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Publicado el 10 Junio, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Pelea por la defensa de la Patria

Valoraciones sobre el aniversario 60 de Palabras a los intelectuales y de una organización de trascendencia social devenida laboratorio de ideas para un arte y una literatura renovados
Pelea por la defensa de la Patria.

“Trabajen por hacer realidad todo lo que entiendan que aportará al bien de la nación”, destacó Miguel Díaz-Canel en el noveno congreso de la Uneac.

Por SAHILY TABARES

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

La cultura es una dimensión indisoluble, vital, del desarrollo. En ella siempre ha estado la clave de la resistencia de la Revolución Cubana frente al poder global del capitalismo liderado por la potencia imperialista del Norte. Medulares asuntos que atañen a la sociedad han primado en la labor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, fundada el 22 de agosto de 1961.

Durante seis décadas la organización, que actualmente preside Luis Morlote Rivas, creció como resultado de las promociones de nuevos valores fomentados por la política cultural, la cual se ha desarrollado desde las Palabras a los intelectuales –el histórico pronunciamiento de Fidel ante escritores y artistas en 1961– y destaca cualidades del pueblo cubano.

Aún están vigentes los intercambios y la búsqueda de respuestas viables a asuntos contemporáneos, las cuales fueron incentivadas en el noveno congreso de la Uneac, en junio de 2019, que clausuró Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República.

Pelea por la defensa de la Patria.

La poeta Nancy Morejón ha reconocido el impacto que en su desempeño intelectual ha tenido la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Reflexiones y análisis de prestigiosas figuras propician traerlas al presente. Las comparte, en una exclusiva para BOHEMIA, la poeta Nancy Morejón: “Durante mi adolescencia y primera juventud, las Palabras a los intelectuales se convirtieron en un surtidor de los valores éticos y las ideas de esa época en relación con las artes. Fue un discurso clave, recordado.  Siempre que me han pedido un comentario al respecto, subrayo el hecho de que no estuve presente en las jornadas de la Biblioteca Nacional que precedieron al primer congreso de escritores y artistas, en cuyo seno naciera la Uneac. Esa ausencia nunca impidió una aproximación sistemática, enriquecida, al proyecto cultural que anunciaban.

“Tengo todavía en mi mente una expresión de Fidel que decía, más o menos: ‘Los contrarrevolucionarios, es decir, los enemigos de la Revolución, no tienen ningún derecho contra la Revolución, porque la Revolución tiene un derecho: el derecho de existir, el derecho a desarrollarse y el derecho a vencer’. Luego, toda la riqueza de aquellos debates fue simbolizada en la célebre frase: “Dentro de la Revolución todo: contra la Revolución nada”. Esa frase sufrió todo tipo de manipulaciones para desviar la legítima esencia de su naturaleza. Hoy, esas palabras tienen una asombrosa vigencia. Han sido varias las generaciones que han podido crear a su amparo”.

La también Premio Nacional de Literatura precisa su experiencia junto a Nicolás Guillén, primer presidente de la organización: “Conocía su obra, sobre todo por un poemario emblemático, El son entero, de 1947, que se publicó en Buenos Aires, Argentina, cuya primorosa edición recibió un premio especial ese mismo año por un jurado que integrara el escritor Jorge Luis Borges. El dato aparece en la primera edición de la biografía de Ángel Augier sobre Guillén. Mi padre conservó un ejemplar de esta última en su humilde biblioteca. Era un nombre sagrado en el ámbito familiar.

“Muchos años después, precisamente en 1961, haciendo un paréntesis en mis labores como alfabetizadora, tropecé con Nicolás Guillén, personalmente, en la playa de Santa María del Mar, en las afueras de La Habana. Andaba yo de guía de una delegación de ferroviarios franceses, participantes en un congreso mundial dedicado al transporte, auspiciado por la CTC.

“Uno de los integrantes, al reconocer a Guillén entre los invitados, se me acercó y me pidió que los acompañara para saludar al poeta camagüeyano que había tenido el privilegio de conocer durante su exilio parisién. Él me extendió su mano, sin yo esperarlo, y la estreché explicándole la petición de los visitantes. Con una sonrisa espléndida, aceptó. Cuál no sería mi sorpresa cuando Guillén comenzó a hablar un francés tierno y fluido como los ríos de sus poemas. Ostentaba un cierto acento hispano con el que sustituyó, sin saberlo, mis funciones de traductora que anuló por completo. Fue una conversación inolvidable.

“Quién me hubiera dicho que sería él un objeto de estudio constante en mi carrera literaria. Con orgullo casi infantil he declarado que trabajé a su lado, en su oficina oval, junto a seres tan queridos como Alfredo Nodarse y Sara Casal. No podría explicar mi trabajo intelectual sin remitirme a aquella vivencia única”.

Sin ocultar emociones comparte una significación vital: “En los bellos jardines de la Uneac se complementó la formación académica que había adquirido en las aulas universitarias de la Escuela de Letras, justo entre 1962 y 1966. Teniendo en cuenta el papel que desempeña la cotidianidad en cualquier creadora, he pensado sobre el hecho de que en su sede coincidieron diferentes personalidades y estéticas.

“Ruperto Jay Matamoros, un artista primitivo entrado en años, siempre repetía: ‘Ustedes tienen, desde temprano, ahora, lo que nosotros no pudimos tener’. Pablo Armando Fernández –quien, por cierto, descubrió y abrió las rejas de la casa de 17 y H, en El Vedado–, Lisandro Otero, Roberto Fernández Retamar, José Rodríguez Feo –inefable editor cubano– José Lezama Lima, Graziella Pogolotti, Odilio Urfé y Virgilio Piñera, entre muchos otros, contribuyeron a la afinación de mi sensibilidad. Sin la Uneac mi escritura no hubiera tenido el aire que respira hoy”.

Del ser y el acontecer
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Digna Guerra, Premio Nacional de Música, defiende la calidad artística de la que se escucha en todos los espacios.

Según reconocen intelectuales y artistas, la organización es una polea transmisora de ideas, necesidades, valoraciones, que la sociedad cubana expresa en diferentes escenarios.

La maestra Digna Guerra ha llamado la atención sobre el desastre musical que contamina el espacio sonoro en algunas guaguas. Y el notable tresero Pancho Amat insiste en el cuidado de las raigambres y la renovación de la música contemporánea.

En una entrevista para nuestra publicación, el pintor y crítico de arte Manuel López Oliva aborda la repercusión de la Uneac en la nación cubana:

“Los numerosos profesionales que conforman su membresía no podrán dejar de ser lo que son: resultados de una historia, una idiosincrasia antropológica y cultural compleja, una sociedad heterogénea. Constituye una agrupación abarcadora, que va más allá de escritores y artistas, asumiendo a otros hacedores, estudiosos, propulsores de distintas ramas de la cultura, con funciones distintivas dentro de la primera. Así, los numerosísimos rasgos y las distintas necesidades inherentes al panorama social se tornan, de hecho, razón de ser fundamental de la existencia de la Uneac. Por eso han sido innumerables las esferas de actividad, los sucesos y espacios simbólicos de la vida del país que han contado con la presencia aportadora de nuestra organización, a la vez gremial y social.

“Sería necesario una especie de introspección institucional para poder enumerar los múltiples hechos y productos del trabajo extendidos socialmente. Labores ancilares artísticas en movilizaciones publicitarias, cultura comunitaria en barrios urbanos y rurales, preocupación constante por la estética de los ambientes vividos, ediciones de libros, revistas asequibles a la población, espectáculos de entretenimiento cultural, actividades recreativas para el espíritu, eventos públicos de arte y literatura o de ciencias sociales, exposiciones de artes visuales, conciertos de todo tipo de música, puestas en escena para distintas edades, ciclos de conferencias, paneles, debates de pensamiento, constituyen variables de un hacer ininterrumpido en todas las provincias y por distintos canales, destinado a mejorar los hábitos sociales, cultivar a las gentes, formar públicos, como indicara Marx: ‘humanizar las circunstancias’”.

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Caridad Martínez, Premio Nacional de Radio, destaca la importancia de los jóvenes en un medio que transmite mensajes de valor simbólico.

Caridad Martínez, Premio Nacional de Radio y Maestra de Juventudes, destaca la gran influencia de los medios de comunicación en el país, aun cuando se incrementa con celeridad la presencia de otros soportes comunicativos. Y enfatiza: “La programación debe exhibir mayor coherencia, privilegiar los espacios que han probado su valía cultural, estructurarse mucho más como un sistema que aglutine todos los canales y estaciones radiales”.

Conquistar nuevas maneras de elevar las potencialidades y la espiritualidad de las personas, combatir a golpe de ideas e inteligencia las ansias imperiales, es un llamamiento reiterado de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, cuya editorial publica ensayos, narrativa, poesía, entre otros géneros, los cuales nutren los procesos cognoscitivos y los saberes.

Desde la perspectiva de los intelectuales Abel Prieto y Miguel Barnet, hoy presidente de honor de la Uneac, “es preciso lograr que la calidad de vida del pueblo se enriquezca con un disfrute de un tipo de cultura que haga ascender la condición humana”.

Pelea por la defensa de la Patria.

Miguel Barnet, presidente de honor de la organización, y Abel Prieto hacen énfasis en el disfrute de una cultura que haga ascender la condición humana.

Ambos consideran que mediante la articulación de las más altas expresiones culturales, tomando en cuenta siempre nuestro patrimonio y las posibilidades inéditas de los nuevos desarrollos tecnológicos, la Uneac está en el deber inexcusable de apoyar y promover la auténtica cultura nacional.

Una pelea perenne por la Patria fortalece el sentido de la organización en su aniversario 60. Perdura la unidad dentro de una diversidad de estilos y tendencias estéticas que garantizan la libertad de expresión, basada no solo en valores subjetivos, sino en principios éticos, morales.

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El maestro Manuel López Oliva es un profundo martiano.

 

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Olga Marta Pérez dirige la editorial Unión, que se distingue por la diversidad de temáticas y estéticas.

 

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Para Pancho Amat “resulta esencial revisitar las raigambres desde una perspectiva renovadora”.


Sahily Tabares

 
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