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Publicado el 2 Septiembre, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

El gusto no nace, se forma

Reflexiones sobre la importancia de la dramaturgia y el punto de vista en narrativas audiovisuales que recrean la ficción, los géneros musicales, sus figuras relevantes
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Juan Formell/ Foto: uneac

Tributos al maestro Juan Formell lideraron en espacios musicales durante el verano. (Foto: uneac.org.cu).

Por SAHILY TABARES

Desde las novelas de terror y misterio de comienzos del siglo XIX hasta los relatos escritos por Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Julio Cortázar, Alejo Carpentier y otros contemporáneos, lo fantástico ha servido de soporte para los más alucinantes vuelos imaginativos.

“Que cada autor disponga del inusitado privilegio de ser leal a sus corazonadas. Eso sería autorizar al hombre para que regrese legalmente a la infancia”. Esta aseveración de Gabriel García Márquez motiva a creadores que, como él, consideran la imagen un punto de partida, al concebir el texto literario o la ficción audiovisual.

La programación de verano en el medio televisual privilegia series, en las cuales lideran dichos preceptos. Son ejemplos elocuentes, Mundo primitivo y Lucifer, ambas en el canal Multivisión. Con más acierto en el diseño de personajes-tipos y situaciones, que en las causas y los azares del discurso narrativo, ambas puestas revelan la irrupción de un ámbito en otro, al transgredir el límite que los separa. Todos los elementos refuerzan el cuestionamiento de lo real, que abre y cierra laberintos. El frágil equilibrio entre la incertidumbre y lo que sucede alerta sobre la crueldad, los negocios ilícitos, las ansias de poder ilimitadas, además revela problemas ambientales y comportamientos de las personas al ser separadas de una sociedad a la cual siempre pertenecieron.

Estas representaciones exploran conflictos, acontecimientos, circunstancias, y colocan en escena mecanismos de diversos correlatos: vigilia/sueño, razón/locura, yo/otro. En gran medida establecen disyuntivas y convicciones, las cuales no son ajenas al acontecer diario, incluso motivan la búsqueda de literaturas afines a dichos procedimientos.

Nunca lo olvidemos, públicos heterogéneos, participativos, inteligentes, demandan audiovisuales que cuestionen la tragedia y el mal. Con independencia del punto de vista de cada realizador, para lograrlo las narrativas ficcionales deben cumplir con la ley del conflicto, estructuras verosímiles, clímax de escenas y otras exigencias indispensables para cautivar mediante la artisticidad.

Dicho requerimiento no es exclusivo de las ficciones, el resto de los espacios demandan ese valor. Lo consiguieron homenajes al maestro Juan Formell, en espacios de los canales Clave y Educativo, su original manera de crear en la música popular bailable fue destacada en testimonios y piezas que nutren el patrimonio sonoro de la nación.

Saber contar es esencial. Tanto la semántica como la sintaxis determinan la riqueza expresiva de cualquier obra. Tengamos presente que el gusto no nace, se forma. Cada ser humano necesita un proceso, en el que aprende a ver, recibir, experimentar disímiles normas visuales, las cuales se afirman mediante la educación y las experiencias colectivas e individuales.

Por otro lado, se impone estar alertas, durante el período estival aumenta la circulación, por medios alternativos, de productos banales de fácil degustación, que no constituyen una auténtica vivencia cultural; imágenes y textos verbales se ofrecen para ser descifrados sin mucho esfuerzo, apenas para entretener, a veces hasta el aburrimiento.

El aprendizaje de los destinatarios no se consigue solo con la voluntad y el interés de mantener en la pantalla jerarquías culturales –lo cual es necesario–, exige el apoyo sistemático de la familia, el sistema educativo y la sociedad. Sin duda, la existencia se torna más rica cuando convivimos con lo mejor de la cultura, ya sea cubana o universal.

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Sahily Tabares

 
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