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Publicado el 29 Abril, 2021 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

FESTIVAL LA HUELLA DE ESPAÑA

Trazos de simpatía desde el arte

Cita anual dedicada a promover zonas de confluencias entre la cultura cubana y española, halló seguidores desde el espacio virtual, a partir de la voluntad de proveer alicientes artísticos en medio de la pandemia

Trazos de simpatía desde el arte

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Una vez más, el legado ibero en nuestras esencias culturales convocó a prosélitos en Cuba y otras latitudes durante la 29º edición de La Huella de España que, por la actual contingencia sanitaria y de forma inédita, sesionó en plataformas digitales, por medio de las cuales se difundieron conferencias, conciertos y espectáculos danzarios.

Como ya es habitual, esta fiesta de las artes se convirtió en centro de confluencia entre las expresiones de afinidad que comparten un tronco común en ambas naciones. El programa del actual año tuvo la novedad de que por primera vez no homenajeó a regiones o comunidades autónomas españolas, sino que se dedicó a enaltecer la figura de Alicia Alonso con motivo de su centenario y por sus sostenidos esfuerzos en el rescate y revitalización del acervo ibérico en las tradiciones y costumbres de la mayor de las Antillas.

Auspiciada por el Ministerio de Cultura, la Embajada de España en La Habana, el Ballet Nacional de Cuba (BNC) y la Federación de Sociedades Españolas en nuestro país, la cita devino espacio propicio para rememorar los propósitos que en 1989 unieron al entonces cónsul general, Juan José Santos Aguada, y a la prima ballerina assoluta cuando fundaron ese proyecto cultural que hasta el presente conecta puentes de arte y pensamiento teórico entre la península y nuestra tierra caribeña.

“Al crear este evento, ella concibió una manera de recordar, de homenajear a la vertiente española en nuestra cultura”, subrayó en la inauguración de la cita la actual directora general del BNC, la bailarina Viengsay Valdés, quien al referirse a la impronta que ha tenido en el Festival la mentora de la escuela cubana de ballet, resaltó su capacidad para potenciar cruces y coincidencias entre nuestras esencias nacionales y aquellas manifestaciones artísticas con amplia presencia de lo hispánico.

Trazos de simpatía desde el arte.

Entre los personajes de inspiración española interpretados por Alicia Alonso es Carmen el más sugestivo y conocido por el público. (Foto: granma.cu).

Este tributo a la diva de la danza universal, más que un reconocimiento, representa un gesto de deferencia y respeto hacia la creadora, bailarina, pedagoga y promotora cultural que, entre otras acciones concretas, instituyó el Conjunto de Danzas Españolas del Gran Teatro de La Habana, génesis de lo que en la actualidad se conoce como Ballet Español de Cuba, dirigido por el primer bailarín, coreógrafo y maestro Eduardo Veitía.

Pero el vínculo de Alicia Alonso con la península viene desde la cuna, pues creció en un hogar de cubanos descendientes de españoles, quienes le inculcaron valores y costumbres que en el decurso emergieron como parte de un estilo y una estética para interpretar con prestancia y excepcionalidad personajes de fuerte inspiración ibérica.

Esta estela de españolidad se inició mucho antes de aquel memorable remplazo a la bailarina Alicia Markova en la obra Gisselle, de 1943, presentada por el Ballet Theater de Nueva York, según refirió el historiador del BNC Miguel Cabrera, en conferencia magistral ofrecida durante esta edición del Festival La Huella de España. Además, relató cuánto significó para la carrera futura de la entonces joven artista el breve y emotivo encuentro que sostuviera con la bailarina española Antonia Mercé, cuando apenas tenía unos 11 años y aún era alumna de la escuela de ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical.

Fue en el Lewisohn Stadium de Nueva York, en agosto de 1940, donde debutó con un rol de estilo español en la obra Goyescas, con coreografía de Antony Tudor. Tras ese triunfo develó cualidades técnicas e interpretativas extraordinarias. Sobrevinieron Capricho español, de Leónide Massine; y el bolero incluido en el segundo acto del ballet Coppelia, de León Fokin, versionado por ella para el recién fundado Ballet Alicia Alonso, en 1948.

Otros, como La gitana, El sombrero de tres picos, ambas también de Massine; Don Quijote, en la versión de Anatole Oboukov y la suya propia, plantearon un despliegue del lenguaje de la danza desde el concepto español que encontró su más alta cúspide en el memorable protagónico en Carmen, de Alberto Alonso, que inmortalizó en su peculiar plasticidad y cadencia. Le siguió la pieza Ad libitum, concebida por Alberto Méndez, especialmente para ella y el notable coreógrafo y bailarín español Antonio Gades, en la que se amalgamaron elementos de raigambre africana y española presentes en nuestras raíces.

Pero no solo al interpretar obras de ascendencia hispánica se percibió ese incansable quehacer de Alicia para entregar a todos la riqueza de dos culturas; además, resulta evidente en los talleres, clases magistrales impartidas en universidades de la nación europea y la fundación de cátedras bajo su auspicio.

Lucido programa artístico
Trazos de simpatía desde el arte.

La compañía Antonio Gades volvió a impactar con su singular propuesta de Bodas de sangre, basada en el original de García Lorca. (Foto: WAN XIAOJING).

Sendos conciertos atrajeron la atención de los internautas hacia el repertorio sonoro español durante este Festival. Obras del compositor Manuel de Falla, representante del nacionalismo en ese país, acompañadas por textos musicalizados del poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca, llegaron en la voz de la soprano Johana Simón y mediante el virtuosismo del guitarrita concertista Luis Manuel Molina.

Igualmente, piezas del acreditado compositor, músico y musicólogo español Joaquín Turina Pérez (también  exponente del nacionalismo ibérico), junto a las de su nieto José Luis Turina de Santos, conmovieron a quienes desde la redes siguieron el programa del espectáculo.

Alternaron con las presentaciones de música, el ballet Don Quijote, con coreografía de Alicia Alonso sobre el original de Marius Petipa; y las actuaciones de los primeros bailarines Annet Delgado y Yoel Carreño, en los personajes de Kitri y Basilio. Asimismo, se difundieron puestas de la agrupación flamenca Ecos, de Habana Compás Dance y de Lizt Alfonso Dance Cuba.

Selló las jornadas del Festival la compañía Antonio Gades, con el montaje de Bodas de sangre, inspirado en el relato homónimo de Federico García Lorca. En esta versión Gades planteó una peculiar visión coreográfica desde el flamenco que entrelaza la danza y el teatro, e incorpora elementos del ballet clásico para otorgarle a la historia expresividad y un aire sugestivo sin precedentes.

El recién concluido Festival la Huella de España evidenció el esfuerzo institucional por continuar promoviendo propuestas culturales de elevado valor artístico en medio de las condiciones de pandemia, iniciativa que los públicos siempre agradecen.

 

 


Roxana Rodríguez

 
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