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Publicado el 7 Mayo, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

MÚSICA

Sublime para el alma divertir

Con un amplio programa artístico en la televisión, la radio, las redes sociales, se festeja este 8 de mayo el Día del son cubano, de gran trascendencia en el panorama sonoro y rítmico del mundo
Sublime para el alma divertir.

El maestro Adalberto Álvarez ha enriquecido notablemente el son cubano.

Por SAHILY TABARES

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

El género se declaró Patrimonio Cultural de la Nación en 2012, como reconocimiento a su prominencia raigal en la historia de nuestro país. Ha sido el máximo impulsor de la celebración el maestro Adalberto Álvarez, con el apoyo del Ministerio de Cultura. Según reconoció en un comentario especial para BOHEMIA: “El son nace desde la raíz del pueblo. Lo llevamos en la sangre. Todas las generaciones tienen plena conciencia de su trascendencia en la obra de compositores e intérpretes renombrados. Debemos seguir cultivándolo con las mejores energías”.

Por esto se rinde homenaje al natalicio, también el 8 de mayo, de dos músicos extraordinarios: Miguel Matamoros (Santiago de Cuba, 1894-1961) y Miguelito Cuní (Pinar del Río, 1916-1984), devenidos símbolos dentro y fuera de la mayor de las Antillas.

Un amplio programa artístico en la radio, la televisión y las redes sociales, que incluye conciertos online, presentaciones de discos y audiovisuales, destaca la estirpe sonera de grupos e individuos portadores directos como parte del patrimonio afianzado en las tradiciones populares.

Oriundo de Cuba, el género se ha conformado como el complejo genérico más importante de la música, por la incidencia alcanzada en la expresión bailable y su marcada función social. Imposible olvidar las variantes antiguas: son montuno, guaracha, changüí y sucu-sucu, y el desarrollo en las zonas urbanas, sobre todo en La Habana durante los años 50.

Sublime para el alma divertir.

Omara Portuondo disfruta la sandunga de lo cubano en la música.

La gran síntesis de lo cubano planteada por el son a partir de la combinación de la cuerda pulsada (guitarra y tres), un bajo tonal armónico al principio logrado con una marímbula o botija, más tarde sustituida por el contrabajo, y las figuraciones rítmicas de los instrumentos de percusión (bongó, maracas, claves), permitió la estabilidad de elementos estilísticos de otros tipos: rítmicos, armónicos, melódicos. Fueron estructurales hasta tal punto que los formatos instrumentales se transformaron sin que el género perdiera sus características esenciales. De ahí la existencia de sones creados para formatos de jazz, instrumentos electrónicos, orquestas sinfónicas, combinaciones de música de cámara.

En opinión del musicólogo Jesús Gómez Cairo: “Por su contenido, el carácter de los textos es muy variado. Un estudio de ellos muestra que en muchas ocasiones el son fue expresión de los anhelos de las capas más oprimidas del pueblo. Mediante la sátira aguda e incluso la alusión directa el son ha sido elemento de protesta y denuncia social, otras variantes se encuentran en el canto a la mujer, al paisaje y a rasgos o motivos que enaltecen el carácter urbano”.

Al parecer el gozo producido por diversas combinaciones no tiene límites, hace mover los pies, el cuerpo, alimenta la satisfacción de una herencia autóctona, robusta, cálida.

Caminos al andar

Sublime para el alma divertir.

Moisés Valle Yumurí y Orlando Valle Maraca siempre piensan en el bailador.

En los tiempos que vivimos, lidera la hibridez, el entrecruce de ritmos, sonoridades, la conexión de metáforas y sedimentos. Para Omara Portuondo, “la fuerza del son es telúrica. ¿Quién puede quedarse quieto cuando escucha Mamá, son de la loma o El que siembra su maíz? Ambos sones llevan la firma de Matamoros, quien nos dejó un valioso legado. Decía: el son es lo más sublime para el alma divertir. Muchas de sus composiciones apenas se conocen. Los jóvenes deben disfrutarlas y nuestras agrupaciones seguir tocando esa buena música que nunca pasa de moda”.

En esta idea coinciden los hermanos Moisés Valle Yumurí y Orlando Valle Maraca. Ambos hacen énfasis en la necesidad de promover lo auténtico, los sones que valen y brillan en el pentagrama musical de la Isla. Carismáticos, dados a la espontaneidad, les satisface renovar sus repertorios pensados para atraer a las mayorías sin distinciones de edades o sexos.

“El nuestro es un pueblo bailador. Un buen tumbao, un estribillo que pega, garantiza captar la atención de los ejecutantes. Cuando improviso me nutro del fervor de la gente, los gestos, la alegría que brota de los poros y uno la recibe de manera natural”, precisa Yumurí.

Similares prioridades animan a la emblemática orquesta Aragón. Refiere su director Rafaelito Lay: “En el escenario sentimos la alegría de los públicos. De ningún modo por azar tantas personas aplauden que el son tenga su día. Es importante prolongar el tributo en el tiempo, su valía está condicionada por la popularidad y la calidad artística de referencias ancestrales, las cuales tienen vida propia en el siglo veintiuno”.

Sublime para el alma divertir.

La emblemática orquesta Aragón se distingue por la calidad de su repertorio amplio y diverso.

Sin duda, lo que en realidad captan y devuelven los soneros es una suerte de modo creativo inserto en relaciones y procesos, estos incluyen actitudes socioculturales, nuestra manera de ser, hacer, particularidades de influencias siempre renovados para seguir brillando en el Caribe y el mundo.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares