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Publicado el 4 Junio, 2021 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

TEATRO

El reto de estar y existir

Prácticas y lenguajes de la creación escénica en el presente, a propósito de una reciente cita de teatristas, en el espacio virtual, organizada por la Casa de las Américas
El reto de estar y existir.

La versión para la TV de la obra Hierro, del colectivo cubano Argos, inspirada en la figura de José Martí, participó recientemente en la plataforma online del Festival Cervantino de México. (Foto: cubadebate.cu).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Amanecer, vivos y sanos, ha sido la gran proeza en estas jornadas devastadoras en medio de la pandemia. Sobrevivir a la muerte, a la soledad por un distanciamiento forzoso y apremiante, al colapso de nuestras economías globales y/o individuales, deviene reto.

En este panorama, la energía sanadora del arte y la cultura procuran nuevos bríos en nuestra región, pese a que afloran las profundas discrepancias de un modelo político-económico sustentado por gobiernos neoliberales y neofascistas. De todas las manifestaciones artísticas, es el teatro una de las más laceradas en tan abrumador contexto. Su carácter efímero y esencialmente colectivo, la relación entrañable que se suscita entre creador-obra-espectador se ha visto vulnerada por la imposibilidad de disfrutar espectáculos en escenarios convencionales o al aire libre, tras el cierre de salas, coliseos y otros espacios.

Quienes atizan el fuego de este gremio en el área han generado una pluralidad de soluciones para no dejar sucumbir la manifestación como arte y filosofía de vida, sin desestimar las particularidades de las disímiles culturas e identidades autóctonas. Así lo reveló el Encuentro de Teatristas Latinoamericanos y Caribeños Escena y Desafíos, convocado por Casa de las Américas y trasmitido desde  plataformas digitales.

A igual que su par primigenio, celebrado hace cuatro décadas, el actual evento acogió a notables actores, actrices, dramaturgos, teatrólogos, críticos, de varias naciones, quienes reflexionaron y compartieron experiencias de trabajo relacionadas con el impacto de la pandemia en sus modos y prácticas de creación y las consecuentes transformaciones en el consumo cultural.  El jolgorio que, en épocas atrás, representaba concebir poéticas sugerentes en diálogo constante con las realidades sociales y culturales, se ha alterado para dar paso a paradigmas inéditos y formas novedosas de apreciar y asumir el arte de las tablas.

No cabe duda de que, en la mayoría de las naciones caribeñas y latinoamericanas, la clausura de los espacios independientes cercenó todo resquicio de crecimiento espiritual para hacedores y adeptos; y a la vez, dejó sin posibilidades de subsistencia a miles de artistas, quienes quedaron sin empleo y totalmente desprotegidos por sus gobiernos; una realidad varias veces denunciada  desde el inicio de la emergencia sanitaria por diferentes activistas sociales, colectivos, instituciones culturales, principalmente por la Casa de las Américas, mediante la revista Conjunto, su publicación especializada en artes escénicas.

Para paliar esta contingencia de “muerte súbita y temporal del teatro”, como lo denominara la actriz, dramaturga, poeta, directora teatral colombiana, Patricia Ariza, muchos grupos optaron por las puestas en formatos reducidos, unipersonales de dos o tres minutos de duración, difundidas a través de las redes.

El reto de estar y existir.

El Festival de Teatro Alternativo-Festa, fundado hace más de 20 años, llegó al escenario virtual para continuar legitimando la dramaturgia colombiana. (Foto: cartelurbano.com).

Millones de espectadores ávidos de un nuevo reencuentro con la escena abrazaron con agrado la convocatoria a festivales de relevancia local y global, cuyo elemento renovador fue precisamente el espacio virtual, aliciente que atempera añoranzas y presencias postergadas.

Tales iniciativas, junto a conferencias online, la organización de grupos de opinión en Internet, han incentivado la unidad del gremio y a la vez, generado recursos expresivos diversos y válidos, desde una interpretación del arte teatral que atiende más al creador, como ser humano y social, que al propio acto de creación.

El contratiempo de crear en soledad movilizó y reactivó el sentido de resistencia que caracteriza a lo más genuino del movimiento teatral regional. En Colombia, donde la crisis pandémica ha estado acompañada por contradicciones políticas, económicas y sociales de envergadura, el arte y la cultura en general se han comportado como pendón en medio del terror desatado por el Gobierno para frenar las movilizaciones populares.

Otros tipos de violencia, como la doméstica y de género, también se exacerbaron en estos tiempos y se convirtieron en fuente de inspiración para los teatristas, desde el escenario virtual, y en un método de acompañamiento y visibilización de las comunidades vulnerables.

Nuestros pueblos no han quedado exentos de la guerra cultural emprendida por la hegemonía de las megaindustrias. En Brasil, por ejemplo, este fenómeno ha implicado ataques físicos y hasta asesinatos a activistas y movimientos sociales, en agresiones coordinadas y simultáneas hacia muchos frentes (agencias de investigación científica, grupos indígenas, cines, teatros).

Cuba también ha sido objeto de embestidas en el ámbito mediático y de la cultura, articuladas desde Miami y rechazadas por la inmensa mayoría de los artistas. Pese a las afectaciones y el recrudecimiento del bloqueo, el Estado cubano continúa promoviendo las formas y expresiones artísticas a nivel de toda la población, las cuales circulan en el actual escenario a través del uso eficiente de las tecnologías de la información y la comunicación, y el diseño y puesta en marcha de diversas alternativas en las que el teatro no ha quedado excluido.

La trasmisión, por la TV nacional, de un conjunto de puestas en escena de resonancia, a cargo de colectivos de primera línea –aun en un entorno simulado, no del todo propicio para el teatro–complace a un sector importante de la sociedad. Asimismo ocurre con los montajes breves concebidos desde el confinamiento del hogar, en especial unipersonales, y difundidos por las redes. Lo anterior alude a condiciones laborales y profesionales más favorables para los creadores antillanos.

No cabe duda de que, amén del saldo de tragedia y muerte que ha dejado –y dejará– la covid-19, y las profundas crisis en todas las esferas de la vida humana, esta pandemia ha sido el catalizador para emprender poéticas, diálogos, recursos expresivos y obras tan renovadoras e impactantes como la medida misma de los tiempos que corren.

“Cuando se abran las salas seremos los mismos, pero seremos otros, el público y la sociedad, y habrá que encontrar un lenguaje diferente que nos pueda identificar y representar. Todas las grandes crisis dejaron una vanguardia de cómo vernos en esa diferencia, y tendremos que expresarlo de todos los modos posibles. De ahí saldrán grandes obras”, ha dicho el dramaturgo y líder de la compañía cubana Argos Teatro, Carlos Celdrán; la vida y el tiempo le darán la razón.


Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez