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Publicado el 11 Junio, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: leer el cine

Acercamiento, desde la crítica cultural, a la importancia del arte fílmico y de la literatura, para la formación de valores éticos, estéticos y culturales que son imprescindibles en diferentes etapas de la vida
AQUÍ, LA TV: leer el cine.

La primera actriz Rosita Fornés demostró su calidad interpretativa en diferentes géneros dramáticos llevados al audiovisual. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Por SAHILY TABARES

En el siglo XXI el escenario mediático se transformó por la avalancha de experiencias interactivas o nuevos medios que satisfacen una buena parte de las necesidades comunicativas y de entretenimiento; no obstante, los clásicos continúan siendo referentes imprescindibles, lejos de pertenecer al pasado intranquilizan hoy en disímiles momentos de la existencia.

Según el dramaturgo Eduardo Manet: “Gracias a los realizadores de categoría, como Antonioni, Ingmar Bergman y Vinconti, el cine ha llegado a una intención y una profundidad equivalente a la de las grandes obras literarias. Este último utiliza en sus guiones la técnica de la novela y, aunque no manifiestamente, en su estructura interna, cada una de sus películas está dividida en capítulos”.

Toda actitud o situación humana tiene un marco convencional en géneros dramáticos, de ellos se nutren las ficciones fílmicas que, en dependencia del compromiso ético de guionistas y directores, fomentan la conciencia sobre la necesidad de forjar una cultura de justicia de género, respetar, amar la naturaleza y solidarizarse con los menos favorecidos, pues por doquier crecen el racismo, el culto a las armas, la violencia en múltiples variantes.

Asimismo, no olvidemos que los soportes electrónicos influyen en las dinámicas relaciones establecidas por las maneras de leer, incluso estas modifican mediaciones ejercidas de forma tradicional por la escuela, el maestro, la biblioteca. En ellas lideran confabulaciones entre el texto literario y el texto audiovisual, las cuales influyen en el crecimiento humano, sobre todo cuando se aprovechan las posibilidades creativas, técnicas, productivas, para captar el interés de las audiencias.

Las transformaciones de lo simbólico y de la producción de sentido propician comprender que hacer televisión demanda una reflexión diseñada desde un nuevo ecosistema comunicacional que articula ver, comprender, de manera participativa.

¿Cómo contrarrestar los filmes de fácil deglución que circulan por numerosas vías? Ante todo, es preciso privilegiar en la programación televisual narrativas de calidad artística. ¿Por qué la película del sábado continúa siendo un entretenimiento fatuo la mayoría de las veces? El espacio podría incluir melodramas o tragedias de clásicos o contemporáneos que hacen pensar en conflictos, situaciones de honda trascendencia en la vida cotidiana.

En exclusiva para BOHEMIA comentó en una oportunidad la nunca olvidada primera actriz Rosita Fornés: “He representado en el cine personajes que propician el disfrute y además hacen reflexionar sobre actitudes negativas. Cuando vemos en los otros valores falsos pensamos en los propios. Rectificar es de sabios”.

Descubrir “lo nuevo” en las cinematografías de otros países remite a miradas plurales que pueden promover energías liberadoras desde la condición artística, la cual abre horizontes, emancipa de lastres antiguos; incluso en ese proceso quizá surja más de una interrogante: ¿cómo puedo ser mejor ser humano? ¿Podemos conquistar el amor y la felicidad a pensar de las carencias materiales?

A veces, poner en juego las expectativas de audiencias emocionadas ha sido un leitmotiv en el diseño de escenas que definen el curso de una trama, revelan máscaras invisibles, denuncian la falsedad, la traición. Interpretar la dramaturgia, los valores de un filme, no se resume con la posición impresionista de me gusta o no me gusta, es esencial aguzar la inteligencia. Leer el cine implica saberes y superación constante.

El impacto de la televisión es significativo para persuadir mediante relatos e imágenes, susceptibles de acercarnos a preocupaciones y sinsabores, a partir de la intencionalidad de los implicados en la creación colectiva.

Lamentablemente no se celebró este año la Feria Internacional de Libro debido a la pandemia que afecta a Cuba y al mundo, entonces ¿por qué no hacer en la pequeña pantalla énfasis en títulos llevados a ella y que lo merecen?

Los valores éticos, culturales y estéticos no son solo contenidos para diseminar en los programas, sino también una práctica impostergable en nuestra televisión de bien público, dirigida al ciudadano. La esencia integradora de lo educativo y lo cultural nos enriquece para todos los tiempos, en cualquier etapa de la existencia.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares