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Publicado el 8 Junio, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Estremecer con el personaje

Reflexiones sobre los valores culturales de las ficciones que alertan contra males sociales, incomprensiones, disgustos familiares, y colocan en el centro de atención actitudes positivas en el seno familiar
Estremecer con el personaje.

El narrador y poeta Miguel Barnet ha destacado la verosimilitud que debe caracterizar al protagonista de cualquier relato. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Por SAHILY TABARES

La polisemia del verbo contar es significativa, lo que no se cuenta o visibiliza, no existe. La mundialización de la cultura trajo a la palestra un conjunto de objetos: jeans, artículos de la cadena McDonald´s, imágenes de estrellas cinematográficas. Estos han dejado de ser imposiciones exógenas, forman parte de la memoria colectiva. La industria cultural tiene en el audiovisual uno de sus poderosos instrumentos financieros de mundialización; muchas personas intentan escapar de las seducciones impuestas por ella, pero no siempre pueden lograrlo, dada la avalancha de productos concebidos para la fácil deglución que estimula el ocio.

En el siglo de las tecnologías y los artefactos de la Información aún lideran la memoria, la palabra, a pesar del afán consumista. Ha surgido un nuevo perfil emergente: el ciudadano usuario de los medios, que se caracteriza por ser más participativo en tanto productor y consumidor de contenidos en las redes.

Los directores de largometrajes, cortos, telenovelas y otras narraciones seriadas llevan a la TV tradicional hechos, conflictos, situaciones, al concebir realidades-otras, y proponen indagaciones en problemáticas de interés para las mayorías.

Ninguna propuesta debe ser un compendio sociológico edificante; sin abandonar la intención reflexiva, de ningún modo se pueden obviar los valores axiológicos, estéticos, de honestidad artística, el balance de provocaciones.

De acuerdo con la doctora en Ciencias Psicológicas Carolina de la Torre: “Las personas no solo son cómplices de nuestras narraciones y construcciones personales, sino transmisores de valores sociales, costumbres, interlocutores en el proceso de asimilación activa de la herencia socio-histórica-cultural y de los grupos humanos en el proceso interactivo de las identidades individuales y sociales”.

Experiencias ficcionales generan identificaciones con las audiencias, por ejemplo, la telenovela cubana La cara oculta de la luna (retransmitida por Cubavisión, martes y jueves, 8:45 p.m.), en la que se colocan en el centro de atención el alcoholismo, los negocios ilícitos, las incomprensiones entre generaciones, las soledades, las pérdidas. La oportunidad de volver a ver en pantalla estas preocupaciones incentiva el análisis por parte de la familia reunida en el hogar.

Sin duda, los creadores deben seguir insistiendo en el abordaje y la transmisión de actitudes positivas y normas de conducta implícitas en relatos concebidos para disfrutar, de forma productiva, del entretenimiento.

El incremento de la culturalidad –entendida como los procesos que producen significados valiosos–, es imprescindible, nunca puede ser silenciada, ni olvidada.

Son ineludibles, asimismo, la esmerada atención a los diálogos, la capacidad de reconocer el ingenio dramatúrgico, la interpretación actoral; estos elementos no son privativos de artefactos sofisticados, épocas o países, sino de quienes tienen la misión de hacer arte en el audiovisual.

En tal sentido es elocuente la aseveración del narrador y poeta Miguel Barnet: “Hay que cuidar sobre todo la autenticidad del protagonista, sacándolo de esa caja de cristal en que muchos novelistas encierran a sus personajes. Lo que ocurre, pues, es que los personajes quedan como caricaturas, esperpentos, y lo más que comunican es una alegoría y nunca un estremecimiento real”.

Las ficciones están abiertas a situaciones e incertidumbres, las cuales requieren de la inteligencia alerta para comprender mensajes, intertextualidades que interpretan al usuario de los medios, le transmiten filosofías carentes de inocencia.

Siempre la TV establece relaciones de complicidad, cercanía, en las cuales poco reparamos, aunque está ahí, hablándonos, mirándonos a los ojos, y entra en nuestra intimidad sin recato. En ella, predomina la sensación de inmediatez, una manera de expresar lo cotidiano.

Sin los públicos masivos tampoco se desarrolla la cultura contemporánea. Con independencia de los diferentes modos de ver y apreciar de la familia, esta debe continuar discriminando entre los productos comunicativos, seguir inmersa en ese proceso dinámico que hasta a la industria toma por sorpresa. Los valores culturales, formativos, nunca pueden ser desplazados, pues desde la niñez le dan sentido a la vida. Pensemos en esto.


Sahily Tabares

 
Sahily Tabares