0
Publicado el 30 Septiembre, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

ZAIDA DEL RÍO: “Salud y paz interior le pido a la vida”

En exclusiva para BOHEMIA la destacada, multifacética artista, comparte sueños, opiniones, pensamientos, motivaciones que la inquietan día a día y la mantienen en plena actividad a pesar de la pandemia
Compartir
ZAIDA DEL RÍO: “Salud y paz interior le pido a la vida”.

Ella es su universo creativo.

Por SAHILY TABARES

Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

Es una de las figuras que dan un perfil particular a la generación pictórica de los años 70; en dos décadas sucesivas de trabajo logra el tránsito por diferentes etapas y evoluciona hacia formas que continúan siendo muy suyas, sin dejar de asumir esa complejidad barroca de tan larga tradición en la pintura cubana.

Zaida del Río (Guadalupe, Villa Clara, 1954) sorprende, ante todo, por la versatilidad de su obra orientada hacia varias manifestaciones artísticas, en las que encuentra múltiples satisfacciones. La poesía que cultiva está ligada umbilicalmente a su praxis como dibujante, grabadora y pintora. ¿Influencias? Apreciamos nexos de parentesco conceptual con el ruso Marc Chagall, el cubano Eduardo Abela, el malagueño Pablo Picasso… Pero siempre es ella misma, auténtica, pasional; entrega todo de sí, dado su temperamento franco.

ZAIDA DEL RÍO: “Salud y paz interior le pido a la vida”.

Detalles que la emocionan.

Tras graduarse del Instituto Superior de Arte cultiva en cada pieza maneras propias de ser y de hacer. Ha recibido varios galardones, de ellos forman parte la Medalla de Oro en la Bienal del Cairo, Egipto; y el Premio de Pintura en la Bienal de Tenri, en Japón. Su obra se expone en los principales museos del mundo y realizó más de treinta exposiciones personales en los Estados Unidos, México, España, India, Brasil y otros países.

Conversamos en su amplia casona, en el barrio habanero del Vedado, donde el hogar es una interminable galería, la cual propicia desandar algunos de sus caminos, imposible abarcarlos todos debido al incesante fogueo que sostiene mediante sueños, ideas, pensamientos.

Habla despacio, pero con la energía propia de quien nunca descansa: “Estudio mucho. Desde el inicio me interesaron los temas campesinos porque soy una campesina. De cerca he conocido el trabajo diario, los árboles, los animales, los guateques, las costumbres en general. Me propuse enseñar cómo viven y aman las personas de esos terruños, sus gestos, sus preocupaciones. Poco a poco he construido reinados en los que lideran caballos, un gran zoo, para dar paso a otras motivaciones”.

Fabulaciones infinitas

ZAIDA DEL RÍO: “Salud y paz interior le pido a la vida”.

Cada nueva serie tiene la impronta particular de lo recién descubierto.

Al parecer, nunca olvida. Puede volver fácilmente atrás, a los tiempos intensos de la academia donde descubrió la magnitud de una imaginación prolífera. Fueron sus profesores José Luis Posada, Nelson Rodríguez, Tomás Sánchez.

Se emociona al decir: “Carmelo González siempre me defendió mucho, dijo que yo iba a ser una gran artista”.

Enseguida cuenta sobre las series de larga vida en la memoria. Nombra las aves-mujeres, los hombres-aves, que solo pueden encontrar antecedentes semejantes en la literatura y en el arte de la antigüedad. La existencia, los gestos de estos “personajes” se han ido relacionando con situaciones de la vida y aparecen tomando un baño, mirando al cielo, en las posiciones más variadas.

La voz de esta creadora conserva ímpetus que crecen a raudales. Incluso interiorizó tanto la vitalidad de tales seres que actuó en un performance. Para ejecutarlo le resultaron útiles las lecciones de danza moderna bien aprendidas.

Nada escapa al curso de su dinámico andar. Rememora Corazonadas, serie en la que los desnudos están dibujados con facilidad, los ilumina cierto ángel picassiano propio de esta mujer libre, dispuesta siempre a fundar territorios, cauces, nexos.

Colores, texturas, líneas, abren senderos nuevos por transitar. ¿Ella los intuye? Tal vez su filosofía lidera en ese tránsito. “He vivido para el arte que es mi vida”. Puede parecer redundante su aseveración, pero tiene el sentido intenso de Zaida del Río.

Nuevas metamorfosis

ZAIDA DEL RÍO: “Salud y paz interior le pido a la vida”.

Zaida del Río creó el empaque del perfume La bella cubana.

Para ella el cambio es algo necesario. Investiga, lee, respira atmósferas desconocidas y las revela sin abandonar la fuerza de sus intensidades para buscar, seducir, viajar al centro de la intimidad, de lo raigal todavía ignoto.

“Amo a los seres que no se han detenido, que nunca han dejado de crear. Durante la pandemia ni el dolor ni la tristeza me han detenido”, afirma.

Podríamos repasar cada una de las etapas de su fructífera vida profesional, pero es tal su energía que invita a seguir, una, otra vez. Su obra es un ejemplo de diversidad dentro de la unidad. No hay uno de sus caminos que no conduzca a ella misma. Puede posar al lado de sus piezas, contar anécdotas, llamar la atención sobre algún detalle y en todo ese instante mantiene los mismos anhelos.

“Salud y paz interior le pido a la vida. Que no entre la amargura en mi corazón. Necesito que mi corazón esté libre para dar amor al prójimo. Añoro tener la inspiración que nunca me abandona, que no me falten los amigos”.

Tampoco olvida su propio método de enseñanza.

“Cuando he trabajado con niños, en mis clases les hablo del arte y de todo. Quienes enseñan deben tener presente que nuestra carrera es muy larga, con ellos deben comenzar como jugando para que no traten de pensar como viejos ni quieran pintar como los mayores”.

En cada palabra, luz o color, Zaida irradia cubanía. La plasma en platos, jarrones, lienzos, ilustraciones. El pensar para ella es una distracción muy seria. Infinitas preguntas la inundan, de alguna manera las lleva a sus libros de poesía o a la música.

ZAIDA DEL RÍO: “Salud y paz interior le pido a la vida”.

El disco producido por Unicornio (Producciones Abdala) es un viejo sueño logrado.

“El disco De mi padre lo aprendí es una deuda que tenía con él. La propia selección del repertorio lo demuestra, puesto que canto temas clásicos: Amorosa guajira, Longina, Santa Cecilia, Sitiera. Agradezco, en particular, la ayuda sistemática de Silvio Rodríguez, y las palabras escritas por Oni Acosta Llerena”, comenta.

¿Añoranzas?, indago.

“Me place que mi hijo Cristian siga mis pasos en la pintura, pronto expondremos juntos. También me gustaría interpretar un personaje en el cine. Creo que todavía no he hecho la obra de mi vida”.

Guadalupe

Allí tuve mi nido

en las sombras profundas y el susto de los venados.

Allí tuve mi desnudez entre los bienvestidos

y el musgo de las aguas azules.

Espíritus familiares,

Rostros llenos de alegría se confunden en las noches mías

y el cuerpo traspasa la niebla

con la ingravidez de un dios.

Mi voz es dulce cuando hablo de Guadalupe,

flor de mi conciencia.

(De su libro Calidoscopio, publicado por la editorial Capiro).

 

Zaida del Río de vuelta a su raíz

“La música en ella proviene de caudales familiares y está rodeada por tradiciones que rozan los espacios afines a ellos. Desde el amanecer, el rocío, el gallo que no cesa de cantarnos, la siembra o el convite espontáneo de juglares cada noche. Su canto es la rebeldía que nos lleva a creer en el arte puro sin edulcorantes, lo casuístico sobre la irrelevancia de volver siempre a donde pertenece”.

(Fragmento de las palabras de presentación al disco De mi padre lo aprendí, por el musicólogo Oni Acosta Llerena).

 

Compartir

Sahily Tabares

 
Sahily Tabares