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Publicado el 25 Septiembre, 2021 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

CINTIO VITIER BOLAÑOS

Luz martiana de estos días

Llegado el centenario del sobresaliente intelectual cubano, BOHEMIA le rinde homenaje rememorando su prolífico quehacer como poeta, ensayista, investigador, crítico y narrador
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Luz martiana de estos días

Toda una vida entregada a la cultura y el pensamiento cubanos. (Foto: ARCHIVO DE BOHEMIA/ AUTOR NO IDENTIFICADO).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Pareciera que, al protagonista de estas glosas, el azar lo hubiera predestinado a seguir la impronta del Apóstol de nuestra independencia, pues vino al mundo, un 25 de septiembre, justo en Cayo Hueso, Estados Unidos, ciudad en la que José Martí reunió y organizó a los emigrados cubanos, en aras de la Guerra Necesaria.

Para Cintio Vitier Bolaños (1921-2009), el poeta, ensayista, investigador, pedagogo y narrador cubano, esa circunstancia fue una simple coincidencia geográfica; otras certidumbres y referentes, sólidos, perpetuos, más cercanos y humanos, incidieron en que llegara convertirse en uno de los más acuciosos y admirables estudiosos de la obra martiana.

Diversos estímulos culturales, literarios y patrióticos esculpieron desde la infancia la personalidad de quien es considerado figura cimera de la crítica y la ensayística eruditas. En ambas líneas del tronco familiar, bebió espontáneamente el torrente de historias sobre las contiendas patrias, que le sirvieron para cotejar la pobreza y depauperación de unos seres humanos en relación con otros.

En el hogar de la madre, María Cristina Bolaños, se vivía en un ambiente bastante holgado. Ella se había graduado como maestra normalista; era hija de un distinguido veterano de la guerra de independencia y delegado del Partido Revolucionario Cubano en la región occidental, quien al morir dejó tierras cultivables, arrendadas a los lugareños de un caserío llamado Empalme, ubicado entre La Habana y Matanzas.

Medardo Vitier, el padre, cuyos ascendientes eran más humildes, de origen campesino, desde temprana edad demostró perspicacia e ingenio al ejercer, muy joven aún, como profesor de un prestigioso centro académico matancero; junto a doña María Cristina Bolaños fundó el Colegio Froebel, luego conocido como Vitier. Llegó a dirigir la Escuela Normal de esa urbe. Fue un exhaustivo investigador y desarrolló una extraordinaria carrera pedagógica. Sus sobresalientes cualidades como conferencista y ensayista lo convirtieron en uno de los intelectuales más reputados de la cultura cubana del siglo XX.

“Lo que por el lado materno eran memorias domésticas, en él llegó a ser conciencia intelectual de primera magnitud, que asumía el legado de los fundadores de la patria y transmitía –me transmitió a mí desde niño– la más acendrada eticidad”, revelaría Cintio Vitier sobre su principal referente en la devoción martiana, quien, al decir del propio hijo, en 1911ya había escrito el primer libro acerca del más universal de los cubanos.

Transcurriría la niñez de Cintio Vitier, en pleno apogeo del machadato, entre el colegio fundado por sus padres en Matanzas –casa y escuela a la vez– y la finca de la abuela materna en Empalme. Estudiaba violín, pintura, mecanografía, taquigrafía, pero la música era lo que más le apasionaba, tanto que influiría sobremanera en su ulterior trayectoria literaria.

Luego de concluir el bachillerato en el Instituto Número Uno de La Habana, matricularía en la Universidad, en dos carreras: Derecho y Filosofía y Letras; no obstante, solo egresaría de la primera, la cual nunca ejerció. Según confesaría alguna vez, los saberes que lo enriquecieron en aquella época no venían de la casa de altos estudios.

Serían el resultado de intensas búsquedas e indagaciones que provenían de las lecturas autodidactas y selectivas tras atender con asiduidad las conferencias de su padre, de disfrutar a plenitud la agitada vida cultural entre conciertos y exposiciones organizados en el Auditorium y el Lycem habaneros, respectivamente; de los encuentros y seminarios con la filósofa y ensayista española María Zambrano; de aquellas deliciosas pláticas con coetáneos, en especial Eliseo Diego, junto a quien tradujo El trompetero místico, de Walt Whitman, pa­ra la publicación de arte y poesía Espuela de Plata, y concebiría, en compañía de otros amigos, la revista literaria Clavileño.

Luz martiana de estos días

Fina y Cintio: eterno y sugestivo amor a primera vista. (Foto: cubadebate.cu).

Con el autor de En la Calzada de Jesús del Monte, el joven Vitier tenía amistad desde los 14 años. Serían cófrades también en correrías menos letradas, pero igualmente placenteras y necesarias. Juntos se enamoraron de quienes se convirtieron en sus esposas, las hermanas Bella y Fina.

Al parecer fue amor a primera vista, cuando en 1939, en la universidad, Vitier quedó prendado de una muchacha llamada Josefina García-Marruz Badía; era apenas un adolescente, pero desde entonces descubrió que se acompañarían siempre en todos los cometidos de la vida, intelectuales y afectivos.

Te amo, lo mismo/ en el día de hoy que en la eternidad,/ en el cuerpo que en el alma,/ y en el alma del cuerpo/ y en el cuerpo del alma,/ lo mismo en el dolor/ que en la bienaventuranza,/ para siempre, escribiría en el poema Ahora que empieza a caer, del cielo…

El hombre y su generación

Cuando el poeta y narrador español Juan Ramón Jiménez estuvo en Cuba, a finales de 1936, generó una extraordinaria energía en torno suyo al conectar con bardos de todas las generaciones y tendencias. El joven Vitier no estaría ajeno a esa experiencia que contribuyó a modelar su obra, e irrumpiría en el panorama literario de la época con el libro Poemas (1937-1938).

Los versos del volumen habían sido escogidos por el ibero, quien en 1952 llegaría a ser Premio Nobel de Literatura, y estaban acompañados por sus criterios. A esta influencia se unirían otras, como la del pintor y escritor Samuel Feijóo, quien significó un influjo revolucionario dentro de su formación pues “él solo era un instituto de folclor”, apuntaría Fina García Marruz.

Luz martiana de estos días

A la entrada de Trocadero 162 –en el actual municipio de Centro Habana–, la casa de Lezama Lima, uno de los principales espacios de encuentro de los origenistas. (Foto: lajiribilla.co.cu).

José Lezama Lima representó para muchos escritores de aquella generación toda una autoridad en la creación literaria, Vitier no fue la excepción. Con él tejió entrañables lazos de amistad a partir de una memorable lectura de poesía, organizada por el joven, y que impresionara favorablemente al autor de Paradiso.

En aquellos años también encontró claves en la poesía de César Vallejo, en especial, a partir de una antología concebida por Xavier Abril que develaría su orientación poética y literaria. “Si la palabra de Lezama fundaba la legitimidad de la aventura poética en un país ‘frustrado en lo esencial político’, la de Vallejo le decía definitivamente que ese fundamento era de índole ética, de compromiso con lo humano”, declararía sobre esta transversalidad entre uno y otro escritor, el poeta Raúl Hernández Novas. Y el propio Cintio Vitier dejaría plasmada esa impresión en un poema que versa:

SER UNO SIN QUERER César Vallejo,/ saber cómo el difunto vivo ardía,/ estar con él a solas cual solía/ desde su corazón a su entrecejo./ Testamento de todo lo que dejo:/ tener hambre del hombre en agonía,/ beber el cáliz de la poesía,/ ser este sin cesar César Vallejo.

Junto a notables creadores (escritores, músicos, pintores) Vitier engrosó la excelsa nómina de Orígenes, cuya generación giró alrededor de su principal mentor, Lezama Lima. Este grupo y su revista, respondieron a circunstancias muy concretas, relacionadas con la honda frustración política que vivía Cuba en la neocolonia. Tal precariedad existencial y material demandó un vuelco transformador en el arte y la literatura: “la cultura tomó el timón de la nave para que no naufragara todo”, juzgaría el autor de Palma (1938) y Sedienta cita (1950) en cierta oportunidad.

Luz martiana de estos días

Junto con otros integrantes del grupo Orígenes. (Foto: lajiribilla.co.cu).

La creación poética del entonces treintañero gozó de un sentido místico e intimista. A principio de los 50, Vísperas compendió las obras concebidas durante dos décadas a partir de 1933; le siguieron Canto llano (1956), singular e inédito en cuanto a su estilo y estética; y La luz del imposible (1957).

Si no fuera tu pedir/ a mi puerta una limosna/ que oculta fiesta en mi casa,/ que lecho dulce de sombras, dice el Canto llano I, en este poemario integrado, casi en su totalidad, por estrofas escuetas de fino regusto popular, en las cuales se comenzaba a advertir cierta asimilación e influjo de José Martí, al recordar al lector los Versos sencillos.

Aun cuando los origenistas generaron un renacer estético, filosófico, espiritual, ético, artístico, fueron incomprendidos en un principio. Se convirtieron en blanco de críticas y ataques entre intelectuales de izquierda y derecha. Tildaban sus obras de evasivas, esquivas, huidizas de los verdaderos problemas que afrontaba el pueblo en los duros años republicanos. Los hechos y el tiempo demostraron las inconsistencias. Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier, demostró que la genuina inspiración de Orígenes era la patria.

El intelectual Abel Prieto Jiménez resaltaría en el prólogo de la edición de 2002, a propósito de que se le confiriera a Vitier el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, la vigencia del “empuje teleológico de Lo cubano en la poesía, su valiente desafío al fatalismo y a la desintegración, su acercamiento apasionado a lo nuestro, su búsqueda del hilo de continuidad histórica y cultural y de modelos creadores, su resistencia frente al influjo yanqui, ‘desustanciador’ y funesto.

Pasión revelada
Luz martiana de estos días

Por más de una década fue investigador en la Biblioteca Nacional José Martí. (Foto: ARCHIVO DE BOHEMIA/ AUTOR NO IDENTIFICADO).

En varias ocasiones, Vitier Bolaños comentó que había aprendido a leer con La Edad de Oro; sin embargo, aunque el ideario martiano siempre pervivió en el hogar de su infancia, reconoció cierta vez el acercamiento tardío, de modo reflexivo, a la figura del maestro. Ocurrió durante el noviazgo con Fina García Marruz: “Ella era una martiana más consciente que yo. Escribió uno de los trabajos más importantes que recuerdo sobre Martí, en 1951, en la revista Lyceum. A mí me deslumbró ese texto y me di cuenta de que ahí estaba nuestro destino común”.

Y este trabajo de la amada incentivó tanto su avidez por revelar las múltiples aristas del Apóstol, que consagró la vida a descifrarlo, legado legítimo que hoy honra a las nuevas generaciones. Más de 200 fuentes de información llevan la firma de Cintio Vitier Bolaños, desde 1958 hasta 2007, de acuerdo con una bibliografía compilada por la licenciada Andria Alonso Reyes, especialista en Gestión Documental del Centro de Estudios Martianos.

Según consigna la experta, el erudito escribió cerca de 50 libros y folletos, entre ensayos, críticas y valoraciones acerca de la obra periodística, poética y política de Martí. Temas martianos (impreso varias veces), ediciones críticas de Obras completas y Poesía completa –este último junto con Fina García Marruz–, Ese sol del mundo moral, Maceo y Martí, El padre Félix Varela como precursor del ideario Martiano, Guía para los maestros de las aulas martianas (inestimable material para la enseñanza) son algunos de los textos en que, desde sólidas reflexiones, dejó la impronta del prócer cubano.

Colaboró en una docena de prólogos, introducciones, selecciones. Y cuenta con 150 trabajos insertados en importantes publicaciones seriadas y periódicas cubanas y latinoamericanas, como los anuarios del Centro de Estudios Martianos y la Biblioteca Nacional José Martí, Revolución y Cultura, Casa de las Américas, Granma, Revista de Letras, Caracola, Juventud Rebelde, BOHEMIA, entre otras.

Luz martiana de estos días

Una de sus más notables obras, varias veces editada; aborda la eticidad en Cuba, desde la primera comunidad intelectual que nos representó en la colonia. (Foto: cinereverso.org).

Roberto Fernández Retamar, Caridad Atencio, José Manuel Otero, Jorge Luis Arcos son algunos de los intelectuales, periodistas, ensayistas y críticos que valorado e interpretado su obra en este ámbito.

“El camino hacia la Cuba de Martí ya lo estamos recorriendo y, por lo demás, solo puede estar en él mismo tal como nos habla hoy, ante los problemas concretos de hoy. Por eso hemos propuesto un sistema libre de enseñanza martiana que dé fundamento inconmovible a nuestra resistencia y perspectivas reales al desarrollo de nuestra libertad”, señaló en una conferencia impartida en 1995, en el Teatro Heredia de Santiago de Cuba, la víspera del aniversario 120 de la caída en combate del Héroe Nacional cubano.

Sin duda, toda su obra en este ámbito intenta –y lo logra– actualizar y rescatar los más puro del pensamiento martiano para que, como el propio Vitier señalara, “desde el alma de cada niño, adolescente, joven, de cada ciudadano, cualquiera que sea su ocupación y edad, la apetencia de una Cuba donde la vida misma, íntima y pública, sea inseparable de los valores éticos y estéticos en que se funda nuestra cultura”.

Cuba en la obra y los afectos

El triunfo de enero de 1959 representó para el poeta, escritor y profesor universitario un conjunto de expectativas renovadas en cuanto a realización política del país, en tanto generó –a lo íntimo del ser humano– discordancias entre su condición de cristiano y los modos de avanzar hacia la justicia social que proponía el naciente proyecto.

Sería un proceso complejo, aun cuando resultó armónico y sincero; el hombre asido a su fe asumió orgánicamente la nueva perspectiva histórica, como una necesidad de conciliar los preceptos del evangelio con los de la Revolución, en beneficio del crecimiento humano. Este enfoque se tornaría evidente en el poemario Testimonios (1968), que recorre tres lustros de su creación.

Durante los años 80, publicaría Antología poética y La fecha al pie, Hojas perdidizas, Poemas de mayo y junio, entre otras; y en la siguiente década, Nupcias, Dama pobreza, Poesía escogida, volúmenes que alternarían en el tiempo con la narrativa, no muy conocida, pero valiosa.

Luz martiana de estos días

Sobresaliente renovador en la narrativa, aunque no ha sido su quehacer más difundido. (Foto: todocoleccion.net).

De Peña Pobre (1980), abrió una trilogía de novelas a las que le sucedieron Los papeles de Jacinto Finalé (1984) y Rajando la leña está (1995), en las cuales Vitier Bolaños se alzó como un auténtico renovador en la literatura cubana e inauguró lo que el narrador y ensayista Francisco López Sacha denominó –durante una disertación, por el centenario del intelectual, registrada en un audiovisual del Instituto Cubano del libro– “memoria novelada”, al asumir “la novela como acto de ficción y la memoria como pertenencia del recuerdo del autor”.

En las tres obras y el libro de relatos Cuentos soñados (1992) predomina un eje conductor relacionado con la música, pasión que nunca lo abandonó desde que estudiaba violín en la niñez.

La creación literaria de Cintio Vitier en sentido general está ampliamente vinculada con la identidad nacional y la cubanidad, como sentimiento esencial del habitante de este archipiélago. Cuba y su gentilicio están presentes en gran parte de su labor como historiador, ensayista y crítico. Así lo demuestran Diez poetas cubanos (1948), Cincuenta años de poesía cubana (1952), Las mejores poesías cubanas (1959), Los poetas románticos cubanos (1960), Poetas románticos cubanos del siglo XIX (1969), La crítica literaria y estética del siglo XIX cubano (1968-1974), Crítica cubana (1988), sin contar aquellas obras en las que compartió la autoría con su esposa.

En su vastedad y esencias, la universalidad de la literatura de Cintio Vitier Bolaños, radica en la imbricación entre lo ético, como visión real de lo cubano, y el sentido de resistencia y arraigo por la memoria que nos ha traído hasta aquí; ese es su legado más valioso para Cuba y el mundo.

 

Una obra, una vida

Tras la desintegración de Orígenes, ejerció la docencia en distintos centros académicos de Cuba. Por más una década fue investigador de la Biblioteca Nacional José Martí y dirigió la edición crítica de las Obras Completas de Martí, en el Centro de Estudios Martianos, donde laboró hasta su jubilación. Es reconocido como uno de los escritores más prolíficos y lúcidos de la literatura cubana. A lo largo de su existencia recibió importantes reconocimientos, entre los que se encuentran las distinciones por la Cultura Nacional, Raúl Gómez García, Majadahonda 1936; las medallas Alejo Carpentier, Fernando Ortiz y 30 Aniversario, las dos últimas otorgadas por la Academia de Ciencias de Cuba; las órdenes José Martí –la más alta condecoración que confiere el Estado cubano–, Félix Varela, Juan Marinello, Carlos J. Finlay. Las universidades de La Habana, Marta Abreu, de Las Villas; Soka, de Japón, lo distinguieron con el Doctorado Honoris Causa. Ostentó los premios nacionales de Literatura e Investigación Cultural. Y consecutivamente ganó los laureles de la Crítica Literaria por sus obras Rajando la leña está (1986), Rescate de Zenea (1987), Crítica cubana (1988), Poemas de mayo y junio (1991) y Cuentos soñados (1992).

 

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Roxana Rodríguez

 
Roxana Rodríguez