0
Publicado el 30 Junio, 2021 por Pastor Batista en Cultura
 
 

Te doy mi palabra

A 60 años de aquel histórico discurso, imposible no expresar en breves párrafos, lo que, a su manera pero en ceñida síntesis, hoy le diría el creador cubano, revolucionario, al Comandante en Jefe
Compartir
Aniversario 60 de Palabras a los intelectuales.

Foto: bohemia.cu

Por PASTOR BATISTA VALDÉS

A ti, que continúas ahí, poniendo en nuestros oídos palabras, ideas, fórmulas mágicas, de esas que tranquilizan y multiplican a los buenos, y que exasperan cada vez más a quienes odian y dividen…

Te doy mi palabra de que voy a seguir haciéndolo todo por Cuba, por nuestra Revolución, y absolutamente nada en contra de ella.

Que jamás olvidaré lo que hace 60 años, en intercambio con aquellos intelectuales, dejaste más claro que el agua: “… porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir… por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera.”

Que por difícil que se torne el camino o infranqueables parezcan los obstáculos nunca perderé el optimismo. Si no, qué sentido tendría lo que aquel 30 de junio de 1961 nos aconsejaste al afirmar: “… sin ser optimista no se puede ser revolucionario, porque las dificultades que una Revolución tiene que vencer son muy serias.  ¡Y hay que ser optimistas!  Un pesimista nunca podría ser revolucionario”.

Te doy mi palabra de que conmigo no va la incertidumbre, a la que hiciste tan clara referencia al decirnos: “…el campo de la duda no queda ya para los escritores y artistas verdaderamente revolucionarios… queda para los escritores y artistas que sin ser contrarrevolucionarios no se sientan tampoco revolucionarios.”

Puedes estar seguro de que, seis décadas después (después de tanta y tantas tempestades) sigo convencido de que –a diferencia de lo que entonces preocupaba a algunos intelectuales- en mi Cuba no ha faltado, y sigue habiendo, libertad para la creación artística.

Caramba… cómo se le podría ocurrir a alguien pensar o decir lo contrario, habiendo vivido lo hasta hoy vivido o releyendo, aún caliente, cada línea de aquel (este) párrafo: “Permítanme decirles en primer lugar que la Revolución defiende la libertad, que la Revolución ha traído al país una suma muy grande de libertades, que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades…”

Te prometo, además, que, conforme al cubanísimo consejo dado aquel día, esté donde esté y cómo esté, no voy a desperdiciar la posibilidad que enero de 1959 abrió para todo artista, periodista e intelectual de “ser más que espectadores… ser actores de esa revolución, de escribir sobre ella, de expresarse sobre ella”.

¡¿Y miedo?! ¡Ninguno! ¿A qué? ¿A quién? Mucho menos con la pacífica pero mortal arma de la verdad en ristre.

Porque solo un desmemoriado o desagradecido olvidaría las palabras que antecedieron a aquella cerrada ovación cuando sentenciaste:

“…a lo que hay que temerle no es a ese supuesto juez autoritario, verdugo de la cultura, imaginario, que hemos elaborado aquí.  Teman a otros jueces mucho más temibles: ¡Teman a los jueces de la posteridad, teman a las generaciones futuras que serán, al fin y al cabo, las encargadas de decir la última palabra!”

Compartir

Pastor Batista

 
Pastor Batista