguien viene de la niebla, La dama del ocaso, Miedo en el cine, entre otros volúmenes.

 


Jeiddy Martinez Armas

 
Jeiddy Martinez Armas