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Publicado el 23 Mayo, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

¿Antídotos contra el mal-humor?

Acercamiento a las complejidades de un género que no ha logrado en la pantalla estabilidad, riqueza expresiva, novedades y otras maneras de decir para motivar la reflexión inteligente en los públicos de diferentes edades
¿Antídotos contra el mal-humor?

El primer actor Osvaldo Doimeadiós ha creado personajes de gran aceptación popular. (FOTO: LEYVA BENÍTEZ).

Por SAHILY TABARES

Relatos audiovisuales disímiles se cuentan dada la existencia de infinidad de historias. El ser humano está sometido a producciones massmediáticas en las que predomina la denotación sígnica y una relación continua e inseparable entre la imagen y el verbo, en ellas todos los elementos se deberían interrelacionar dramatúrgicamente mediante convenciones genéricas y conformar lenguajes con diferentes códigos de articulación.

Desde tiempos inmemoriales, la frase Había una vez…. establece una actividad lúdica que incita el vínculo entre lo “ficticio” y lo “real”, en estrecha convivencia y condicionada por límites entre territorios a veces ambiguos. Al parecer, mundos irreconciliables e inexistentes, u otros cercanos a la vida, ubican en la perspectiva un cotejo difícil de resolver, pues la existencia nos conduce por caminos insospechados, gratos o difíciles, que las personas transitan al sentir insatisfacciones, interrogantes o deseos infinitos.

El liderazgo de las series en el medio televisual representa una experiencia transversal que incorpora nuevas tecnologías y diferentes estéticas, prácticas, saberes y referencias, en provecho de vivencias de lo popular de manera abierta, repetitiva, sentimental.

No obstante, los públicos siguen pendientes de los humorísticos, no bastan las comedias en filmes y cortos, ni en segmentos de telenovelas, el puro espacio de entretenimiento para reír y hacer pensar continúa siendo una demanda poco satisfecha.

Apenas dos programas con títulos parecidos e intenciones diferentes se mantienen en la pantalla: A otro con ese cuento (domingo, 6:30 p.m.) y  Vivir del cuento (lunes, 8:30 p.m.), ambos en Cubavisión. El primero acude a chistes, nada más; mientras el segundo plantea situaciones inesperadas, equívocos, conflictos actuales, y aunque no siempre son resueltos de manera imaginativa o novedosa, propician pasar un buen rato. ¿Es suficiente solo con esos espacios? De ningún modo.

Veamos el humor en otro contexto: ¿se preguntó alguna vez por qué sonríe La Mona Lisa? El misterio de esta obra del pintor renacentista italiano Leonardo Da Vinci cautiva a personas de diferentes países interesados en despejar la incógnita de ese gesto ¿reflexivo?

Lo que motiva la risa, una carcajada o el rechazo, depende del criterio valorativo personal, en el que influyen diversos elementos, entre ellos: educación, inteligencia, modales, cultura, asimismo lo inmediato y lo coyuntural, pues no es un asunto simple, tampoco la existencia cotidiana.

Según el semiólogo francés Patrice Pavice, lo cómico –en tanto fenómeno antropológico– responde al instinto del juego, al gusto del hombre por la broma y la risa, a su facultad de percibir aspectos insólitos y ridículos de la realidad física y social. Como género dramático dicha manifestación ofrece medios para criticar el entorno, ocultar la oposición mediante el ingenio o una frase grotesca y centra la atención en conflictos y peripecias que testimonian la inventiva y el optimismo frente a las adversidades.

La asunción de la comicidad en la TV plantea múltiples desafíos, en su estatus institucional y como mediación cultural, pues la pantalla construye mundos posibles que sus destinatarios aceptan o rehúsan al recibir varios mensajes.

Al parecer no se ha logrado la estabilidad requerida de factores indispensables para concretar proyectos humorísticos estables. Cada programa requiere investigaciones, fundamentos teóricos y un equipo de especialistas que interrelacionen sus saberes para lograr el resultado artístico. La simplificación del proceso creativo o la premura por llevar al aire “algo nuevo” afecta el análisis de presupuestos que pueden ser enriquecidos al añadir matices o efectos cómicos en la construcción del sentido crítico, el cual permite condenar o ensalzar actitudes, procederes, ideales morales, estéticos y sociales de la vida contemporánea.

En una oportunidad el primer actor Osvaldo Doimeadiós me confesó en exclusiva para BOHEMIA: “Los personajes que he creado han exigido estudios, preparación, práctica, no los concebí de la noche a la mañana, demandaron un arduo proceso valorativo”.

El espectáculo televisual cómico requiere una visión integral de la puesta, en la que prevalezca un sentido incisivo en tanto diversión afianzada en el humor popular, la sugerencia sutil o explícita, el estado placentero, sorpresas, asociaciones disparatadas, el ejercicio intelectual, entre otros recursos que influyen y conforman una obra atractiva. De lo contrario puede proliferar el mal-humor y sería preciso buscar antídotos de inmediato.


Sahily Tabares

 
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