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Publicado el 4 Septiembre, 2021 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

La dialéctica de crecer y regenerarse

BOHEMIA se suma al jubileo, recorre algunos momentos de la historia y el presente –e incluso mira hacia el futuro– de una prestigiosa editorial dirigida por la Premio Nacional de Edición 2015, Olga Marta Pérez
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La dialéctica de crecer y regenerarse La dialéctica de crecer y regenerarse.

Sus secciones acogen reflexiones teóricas, crítica literaria y sobre artes visuales, de autores antillanos y foráneos. (Foto: uneac.org.cu).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

En medio de las colosales transformaciones culturales y sociales del naciente proceso revolucionario surgió Ediciones Unión, sello de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Era el año 1962 y el suceso se unía a los empeños del nuevo gobierno por ofrecer al pueblo crecimiento y progreso en todas las esferas de la vida.

Liderada en el presente, y desde hace varias décadas, por la destacada narradora, poeta, editora y guionista de radio y TV, Olga Marta Pérez, esta editorial ha continuado con excepcionalidad el legado de sus fundadores.

Desde esa época, es uno de sus propósitos cimeros aglutinar el quehacer literario y creador de los autores asociados a la Uneac, en tanto enriquece su catálogo con la obra de figuras prominentes de la literatura nacional, quienes por su relevancia precisan ser leídos y releídos siempre por las actuales y venideras generaciones.

Pionero en sus objetivos y características, desde temprana etapa emprendió un camino coherente y sistemático en la publicación de libros, justo en un momento histórico de la cultura cubana en que no había una tradición editorial cimentada en lo profesional, aun cuando en el período prerrevolucionario descollaron notables escritores, existía cultura libresca y apego hacia la literatura de manera general.

Más allá de erigirse como representante vivo y tangible de nuestras letras, Unión impactó el imaginario colectivo de diversas maneras en su período fundacional y hasta hoy así lo hace. A escala global, la primera revolución socialista de América ya no solo captaba la atención por las posibilidades y esperanzas de superación que proponía a sus ciudadanos; sino también por la literatura que era capaz de escribir y editar.

A partir de ese punto se iniciaba una suerte de dialéctica, compleja y necesaria, entre otras cuestiones, vinculadas con el carácter autóctono o no de los contenidos y temáticas de aquellas obras primigenias.

Al decir del destacado ensayista, escritor, investigador, guionista de cine y editor Ambrosio Fornet, en entrevista concedida a la periodista Magda Resik: “En esas tensiones se desarrolló Unión, fue muy bueno y muy problemático de cierta forma porque los criterios de selección y calidad iban siendo cada vez más elevados”.

La dialéctica de crecer y regenerarse.

En el encuentro, organizado en abril último a propósito de los aniversarios de la editorial y sus publicaciones insignes, se rememoraron etapas trascendentales de la institución. (Foto: uneac.org.cu).

Tal circunstancia, además de generar lectores exigentes, nucleaba en torno a la editorial a intelectuales avezados, entusiastas, avisados, ungidos de competencias para defender y recomendar, con rigor, sabiduría, un título determinado y, a la vez, refrendar con solidez lo que se denomina cultura tipográfica del editor.

En fecha tan temprana como 1964, Ediciones Unión devino precursora de los bolsilibros; si bien era un formato ya existente en el universo foráneo de la producción del libro, en aquel momento resultó una auténtica novedad para Cuba y, en más de una ocasión, atemperó dificultades en tiempos de crisis.

El diplomático, poeta, artista plástico Fayad Jamís fue el principal artífice de esos pequeños volúmenes que pusieron a circular extraordinarios textos, como El reino de este mundo, de Alejo Carpentier, que inaugurara esa colección, llamada Manjuarí; o las inolvidables Memorias de una cubanita que nació con el siglo, de Renée Méndez Capote, convertido por los jóvenes lectores en un verdadero suceso literario e, incluso, comercial.

Una valiosa relación ha concebido Unión entre el universo de la producción literaria y las publicaciones periódicas insignes nacidas al calor del surgimiento de la Uneac. Tanto es así que en abril de 1962 apareció La Gaceta de Cuba, liderada por el poeta y editor Norberto Codina, la cual es reconocida todavía como la más seguida y leída revista de su estilo, al abordar entre sus tópicos esenciales los debates políticos y culturales más candentes, suscitados desde los primeros años del proceso revolucionario hasta la actualidad.

La dialéctica de crecer y regenerarse.

La más buscada revista de su estilo en Cuba ha abordado debates políticos y culturales candentes. (Foto: Cortesía de La Gaceta de Cuba).

Sus páginas también anunciaron los primeros títulos de la editorial y los números de su homóloga Unión, que emergió pocos meses después, en igual año, como una tribuna para el debate teórico, la crítica literaria y sobre artes visuales, de autores antillanos y foráneos. Dirigida ahora por la poeta, ensayista, traductora, periodista, crítica literaria y teatral Nancy Morejón, esta publicación difunde asimismo lo más sobresaliente de la literatura de múltiples países.

En la misma medida en que la producción literaria promovida por la editorial se ha distinguido por la diversidad de temáticas, tendencias y géneros, resulta sugerente la heterogeneidad estética y generacional, incluso desde sus primeros libros.

Su catálogo comprende las ediciones príncipe de obras tan significativas como Paradiso, de José Lezama Lima; El gran zoo y Por el mar de las Antillas anda un barco de papel, de Nicolás Guillén; La carne de René, de Virgilio Piñera; Cuentos, de Onelio Jorge Cardoso; Pasajes de la guerra revolucionaria, de Ernesto Guevara de la Serna; entre otras.

Tras casi seis décadas, conviven armónicamente las colecciones creadas en los días inaugurales junto a las más recientes. Perviven con lozanía los mismos diseños de logotipos y perfiles editoriales. Aunque no será empresa fácil, ya casi es una realidad adjudicarse nuevos lectores adeptos al libro electrónico.

Sin duda, Unión preserva sus esencias y, mientras experimenta nuevas alternativas literarias para crecer, persiste en ese ajetreo dialéctico que, a conciencia, la trajo hasta aquí.

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Roxana Rodríguez

 
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