0
Publicado el 16 Junio, 2021 por Delia Reyes Garcia en Cultura
 
 

RAÚL CASTRO. UN HOMBRE EN REVOLUCIÓN

Coincidencias

De la amistad entre Raúl Castro y Nikolai Leonov, y la admiración por la Isla de la Libertad, nace este libro revelador
Compartir

RAÚL CASTRO. UN HOMBRE EN REVOLUCIÓN.Por DELIA REYES GARCÍA

Chapotear agua en la pequeña piscina, aplaudir ruidosamente las canciones nostálgicas de los emigrantes italianos alojados en la bodega del barco o escandalizar al jugar el tenis, era algo común en los jóvenes, alistados en un cuarteto perturbador de la tranquilidad de la embarcación Andrea Gritti, que zarpó de Génova el 5 de mayo de 1953. Entre ellos, los guatemaltecos Bernardo Lemus Mendoza y Ricardo Ramírez de León, el cubano Raúl Castro Ruz y el soviético Nikolai Serguéievich Leonov.

Los latinoamericanos regresaban de Europa a sus respectivos países, luego de participar en la Conferencia Internacional sobre los Derechos de la Juventud, y colaborar en la preparación del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, que se celebraría en Budapest. El soviético, recién graduado del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú, viajaba a México para perfeccionar el idioma español y ayudar en la recopilación de información pública sobre los acontecimientos de la región.

“Este cuarteto resultó tan unido por la comunidad de puntos de vista, objetivos y planes, que sus integrantes fueron consecuentes con ellos durante toda la vida”, escribió Nikolai S. Leonov en su libro Raúl Castro. Un hombre en Revolución, al contar los orígenes de la entrañable amistad.

De lo sucedido al joven revolucionario a su llegada a Cuba, de cómo Nikolai salvó los rollos de fotografías tomados a Raúl; de lo que pasó después del asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, la amnistía a los presos políticos; el exilio y el reencuentro en México, las conversaciones con el Che Guevara, el obsequio de la Historia me Absolverá por parte de Fidel; una tarjeta de presentación que por poco hace zozobrar la expedición del yate Granma, las acusaciones de la embajada al joven diplomático por violar las normas de conducta, su vuelta a Moscú y el castigo; los vacíos informativos en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) sobre los logros del Ejército Rebelde en Cuba…, forman parte también de los relatos del autor.

El triunfo del 1o de enero de 1959, finalmente enfocó la atención del Kremlin hacia Cuba, “pero no sabía que vía utilizar para aproximarse a estos revolucionarios tan persistentes”. A propósito de la presentación ese año en México de la Exposición Logros de la URSS, Fidel Castro envió un emisario personal, solicitándole a Anastas Mikoyan, encargado de la apertura de la muestra, que la trajera a La Habana, y lo invitó a que la presentara.

Del 4 al 14 de febrero de 1960 se extendió la visita de Mikoyan a Cuba, quien sostuvo encuentros con Fidel y el Che Guevara, lo cual “colocó la piedra angular de la amistad soviético cubana para los próximos 30 años. Se tomó la decisión de restablecer relaciones diplomáticas, se firmó el primer convenio comercial, se concedió a Cuba un crédito por 100 millones de dólares, etcétera”.

En esa ocasión, Nikolai se encontró con Raúl, pero casi sin tiempo para recordar las épocas pasadas. Después del criminal sabotaje al barco francés La Coubre, cargado de armamento para la defensa, los cubanos dirigieron la mirada hacia el campo socialista.

Sin levantar sospechas
RAÚL CASTRO. UN HOMBRE EN REVOLUCIÓN.

Encuentro de Raúl con Nikita Jrushov en Moscú, julio de 1962

A mediados de 1960, Raúl viajó a Praga, invitado a participar en las Espartaquiadas de Verano. Allí, por orden expresa de Nikita Jruschov, secretario general del PCUS, y sin que las autoridades de la embajada soviética, ni las checas lo sospecharan, Nikolai contactó con el joven revolucionario para trasmitirle la invitación de visitar la URSS. “Él se puso muy contento, aunque me manifestó que debía consultar a Fidel y necesitaría un par de días”. El 17 de julio de 1960 llegó la delegación cubana a Moscú, procedente de Checoslovaquia. Era la primera visita de Raúl a la URSS.

El combatiente rebelde, designado desde octubre de 1959 al frente del nuevo Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), fue recibido allá de manera cordial y entusiasta por Jruschov, “quien sentía una sincera simpatía por la Revolución Cubana”.

Las conversaciones con “el mariscal Rodion Malinovski, ministro de Defensa; el mariscal Matvei Zajarov, jefe del Estado Mayor General; y Alexander Sheliepin, presidente del Comité de Seguridad del Estado, entre otros, fueron muy productivas y transcurrieron en un ambiente de comprensión mutua”.

La Unión Soviética propuso suministrar de manera gratuita medios técnico-militares, municiones y equipamiento necesarios para la defensa frente a las agresiones de Estados Unidos. Muy a propósito, pues nueve meses después la invasión mercenaria fue un hecho consumado al sur de la Isla, por Playa Girón.

Raúl no participó en esos combates, “siempre que existía peligro de agresión, por indicaciones directas de Fidel, se trasladaba a la provincia de Oriente para preparar el rechazo de cualquier desembarco enemigo en esa dirección”.

Crisis de los misiles

De acuerdo con datos obtenidos por la inteligencia soviética, después de la derrota de Playa Girón, “Estados Unidos se preparaba para desatar una invasión directa contra Cuba” y los enviados soviéticos Sharaf Rashidov y el mariscal Serguei Biriuzov, ambos candidatos al presídium del Comité Central del PCUS preguntaron a Fidel y Raúl qué se podía hacer para evitarlo.

“Fidel respondió que era suficiente con una declaración en la que se afirmara que una invasión a Cuba sería considerada como una invasión a la Unión Soviética. En esencia esto habría significado el inicio de la Tercera Guerra Mundial. Entonces, Rashidov y Biriuzov hicieron la propuesta de desplegar en Cuba cohetes de mediano alcance. Después de consultar con los principales dirigentes de la Revolución, el Che y Raúl, en primer lugar, Fidel dio su aprobación. Esto sucedió en mayo de 1962”.

Raúl viajó a la URSS el 2 de junio de ese año. “Durante dos semanas trabajó de conjunto con los dirigentes soviéticos y el alto mando de las fuerzas armadas en los planes relacionados con la operación que se gestaba, que más adelante recibió el nombre de Anadir. En Cuba dirigió los trabajos organizativos para la recepción, transportación y emplazamiento de los cohetes y también atendió el despliegue del gran número de tropas y medios técnico-militares soviéticos.

“Pero en cuanto Estados Unidos anunció el establecimiento del bloqueo naval militar a Cuba, al igual que siempre en estos casos, Raúl, cumpliendo instrucciones de Fidel, partió de inmediato hacia la provincia de Oriente.

“Como en otras ocasiones, también esta vez a él le correspondió enfrentar una difícil situación, ya que fue precisamente en Oriente, el 27 de octubre, cuando un cohete soviético derribó un avión de exploración estadounidense U-2, lo cual constituyó el momento más crítico de la crisis. Lo sucedido luego con las tensiones y el acuerdo Kennedy-Jruschov, sin previa consulta con Cuba, es harto conocido.

En su texto, Leonov reseña que “al finalizar la etapa más difícil de la crisis, Raúl regresó a La Habana y junto a Fidel participó en las conversaciones con Anastas Mikoyan, quien a su vez había recibido la misión de aliviar lo más posible la impresión negativa que habían dejado en los dirigentes cubanos y su pueblo las acciones unilaterales del Kremlin”.

El autor revela otros pormenores de suma valía sobre las evaluaciones posteriores de la Crisis de los Misiles que hicieron las autoridades cubanas, rusas y norteamericanas. En aquel momento, después del pacto, la URSS retiró los cohetes y las ojivas nucleares, pero dejó en Cuba gran cantidad de armamento convencional, una brigada motomecanizada desplegada a 18 kilómetros de la ciudad de La Habana que contribuyó a la instrucción del Ejército cubano y dio protección al Centro de Exploración Radioelectrónica, conocido como Lourdes.

Pocos meses después de aquellos acontecimientos, Fidel visitó la URSS, “en los meses de abril a junio de 1963; Jruschov le aseguró que su país estaba en condiciones de defender a Cuba, incluso sin la necesidad de emplazar armas nucleares en su territorio”.

Asegura el autor del libro que Jruschov se esmeró a cada momento en compensar su comportamiento torpe durante la fase final de la Crisis de los Misiles.

“La esencia humana de la amistad entre Raúl y yo no era algo a subestimar en todo este proceso. Tal vez, una manera de reconocer esta realidad fue el hecho de que Moscú me mandara a buscar cuando se produjo la primera visita oficial de Fidel a la URSS, en 1963, para que asumiera la traducción de las principales conversaciones e intervenciones públicas de este gran estadista durante los dos meses que permaneció en el país. Ya entonces, muchos consideraban a Raúl, como se dice, un ‘pro soviético’, y a mí, un arraigado ‘pro cubano’”.

Desencuentros
RAÚL CASTRO. UN HOMBRE EN REVOLUCIÓN.

Presentación del libro en La Habana.

A juicio de Nikolai S. Leonov, la segunda mitad de los años 60 estuvo matizada por muchos puntos de desencuentros. “Con la salida de Jruschov y la pérdida de influencia de Mikoyan, comenzó a producirse un cambio en las relaciones de la URSS con Cuba. Las generaciones siguientes de dirigentes soviéticos aceptaban a la Isla cada vez con más frialdad…”.

Mientras Cuba se alineaba al principio guevariano de crearle “muchos Vietnam” a los Estados Unidos, en la URSS Leonid Brezhniev promulgó la política de “coexistencia pacífica”.

Cuenta el autor que en su país la epopeya heroica del Che fue silenciada. Con un falso pretexto de enfermedad, las autoridades rusas retiraron de Cuba al embajador Alexander Alexeiev, quien mantenía profundas simpatías hacia la Revolución y en su lugar enviaron a Alexander Soldatov, “diplomático inflexible, desprovisto de tacto político en el trato con los líderes de la Revolución”.

Recuerda Leonov que “la incorporación de Raúl al Curso Académico Superior entre 1967 y 1968 generó muchas conjeturas en Moscú, pues lo apartaba de su trabajo principal. […]. Comenzaron a escucharse rumores de que en La Habana estaban separando de la política a los que eran partidarios de la colaboración con la URSS”.

El empeoramiento de las relaciones provocó medidas extremas, como la expulsión del segundo secretario de la embajada de la URSS y a varios periodistas de ese país, catalogándolos de “persona no grata”. Uno de ellos, Vadim Listov, era el corresponsal del diario Pravda, órgano oficial del PCUS. Estas personas mantuvieron frecuentes contactos con exdirigentes del viejo partido comunista cubano que habían sido separados de su trabajo por manifestaciones de sectarismo.

Asegura el autor del libro que durante los años de enfriamiento de las relaciones interpartidistas e interestatales con la URSS, Raúl Castro tuvo un papel importante en la comunicación política y militar entre La Habana y Moscú “que resultaba vital para garantizar la disposición combativa y la seguridad de su país. Sabía con qué facilidad en la política las pequeñas discrepancias generan otras de mayor peso, hasta que los acontecimientos adquieren características de avalancha y después son irreversibles”.

Lo esencial es invisible

Nikolai S. Leonov abandonó el trabajo operativo en 1971 y se dedicó a la labor informativo-analítica. Dos años después fue nombrado jefe de la Dirección de Información y Análisis de la Inteligencia Exterior soviética. Durante ese tiempo, “Cuba nunca salió de mi corazón”.

Volvió a encontrarse con Raúl en 1974, a raíz del viaje de Leonid Brezhniev, acompañando como traductor y consultante al ministro de Relaciones Exteriores, Andrei Gromiko. “Los funcionarios del Comité Central del PCUS veían con celo mis contactos con los dirigentes cubanos y trataban de apartarme de la personalidad principal”.

Al siguiente año (1975), “en la URSS las cosas parecían tan exitosas en lo externo que decidí ‘zambullirme’ y escribir un libro sobre Fidel Castro”. El Comité Central del PCUS dio luz verde al proyecto y el autor recibió una respuesta favorable de Raúl. A finales de 1978 viajó a La Habana y estuvo tres meses recopilando el material para el libro Fidel Castro. Biografía Política.

Pero lo esencial, casi siempre, permanece camuflado a la vista y al sentido común. Al finalizar la década del 70, valora en su libro Nikolai S. Leonov, “la Unión Soviética comenzó lenta, pero inexorablemente, a tener dificultades, que a la postre la condujeron a su desintegración”. De las consecuencias para la pequeña Isla del Caribe de esos sucesos, también escribe Leonov en su libro.

Otra vez viajó a Cuba en 2013 con motivo de las celebraciones por el aniversario 60 del asalto a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo. Sentado en el enorme polígono del cuartel Moncada pasó por la cabeza de Nikolai una idea: “¿Acaso no vale la pena resumir lo vivido en un libro?”.

Las motivaciones para emprender esa obra fueron creciendo. Grabadas en su memoria tenía unas palabras de Raúl, de su discurso por el Aniversario XX de la creación del Segundo Frente Oriental, el 11 de marzo de 1978: “Fuimos capaces de hacer la historia, pero hasta el presente, hemos sido incapaces de escribirla”.

Así nació Raúl Castro. Un hombre en Revolución, una obra hecha con apego estricto a la verdad, reto que Nikolai S. Leonov asumió para llenar en parte ese vacío.

Leonov, el “pro cubano”

Nicolai Seguéievich Leonov (Almazovo, Rusia, 1928). Es teniente general en retiro, Doctor en Ciencias Históricas y profesor titular de la Cátedra de Trabajo Diplomático del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú. Era jefe de la Dirección de Análisis del Comité para la Seguridad del Estado de la URSS cuando solicitó su jubilación al desaparecer la URSS en 1991.

Fue diputado a la Duma Estatal de Rusia por el bloque “Patria”, entre los años 2003 y 2007. Ha escrito numerosos artículos en publicaciones seriadas y ocho libros, entre ellos una biografía política de Fidel Castro. Ostenta varias medallas y condecoraciones, incluida la Orden Ernesto Che Guevara de primer grado, otorgada por el Consejo de Estado de Cuba.

Su libro Raúl Castro. Un hombre en Revolución, fue publicado en 2015 por la Editorial Capitán San Luis.

 

Compartir

Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia