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Publicado el 4 Agosto, 2021 por Dariel Pradas en Cultura
 
 

ARTES VISUALES

El regalo de Cuba para el mundo

En el Palacio Marqués de Arcos, en La Habana, surge la nueva Sala de la Fotografía, que expone la evolución de las técnicas y los procesos de dicha arte
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El regalo de Cuba para el mundo.

Foto: DARIEL PRADAS

Por DARIEL PRADAS

Cuatro daguerrotipos en fila, y cuatro rostros contemporáneos con los de nuestros tatarabuelos, o con los de los padres de ellos, quizás. En un primer vistazo, destaca el retrato de un hombre ataviado de traje y corbata de lazo; luego, una pareja decapitada por una niebla de siglo y medio y ciertos avatares de la conservación museística; otro adulto, esta vez sentado; y una imagen totalmente ennegrecida, típica del proceso fotográfico inventado por Louis Daguerre, cuyas imágenes, impregnadas en placas de cobre recubiertas de yoduro de plata, eran muy propensas a deteriorarse al entrar en contacto con el aire, o a combustionar casi ante cualquier reacción. De ahí que, a mediados del siglo XIX, así como en la presente muestra, los daguerrotipos se mantuvieran sellados y protegidos tras un cristal, y se guardaran en estuches elegantes.

En el resto de la sala-museo hay más fotos y cámaras que, complementadas con infografías, ilustraciones y textos, describen la evolución de la industria fotográfica desde sus inicios.

El regalo de Cuba para el mundo.

En los días previos, el equipo de la Fototeca Histórica estuvo dedicado completamente a la inauguración de la Sala. (Foto: DARIEL PRADAS).

Solo faltaría mencionar que, tanto en un centro de mesa, como en vitrinas de las paredes, se exhiben piezas antiquísimas. Por ejemplo, binoculares de madera que son en realidad las cámaras estereoscópicas que comercializó el escocés David Brewster a partir de 1851, 12 años después del “milagro” de Daguerre, también publicitado como “el regalo de Francia para el mundo”.

Las muestras recorren la historia y entonces aparece, entre pieza y pieza, la Kodak 100 Vista creada por el químico neoyorquino George Eastman, de 18 cm de largo, con carrete de papel de 100 exposiciones –que sustituyó las placas de cristal empleadas hasta ese momento– y una velocidad de obturación de una veinticincoava parte de segundo (1/25 fracciones de segundo). Esa cifra se considera lenta para el estándar actual, pero esto fue en 1888.

“Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto”, decía el eslogan de la campaña promocional para dicho producto. Y en efecto, a partir de este dispositivo y, tras el carrete de celuloide –un invento más de Eastman–, el uso de la fotografía se popularizó.

Otra cámara icónica fue la Kodak Brownie, lanzada a principio del siglo XX, de la misma marca, pero más barata y masiva. O la firma alemana Leica, con sus rollos de formato de 35 milímetros. También la Polaroid y sus fotos de revelación instantáneas. Todo eso está expuesto en la recién inaugurada Sala de la Fotografía.

La técnica y no solo el arte
El regalo de Cuba para el mundo.

Gloria Álvarez Frigola, especialista de la Fototeca Histórica, se encargó de la curaduría; entre otras cosas. (Foto: DARIEL PRADAS).

A puerta cerrada, con una afluencia limitada de visitantes debido a la situación pandémica que sufre el país, la Sala de la Fotografía tuvo su estreno el 24 de julio pasado en el Palacio Marqués de Arcos, antiguo Liceo Artístico y Literario de La Habana, ubicado en el casco histórico de la ciudad capitalina.

Gloria Álvarez Frigola, especialista principal de la Fototeca Histórica de la Oficina del Historiador, fue la coordinadora y encargada de la curaduría de la sala-museo, la cual está dividida en una sección nacional y en otra de escala mundial.

La inauguración del centro cultural es el resultado de una investigación que tiene sus precedentes en las tesis de pregrado y maestría de Álvarez, las cuales consistieron en el estudio de las colecciones de dispositivos y fotografías de la Oficina, y en el diseño y la elaboración de un guion museográfico que permita, en base a las piezas conservadas, una compresión de la historia de las técnicas fotográficas y sus trasfondos científicos.

“En Cuba no había un desarrollo industrial (en este campo), pero como venía todo tan rápido, tenemos hoy para ilustrar la parte universal y la cubana”, argumenta la especialista. “Las piezas que encontramos sirven para crear un discurso orgánico de la historia de la fotografía, como un proceso que se va concatenando, de forma que un adelanto lleva al otro. Eso posibilita un mejor entendimiento de qué va la fotografía, y no solo como arte”, agrega.

El regalo de Cuba para el mundo.

Las piezas expuestas en la Sala de la Fotografía corresponden a la Oficina del Historiador y a préstamos de algunos coleccionistas. (Foto: DARIEL PRADAS).

Las piezas utilizadas en la muestra pertenecen mayormente a la Oficina del Historiador, y a algunos coleccionistas privados que prestaron sus bienes.

Jesabel Rivero Sané, técnico en servicios archivísticos de la Fototeca Histórica, pasó sus cuatros días previos a la inauguración trabajando sin cesar. De la colección, seleccionaba los variados dispositivos tecnológicos y los ubicaba en la Sala de manera que el discurso fuera coherente: “Fue narrar la evolución y el desarrollo de la cámara fotográfica”, explicó ella, quien además lamentó que solo pudieran mostrarse “algunas y no todas las piezas, puesto que el lugar no lo permitía”.

“Hasta donde sé, esta sala es la única de su tipo en Cuba”, afirma orgullosa Álvarez, aunque acota que en el Museo Provincial Emilio Bacardí Moreau, en Santiago de Cuba, existe un espacio donde se exhiben también dispositivos de esta índole. “Uno de los valores que tuvo esto como ejercicio investigativo es que en Cuba no existía el museo de la fotografía, a pesar de que somos el primer país de Latinoamérica que recibe dicha arte”.

Una imagen temprana

La fotografía llegó fugaz. Ya en abril de 1841 el diario habanero Noticioso y Lucero hizo eco de que Pedro Téllez Girón, hijo del capitán general de Cuba, fue “el que ha dado a conocer prácticamente el daguerrotipo en esta isla”, mediante una imagen de la Plaza de Armas que capturó junto a un amigo desde el balcón de su domicilio, en el Palacio de los Capitanes Generales.

No pasó ni un año y el estadounidense George W. Halsey ya había establecido el primer estudio fotográfico de Cuba y Latinoamérica, una galería de retratos al daguerrotipo que incluso se adelantó en el tiempo a las parisinas, hogar del “regalo de Francia”.

El regalo de Cuba para el mundo.

La Plaza de Armas, primer daguerrotipo hecho en Cuba por Pedro Téllez Girón, en 1841, con la colaboración de Luis Casaseca. (Foto: cubaperiodistas.cu).

Y llegaron muchas primicias: en 1843, el primer fotógrafo criollo empezaba a hacer retratos y paisajes. En 1852 se “impresionó” en Cuba (un término técnico que se refiere a la impresión sobre placas fotográficas) la primera foto en papel. En 1853 se supo de Encarnación Arostegui, la primera mujer fotógrafa de la Isla.

Para ese año, el mismo del nacimiento del Héroe Nacional José Martí y el de la muerte del Padre Varela, ya existían estudios fotográficos en toda Cuba, y más de 300 profesionales, criollos en su mayoría. “Se expandió muy rápido. Algo que era muy caro. Pero las mejoras propiciaron que los fotógrafos hicieran más cosas y, por supuesto, que las personas quisieran retratarse. Poder hacerlo determinada el estatus social”, refiere la máster Gloria Álvarez.

En La Habana, O’Reilly se convirtió en “la calle de los fotógrafos”, por la cantidad de estudios allí establecidos, entre los que destacó el del norteamericano Samuel A. Cohner y otros aspirantes a la supremacía en una competencia estilística, pues existían, en 1874, ocho estudios en O’Reilly de un total de 15 en la urbe.

A un costado de la sección cubana de la sala-museo, se ilustra la foto monumental que capturó, en 1863, la solemnidad de la marcha militar durante la ceremonia oficial por el derribo de la muralla. Su autor, Esteban Mestre Aulet, por mera casualidad fue también quien tomó el primer retrato a José Martí niño, mientras este aún estudiaba en el Colegio San Anacleto (1862).

El regalo de Cuba para el mundo.

Fotografía de la ceremonia por el derribo de la muralla de La Habana. (Sitio web de la Biblioteca Nacional de Cuba).

Grandes personajes dejaron su huella –o más bien la “impresionaron”– en la historia cubana del hoy reivindicado como el octavo arte. Aquellos tienen su altar en el museo, claro: como José Gómez de la Carrera, pionero del periodismo fotográfico, quien introdujo en 1895 dispositivos con mayor sensibilidad a la luz, lo que le permitió registrar personas y objetos en movimientos, y captar instantes vívidos de la realidad. En la década de 1920, Joaquín Blez, autonombrado “el fotógrafo del mundo elegante”, incursionó en los desnudos artísticos femeninos. Asimismo, Luis Cueto expandió el diapasón moral y probó, a partir de 1945, con los desnudos masculinos; él firmaba sus obras bajo el afamado seudónimo de Karróll/ Havana.

Una década atrás, en 1935, esta práctica se institucionalizó al crearse la Asociación Cubana de Arte Fotográfico, después rebautizada como Club Fotográfico de Cuba. Y el 30 de agosto de 1949 se celebró por primera vez el Día del Fotógrafo.

Al final del recorrido se muestran, en cursivas y engrandecidas, las firmas de varios profesionales hoy reconocidos por sus imágenes. Quién sabe si otras signaturas se agregarán. Sin embargo, aquellos que lo logren habrán encontrado su valía en el tiempo.

 

 

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