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Publicado el 15 Julio, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV: juego con las expectativas

Acercamiento dramatúrgico a series que motivan reflexionar sobre la relación entre lo real y la ficción, nexo indispensable para conocer mejor los conflictos y la vida de las personas, sin límites de edades o países
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AQUÍ, LA TV: juego con las expectativas.

La primera actriz Eslinda Núñez defiende el estudio consciente de cada personaje. A su lado, el actor Enrique Molina. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

Por SAHILY TABARES

Micrófonos y artefactos tecnológicos se multiplican por todo el planeta a una velocidad impensada. Lo “real”, según parece, depende de cómo la comunicación massmediática lo reconstruye o construye. Múltiples concepciones recorren largos itinerarios. La información y el entretenimiento se entregan a domicilio. Según anticipó el guionista cinematográfico italiano Césare Zavatini en 1959 al visitar Cuba: “Algún día cada individuo poseerá una cámara tan fácil de manejar como las estilográficas”.

También cambia la televisión tradicional, sobre todo por los nuevos modos de acceso a contenidos audiovisuales que atraen, en especial a las jóvenes generaciones. Todos necesitan ver/escuchar relatos verosímiles en la pantalla, no importa si estos guardan fidelidad total al diario acontecer.

Imposible olvidar al escritor argentino Ricardo Piglia cuando dice: “Todas las historias del mundo se tejen en la trama de nuestra propia vida. Lejanos, oscuros, son mundos paralelos, vidas posibles, laboratorios donde se experimenta con las pasiones personales”.

En definitiva, de “mentira” y de “verdad” las narrativas ficcionales nos enfrentan al carácter inexorable del fin, a las incomprensiones, el desasosiego, la felicidad y las íntimas convicciones.

Directores y guionistas aprovechan dicho acervo para crear en series y temporadas sucesivas lo que ocurre en la existencia o pudiera suceder, depende de cómo esa narración descubre, percibe, describe, atrapa, algo olvidado o la visión de cierta “realidad” desconocida.

Una y otra vez vuelven a la TV cubana las ficciones y los personajes-tipo que juegan hasta la saciedad con las expectativas del espectador, por solo mencionar algunos: los de Las chicas del cable (Cubavisión, sábado, 9:15 p.m.) y La ilusión (Multivisión, martes y jueves, 8:50 p.m.).

¿Qué los une, emparenta o diferencia? Han sido pensados para seducir a los públicos. En ellos se asume el riesgoso planteamiento de las emociones, buscan que al final de cada capítulo se revele un secreto, el cual está cifrado en la sucesión de hechos, conflictos, circunstancias; colocan ante los ojos de las personas la fatalidad y un efecto trágico.

Como en toda estructura dramática, ambos relatos mantienen activos los bandos en pugna que luchan por una presa codiciada, pretenden cambiar un criterio o evacuar una incógnita; y en el capítulo o la escena requeridos, proponen un desequilibrio a favor de uno u otro bando, de lo contrario la monotonía resultaría insoportable.

De ningún modo basta seguir al pie de la letra estos designios dramatúrgicos, en todas las series contar historias interesantes exige dominar requerimientos estructurales, del género, lo cual implica definir atmósferas, dirigir actuaciones y, en general, concebir el arte de la puesta que siempre demanda artisticidad, pues no son suficientes las buenas ideas y el interés de atrapar a la mayoría.

En opinión de la primera actriz Eslinda Núñez: “Los intérpretes tenemos que convencer, por esto es esencial entrar en el alma y en la piel de cada personaje. Estudiarlo hasta la saciedad, no existe otra forma de lograr organicidad”.

Sin duda, la experiencia audiovisual de la TV replantea los modos de establecer vínculos con la construcción de la realidad, las ficciones tienen mucho que enseñarnos sobre la vida y para lograrlo una de las claves está en contar relatos auténticos destinados a establecer el diálogo y la reflexión de las audiencias.

Como afirma Piglia: “Narrar es el arte de presentir lo inesperado, de saber esperar lo que viene, nítido, invisible, como la silueta de una mariposa contra la tela vacía”.

No se aprenden por ósmosis los saberes, estos requieren estudios, investigaciones, lecturas que en mensajes de bien público el medio televisual propone, motiva, estimula. Pensemos en esto.

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Sahily Tabares

 
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