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Publicado el 12 Septiembre, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

AQUÍ, LA TV

La satisfacción de volver a ver

Acercamiento a procesos que requieren, además de interés por temáticas y presupuestos estéticos, una alerta e inteligente lectura por parte de los públicos desde edades tempranas
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La satisfacción de volver a ver.

Los homenajes al inolvidable Elpidio Valdés y a su creador, Juan Padrón, son reencuentros necesarios.

Por  SAHILY TABARES

A una velocidad impensada, casi sin darnos cuenta, se multiplican las cámaras en diferentes escenarios. Lo “real” depende de cómo se construye o reconstruye la comunicación massmediática.

Hace mucho que el cuentero de la antigüedad fue sustituido por la televisión. En el siglo XXI la información y el entretenimiento son entregados a domicilio. No obstante las múltiples diferencias regionales y locales, por el mundo se genera una cultura que funciona mediante productos estandarizados.

Precisamente, en la comprensión de la naturaleza comunicativa, la cultura es clave dado su carácter de proceso productor de significaciones, pues vivimos en un universo modificado por el cine, la TV, la web, en tanto son fenómenos que aportan elementos a la experiencia estética.

En ocasiones vemos una puesta en la televisión tradicional y no reparamos en su dimensión holística. La posibilidad de volver a ver obras de producción nacional permite captar signos y huellas antes dispersos en apariencia, o apenas aprehendidos en su totalidad.

Ha ocurrido durante la programación de verano y en los meses en curso con la reposición de la telenovela Al compás del son. Las audiencias, incluidas las más jóvenes, pueden profundizar en un género cubano de notable calidad. Sin didactismo la puesta es altamente reveladora de hechos, situaciones, contextos poco conocidos.

En otra emisión el homenaje a Elpidio Valdés y a su creador, Juan Padrón, satisfizo a generaciones de diferentes edades.

Somos conscientes de que desde la pantalla alguien nos habla con propósitos, intencionalidades, motivaciones. Es preciso ver, comprender, analizar; trascender las primeras impresiones; el acercamiento epidérmico de me “gusta o no me gusta”; en esencia, interpretar lo que desde allí se dice, para rechazar lo banal e incorporar lo valioso a nuestro acervo.

Las construcciones mediáticas son mediaciones de procesos entre los sujetos sociales y sus realidades. Conocerlos en profundidad permitirá entender lo que realmente pretende el fenómeno de la seudocultura, el cual amenaza con tragarse al mundo y ganarle la batalla a la inteligencia.

Con independencia de los diferentes modos de apreciar, cada perspectiva puede aportar otras miradas a la apropiación de contenidos, y enfatizo, quien desde allí nos habla nunca es inocente.

Ningún relato, ya sea filme, serie, telenovela, unitario, es una suma de proposiciones, sino jerarquías de instancias; comprenderlos no es solo desentrañar la historia o pasar de imágenes y palabras a otras, sino bucear a fondo en lo que dicen, lo que hacen los personajes o tipos; ellos son los encargados de seducirnos, aunque no siempre lo consiguen.

Tiene su encanto redescubrir actitudes o mensajes en “algo” que dejamos pasar, compartirlo en familia es educativo. La confrontación de ideas forma parte de la naturaleza del trabajo intelectual, deviene un estímulo indispensable para el desarrollo de la personalidad de la niñez y la espiritualidad en todas las etapas de la vida. No siempre el acontecer de la cultura se convierte en un acontecer de la existencia. ¿Cómo despertar la curiosidad del otro? ¿Existe una fórmula o un método para cautivar a las mayorías? Son interrogantes complejas que deben permanecer dentro de nosotros. Tanto los creadores como los públicos merecen reflexionar sobre ambas preguntas, quizá no existen respuestas únicas, justamente en la riqueza de la semántica (lo que se dice) y de la sintaxis (cómo se dice) pueden existir caminos o senderos por donde transitar, solo hay que descubrirlos.

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Sahily Tabares

 
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