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Publicado el 12 Octubre, 2021 por Roxana Rodríguez en Cultura
 
 

ENRIQUE MOLINA: auténtico ser humano

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Auténtico ser humano.

El Artime, de Amores oscuros, su último trabajo para el cine. (Foto: oscurosamores.com).

Por ROXANA RODRÍGUEZ TAMAYO

Villano o benévolo, honrado o perverso, humilde o impetuoso, odiado o querido, así de diverso, genuino y colosal fue este hombre de la escena que deslumbró por su organicidad en cada uno de los roles que defendió. Próximamente reaparecerá en las pantallas, protagonizando –junto a otros artistas de valía– la comedia Oscuros amores, filme dirigido por el cineasta Gerardo Chijona, cuyo estreno se espera desde hace meses.

En esta incursión cinematográfica Molina encarna –según refiere el sitio https://oscurosamores.com a Artime, “capitán del bar-restaurante La Nueva Filosofía, visitado por la emergente clase media cubana. Alterna su trabajo de barman con el de hombre de fe a tiempo completo. Pendiente siempre de llamados y mensajes divinos. Su naturaleza supersticiosa no está en contradicción con su lado inescrupuloso. Es capaz no solo de planear una trampa para robarle a un vivo […] a ese mismo vivo, en caso de que fallezca, puede expropiarle los dientes de oro que relucen en su boca, bajo la divisa de que ya no los necesita”.

Cada generación de cubanos tiene su propio Enrique Molina (1943-2021). Aun cuando la más popular de sus caracterizaciones fuera la del lisiado bonachón Silvestre Cañizo, de la telenovela Tierra Brava, en el imaginario colectivo todavía muchos lo recuerdan en la piel del agente nicaragüense Matías, de En silencio ha tenido que ser; el Lenin, de El Carrillón del Kremlin; el Amancio “pistolita”, de Hacerse el sueco; en los personajes de Jeremías o Sixto, de los retransmitidos seriados Destino prohibido y La cara oculta de la luna, respectivamente.

Allá en el natal Bauta, actual provincia de Artemisa, la infancia debió ser difícil para un niño que, aunque tuvo el amor y los afectos de la abuela materna y una parentela numerosa, quedara huérfano a los cuatro años de vida y abandonó la escuela para trabajar con apenas 10 abriles. Laboraba entonces en diferentes horarios del día como vendedor ambulante, manisero, apuntador de la bolita, limpiabotas y fregador de autos; todo por una escasa paga para contribuir a la economía familiar.

“Así fue pasando mi niñez, realmente no fui un caso excepcional, fue una época bien dura, bien difícil y la recuerdo porque me ayudó a formarme como persona”, revelaría sobre esa aciaga etapa que le curtió la personalidad desde la más temprana juventud, en una entrevista para el proyecto televisivo Con 2 que se quieran, conducido por el cantautor Amaury Pérez Vidal.

En los primeros años de la Revolución se mudó con su abuela a la casa de una tía, en Santiago de Cuba. Apenas un adolescente, empezó como dependiente en una cafetería, mientras asistía a un grupo de aficionados del sindicato de los trabajadores de la gastronomía.

Pero el camino de la actuación seguiría marcándole los talones desde aquel café, próximo a la sede del Conjunto Dramático de Oriente, entonces ya reconocido como un colectivo profesional de prestigio. Esta cercanía favoreció lazos de amistad con varios de sus integrantes (Obelia Blanco, Félix Pérez, Raúl Pomares, María Eugenia García), quienes lo instarían a presentarse a una convocatoria para nuevos miembros.

Auténtico ser humano.

Apreció con creces el trabajo con los más jóvenes. En la imagen, un momento del filme El cuerno de la abundancia. (Foto: cubarte.cu).

Si bien resultó desaprobado en ese primer intento, en el decurso se convertiría en uno de los más notables y versátiles actores en la mayor de las Antillas. Su avidez por emprender nuevos derroteros lo llevó por varios ámbitos del arte escénico. Cuando se fundó Tele Rebelde en la región oriental, en breve tiempo se incorporó al medio que sería esencial en su formación como actor.

Igualmente, en el entorno radial marcó impronta en la radioemisora CMKC, aunque siempre consideró que es el medio más complejo para expresarse mediante la actuación. “Yo admiro muchísimo a esos actores que cogen un libreto y a primera vista, empiezan ya a interpretar, actuar con lo que está escrito ahí; eso es muy difícil”, afirmó en varias ocasiones este creador que prefirió aguzar los sentidos para percibir su tempo interior, de modo que le permitiera explorar situaciones, contextos y la sicología del personaje.

A La Habana llegó en 1970 sin apenas equipaje y aún menos dinero, con una carta de recomendación del músico y compositor Enrique Bonne, en aquel momento jefe de programación de Tele Rebelde. La capital le depararía una nueva y exitosa vida como actor.

El seriado en vivo Los comandos del silencio, trasmitido por la televisión nacional en el espacio de las aventuras, fue su primer trabajo de envergadura; luego, la lista sería extensa.

Con la película El hombre de Maisinicú (1973), de Manuel Pérez, debutó en el séptimo arte y tras este trabajo integró el elenco de más de una treintena de filmes dirigidos por sobresalientes realizadores antillanos, entre los que destacan: Polvo rojo (1981, Jesús Díaz), Una novia para David (1985, Orlando Rojas), Hello, Hemingway (1991, Fernando Pérez), Derecho de asilo (1994, Octavio Cortázar), Video de familia (2001, de Humberto Padrón), Barrio Cuba (2005, Humberto Solás), La película de Ana (2011, Daniel Díaz Torres), Contigo pan y cebolla (2011, Juan Carlos Cremata) y Esther en alguna parte (2012, Gerardo Chijona).

Estudiar a fondo cada personaje y someterse a procesos tortuosos, e incluso de elevada complejidad, vinculados con su apariencia física, lo condujeron a varias intervenciones quirúrgicas y perder más de 40 libras de peso corporal para encarnar el personaje de José Martí, el cual nunca logró interpretar por falta de financiamiento para el proyecto.

Sin embargo, este no fue el único incidente en aras de la creación de un rol con sentido de verdad. Para concebir al tullido Silvestre Cañizo, durante cada filmación se hizo untar por la maquillista en su ojo derecho pegamento para barbas y bigotes, con el propósito de dar la impresión de párpado caído; aquel efecto resultó muy convincente para la imagen externa del personaje, pero le costó al actor un estafilococo dorado que tardó dos años en sanar.

Auténtico ser humano.

En el personaje de Silvestre Cañizo, reconocido y recordado por varias generaciones de cubanos. (Foto: tvcubana.cu).

Su trayectoria actoral ha sido laureada y reconocida en certámenes nacionales y foráneos. Acreedor de las medallas Por la Cultura Nacional y Alejo Carpentier, Enrique Molina ganó diversos premios: Nacional de Televisión (2020), Enrique Almirante (Título Honorifico en la primera edición, 2015), Actuar por la Obra de la Vida y Artista de Mérito del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ambos en 2018).

Sacrificio, entrega, profesionalidad marcaron la existencia de este auténtico ser humano, leal a sí mismo y a su pueblo.

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Roxana Rodríguez

 
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