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Publicado el 27 Mayo, 2021 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

JULIO CÉSAR RAMÍREZ

“Teatro, el sentido de toda mi vida”

BOHEMIA conversa con el notable actor, director artístico, docente y, en los últimos tiempos, realizador audiovisual, quien a lo largo de varios lustros ha hilvanado una obra de excelencia
“Teatro, el sentido de toda mi vida”.

Durante más de 30 años ha asumido el arte escénico como una filosofía ante la vida y una razón de ser. (Foto: LEYVA BENITEZ)

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Los encantos del escenario lo sedujeron desde la primera vez que cruzó el umbral de una sala teatral en su natal Jatibonico, en Sancti Spíritus. Solo tenía nueve años Julio César Ramírez Ojito (quien nació en 1965) cuando decidió que respiraría, existiría y crecería en y para el teatro.

Con una presencia importante en los medios de comunicación y en el panorama escénico de Cuba, nuestro entrevistado fue retribuido, junto a teatristas de Portugal y Argentina, con el fondo de fomento que confiere Iberescena, programa de cooperación iberoamericana para las artes escénicas, el cual promueve la creación de autores hispanoamericanos, y apoya los espacios y eventos escénicos para que prioricen las mejores producciones de la región. Hasta el momento Ramírez es el primer cubano que lo recibe.

Él accedió a dialogar en una suerte de plática virtual, vía correo electrónico, paradójicamente cálida y cercana, a pesar de las distancias que irremediablemente perviven en tiempos de pandemia.

Justo en medio de una apretada lista de compromisos que lo traen agitado y en vilo del proscenio al set de filmación y viceversa, el director de Teatro D’Dos no dudó en comentar cuánto significan en su trayectoria artística estas tres décadas de trabajo junto al colectivo que lidera.

“Realmente ya son 31 años, los cumplimos en marzo pasado. Es curioso, nuestra agrupación tiene historia más allá de estas tres décadas. Empezó igualmente en marzo, pero de 1985, cuando me gradué de la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA). Quería hacer un grupo profesional; sin embargo, en aquellos años era difícil. Propuse la fundación de una brigada cultural con egresados y nos fuimos a la electronuclear de Cienfuegos, allí surgió la raíz principal del grupo: Abelito, Daisy, Olaechea, Roly.

“Aunque no fue posible concretar la agrupación por la naturaleza de la burocracia en aquel momento, nos integramos como actores al Teatro Juvenil Pinos Nuevos, en la Isla de la Juventud, lo cual se convirtió en una gran experiencia. Así nos consolidamos como agrupación y ya en 1990 nos movimos a Sancti Spíritus y fundamos Teatro D’Dos.

“Diez meses después vinimos todos para la capital, nos radicamos en Caimito [actual municipio de la provincia Artemisa], y pertenecíamos al Centro de Teatro y Danza de La Habana. Durante seis años realizamos un riguroso trabajo comunitario, fue muy gratificante, pues en pleno período especial creamos un público en aquel pueblo, concebimos espacios de promoción cultural y nos convertimos en un elemento importante en las oscuras noches de apagón. El pueblo de Caimito nos quiso –y quiere– mucho. Finalmente nos mudamos a la ciudad de La Habana, y aquí estamos en el Complejo Cultural Raquel Revuelta.

“Teatro, el sentido de toda mi vida”.

El personaje de Bienvenido, que Julio César Ramírez encarna en Sábado corto, del cubano Héctor Quintero, evidencia su versatilidad para afrontar diversos roles. (Foto: tvcubana.icrt.cu).

“Ha sido un recorrido hermoso tanto geográfica como artísticamente. El tiempo en Sancti Spíritus nos dio la posibilidad de conocer las necesidades culturales de aquellos habitantes y sobre todo nos apuntalamos como grupo. Caimito permitió trabajar en los preuniversitarios en el campo, en las fábricas, en los talleres, en la calle y, en especial, establecer un público para la sala teatral.

“Esos años, en ese pequeño pueblo, fueron como nuestra gran escuela, creamos una metodología para la creación teatral, logramos entrenamientos excelentes, aprendimos cómo se consolida un proceso de trabajo. Aquí en La Habana, nos centramos en el estudio del teatro de pequeño formato, en salas reducidas, y su impacto durante el montaje, en el resultado actoral y el diálogo con el espectador frente a frente.

“Pienso que eso de los pequeños espacios viene de nuestro trabajo en Caimito, en cada función en centros laborales armábamos un pequeño teatro y aprendimos a encontrarle una estética y un sentido a estos sitios, a la mirada curiosa del espectador, además de la funcionabilidad que tenían.

“Creamos la Sala Estudio en el Centro Cultural Bertolt Brecht, un espacio mínimo y único, donde pusimos grandes obras como el Tío Vania, de Chejov; y El baile, El robo del cochino y Morir del cuento, de Abelardo Estorino, entre otros montajes. Fue un estudio en el cual lo primordial del trabajo de dirección y con el actor resultaron posibles. Los actores, el director y, ¿por qué no?, también los espectadores, aprendimos mucho. Nos dimos cuenta de que teníamos seguidores. Cuando pasamos a la Sala Raquel Revuelta conservamos a esos asiduos y afortunadamente nos siguen acompañando.

“Teatro, el sentido de toda mi vida”.

Su dualidad actor-director, y la experimentación en espacios reducidos, como en Delantal todo sucio de huevo, es una de las líneas creativas de Ramírez. (Foto: MARTA VECINO).

“Treinta años son muchos para un colectivo de teatro, pasa uno por infinidad de experiencias, buenas y malas, aunque las buenas han sobrepasado a las otras. Lo esencial es el equipo que hemos formado, el cual en el presente cuenta con tres de sus cinco fundadores y conservamos un repertorio activo muy fuerte, parte de él con obras importantes, integradas por el mismo elenco de su estreno, es el caso de Federico, La casa vieja, La noche y La edad de la ciruela.

“Desde hace más de veinte años hemos llevado la docencia de modo sostenido, primero en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y después en el ISA. Actualmente, ocho miembros de nuestra nómina son profesores en las escuelas de teatro; ¿te imaginas cuánta experiencia viva?”.

–Tiene una estética teatral muy particular ¿De qué referentes se nutre?

–Si te soy sincero no sabría enumerar o argumentar sobre los referentes con los que me he nutrido, son diversos. Siempre pasa, un director se forma apropiándose de mucha información, después va decantando según la realidad que aborda y sus intereses ideológicos y estéticos. Stanislavski continúa siendo el paradigma. No puedo pasar por alto lo que significó Teatro Estudio en mi formación. Crecí admirando cada montaje de Berta Martínez, Vicente y Raquel Revuelta, Abelardo Estorino, Roberto Blanco, y a los grandes actores y actrices de esa compañía. El teatro de los 80 influyó mucho en mí.

“Igualmente, el grupo Escambray me enseñó, representó otra estética, otros caminos. Esa idea del papel movilizador, transformador, del teatro en la sociedad, aunque el aporte sea aparentemente pequeño, la aprendí allí. El teatro es un vehículo esencial para la cultura, es una cápsula de ideas, donde se vive una manera diferente de ver la realidad y el debate de los temas puede alcanzar una fuerza extraordinaria, un impacto ilimitado. En el teatro el hombre es un ser conceptual, por eso es una expresión del arte que se mantiene viva a pesar del cine, la televisión y ahora Internet; se adapta a esos medios y crece, porque su naturaleza siempre aporta a cualquiera de ellos.

“Considero que he modelado mi manera de hacer, de abordar temas y formas en la escena. Aun así intento alejarme siempre de la fórmula, es muy peligrosa para un director y la obra que crea. Los temas y las formas tienen que ser superados en cada montaje.

“Teatro, el sentido de toda mi vida”.

En la televisión también ha encarnado diversos personajes con extraordinaria organicidad. Aquí, junto al actor Félix Beatón en la telenovela Rompiendo el silencio. (Foto: tvcubana.icrt.cu)

“Cada vez más me interesa la limpieza del espacio, del movimiento, el actor como centro. Me concierne un teatro alejado de la farándula y más cercano al interés del espectador inteligente. En el teatro y en nuestra manera de asumirlo, se corren muchos riesgos. Me he dado cuenta, con el paso de los años, de que muchos –públicos y críticos– no comparten mi manera de ver el teatro. Al principio me preguntaba por qué, ahora entiendo que es natural, pasa siempre. Uno no puede ser del agrado de todos, en particular, cuando somos una presencia permanente durante tantos años.

“Trabajamos sin perder un día, no nos detenemos, siempre con total apego a la ética, al rigor; y lo fundamental: hemos sido sinceros, y la sinceridad, la humildad y la paciencia son esenciales en este difícil arte, también la clave del éxito”.

–¿En qué proyectos se encuentra inmerso? ¿Y qué mecanismos sigue para llevar adelante los montajes en medio de las restricciones ante la pandemia?

–Ahora mismo estoy atareado en dos. Siempre me ha gustado trabajar en dos propuestas a la vez, cuando agoto una, cambio para la otra y se reanudan las fuerzas. Es una práctica profesional que viene de la ENIA. Era una escuela sui generis, basada en un plan de estudio que contemplaba el entrenamiento en la dirección escénica y la profundización en el trabajo del actor. Ahí aprendí a llevar de manera simultánea un ejercicio de actuación y otro de dirección; aquello se convirtió en una especie de metodología que, con el paso del tiempo, se ha perfeccionado, más bien enraizado y ya es parte de mi naturaleza.

“Avanzo desde hace tres meses en el montaje de Transeúntes, texto surgido a partir de una experiencia que tuve en 2009 con una trilogía de obras de Abelardo Estorino y en la cual aparece este dramaturgo como personaje. Espero se estrene en diciembre.

“El otro proyecto es ADN, coproducción entre el portugués Antonio Revez y su compañía Lendias d’Encantar, con quienes colaboro desde hace 15 años y el dramaturgo argentino Santiago Serrano. Esta propuesta la presentamos a Iberescena y, afortunadamente, dicha entidad internacional la aprobó para el período 2021-2022.

“Primeramente, Antonio y yo trabajamos con el dramaturgo en la concepción del tema, después en la dramaturgia. Serrano ha escrito una obra realmente hermosa que, entre otros asuntos, aborda el tema de la identidad.

“Vía Internet profundizamos en la investigación, a partir de sesiones de trabajo online que constituyen una experiencia inédita para todos nosotros y, a la vez, muy provechosa. Experimentamos que el teatro vive más allá de los tópicos establecidos y se reformula de modo increíble. Nuestros encuentros conforman un triángulo perfecto entre Argentina, La Habana y Portugal. Al principio era muy raro, pero ya todo fluye muy bien. El estreno debe ser para noviembre, en la sala Raquel Revuelta”.

–Desde hace algún tiempo incursiona en la realización de audiovisuales para la TV, ¿podría comentar esta experiencia?

–Vuelve a mirar se llama la telenovela que estrenará Cubavisión en junio y es el segundo proyecto que realizo como codirector. El primero fue En tiempos de amar, bajo la dirección general de Ernesto Fiallo. Estas son de las vivencias más interesantes de los últimos años. Después de 35 como director teatral, llegar a la televisión en calidad de realizador y participar en obras de 80 capítulos, es un aprendizaje extraordinario. Fiallo me ha dejado hacer, algo fundamental cuando uno quiere aprender, y he aprendido, esa es la realidad. He tenido mucha suerte.

“Teatro, el sentido de toda mi vida”.

– La obra del dramaturgo cubano Abelardo Estorino –incluida Parece blanca– forma parte esencial del repertorio activo del colectivo Teatro D’Dos. (Foto: ISMAEL ALMEIDA).

“Ahora mismo estamos en la prefilmación de otra telenovela, de 50 capítulos, no digo el título porque aún solo tiene el de producción. En cinco años, sería mi tercera obra audiovisual como codirector. Todos estos logros, los debo, y se lo agradezco, a Fiallo, quien conoce muy bien el lenguaje de la telenovela.

“Hace muy poco monté, en calidad de director general, La edad de la ciruela, del argentino Arístides Vargas, para unas emisiones de teatro en televisión, la cual debe trasmitirse a finales del actual año. Ha sido una etapa fructífera que ha precisado esfuerzos; la TV, en particular la telenovela, implica procesos largos, de muchas horas diarias, lo cual me ha obligado a trabajar sin descanso, porque después de esas jornadas vienen las sesiones del grupo en el teatro, que no he querido desatender en lo más mínimo, porque la escena es mi espacio natural.

“Mi sueño es retomar aquellos espacios de teatro en la televisión que con tanta maestría dirigieron Roberto Garriga Agramante, Antonio Vásquez Gallo, Loly Buján [nombre artístico de Dolores de los Ángeles Fernández Buján] y tantos otros. Tengo fe en que la TV cubana volverá de forma sostenida a esos proyectos tan valiosos para la cultura nacional y me dará la oportunidad de incorporar mis conocimientos sobre la escena y la realización audiovisual.

“Al principio te hablaba del tiempo y su paso, concretamente de los años dedicados al teatro, el sentido de toda mi vida. Su magia me ha formado y motivado cada vez más el deseo de dedicarme a una profesión que genera enseñanzas constantes y deviene laboratorio para aprender a vivir, a existir como ser social”.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez