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Publicado el 15 Octubre, 2021 por Igor Guilarte Fong en Cultura
 
 

Viaje al corazón de Rojas

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Viaje al corazón de Rojas

Foto: Charles Leutold.

Por IGOR GUILARTE FONG

Como diría el insuperable Neruda (en su texto a Quevedo): “Este es un viaje al fondo del pozo de la historia” y “[…] voy a hablaros de un hombre y sus preguntas, de sus martirios y su lucha”…

Patriota fiel, filántropo denodado y uno de los padres fundadores de la museología criolla, Oscar María de Rojas y Cruzat ganó por méritos propios figurar en el panteón de los notables. Sin embargo, a pesar de los significativos aportes al desarrollo de esa ciencia y a la cultura cubana en general, su nombre ha sido vagamente reconocido y apenas divulgado.

En marco estrecho ha quedado la reivindicación. Son dos coterráneos suyos, con sendos libros: Oscar María de Rojas (Ediciones Matanzas, 2001), biografía de Ernesto Álvarez Blanco; y el ensayo histórico Oscar María de Rojas, el padre de la museología cubana (Ediciones Matanzas, 2020), de Urbano Martínez Carmenate, quienes mejor han llenado de cierto modo el vacío.

Patriota y mecenas

En la mansión del matrimonio Rojas-Cruzat, hogar de abolengo en la ciudad de Cárdenas, el 16 de octubre de 1865 vio la luz el varón Oscar María Galo; que así fue certificado con las aguas bautismales del cura Juan Bautista Echániz Landa en la Iglesia Parroquial de La Purísima Concepción.

Estatura regular, ojos pardos, pelo castaño y barba saliente: así lo describía el pasaporte que llevaba consigo cuando viajó por primera vez a Europa en 1885. En ese periplo visitó galerías y centros culturales –como el Museo de Guerra y Marina, en Madrid– que servirían de modelo e inspiración a su alma culta y sensible para dotar a la patria chica de una institución extraordinaria.

Viaje al corazón de Rojas.

Grupo de asistentes a la apertura del nuevo local del Museo-Biblioteca Pública, el 20 de mayo de 1918. (Foto: Cortesía de Ernesto Álvarez).

No estuvo ajeno a las exigencias de su tiempo y a pesar de su posición social acomodada, supo asumir el deber de aquella hornada protagonista de la gesta independentista. Conspiró contra el yugo colonial con actividades de espionaje, apoyo logístico y propaganda en favor de la Revolución. Por eso sufrió prisión.

Aunque se dedicó casi de lleno a las labores comerciales y conspirativas, halló tiempo para escribir libros y reseñas sobre historia local. Desde abril de 1895 comenzó a sembrar entre familiares, amigos y conocidos su romántica idea de crear un museo-biblioteca en la localidad. El padre Joaquín de Rojas, quien asumió como alcalde municipal en diciembre de 1898, así como otros gobernantes y personalidades locales, lo ayudaron incondicionalmente en sus propósitos.

Era tal su interés por todo lo relativo al progreso cultural de Cárdenas, que aprovechó tertulias y reuniones para predicar su credo.

Justamente, en una de esas frecuentes veladas que muchas veces tenían por sede su propia casa, conoció a la bella Alicia Fernández Cazimajou, quien se convirtió en su esposa. Al referirse a ella, expresaba: “¡Cómo desearía cubrirle su camino de flores!”. Era un hombre afable, humanitario, consagrado a las causas de buena fe, febril y enamorado.

Oscar María gustaba vestir con pantalón de dril blanco, saco de alpaca negro y sombrero de paja estilo canotié. Además, impresionaba por la perseverancia casi enfermiza que lo llevó a reunir una de las colecciones museables más importantes del país. Más que eso, sobresalía por el conocimiento minucioso de las joyas históricas en exposición.

Su donairosa ejecutoria y emprendimiento infatigable, motivó que José María Villaverde, presidente de la Empresa Comercial del diario habanero Cuba, sentenciara –en abril de 1914– que Rojas constituía “[…] el alma del Museo, el espíritu vivificante de aquel mundo inanimado: enseña las banderas y muestra los retratos y señala las curiosidades con respetuosa delicadeza, como si se tratara de algo bendecido que el tocarlo fuera profanación”.

Su obra magna

Viaje al corazón de Rojas.

Otra estampa del día inaugural del edificio propio. (Foto: Cortesía de Ernesto Álvarez).

Gracias a su genio prolijo y al crecimiento de los fondos a partir de las numerosas colaboraciones, el 20 de mayo de 1918, tal como estaba previsto en el Programa Oficial de los Festejos por el Ayuntamiento para ese día, quedó inaugurado el edificio propio del Museo-Biblioteca. Era el primer inmueble construido para ese fin en Cuba. Al acto asistieron unas 2 000 personas entre personalidades nacionales, autoridades locales y población.

Es menester asentar que la apertura oficial del Museo y Biblioteca Pública Municipal de Cárdenas ocurrió el 19 de marzo de 1900, en los predios de la Casa Consistorial, con la muestra de la colección de conchas y caracoles terrestres, marinos y fluviales, donada por Francisco Blanes y Palencia. Fue este un destacado malacólogo, taxidermista y joyero que fungió como primer Conservador de la institución.

Desde entonces –hasta el citado mayo de 1918– radicó en espacios cedidos por el Ayuntamiento; y se convirtió en uno de los más apreciados sueños de la comunidad cardenense y avivó el interés nacional.

El Museo y Biblioteca Pública, ahora dotado de flamante edificio, fue su obra cumbre. Era un inmueble cómodo, de sólida y elegante arquitectura –por fuera y por dentro–, donde todo lo de valor histórico que pudo recolectar, a lo largo de 20 años, tuvo allí su sitio. Raramente hizo adquisiciones, sino que apelaba al patriotismo y generosidad de las personas para que colaboraran con donaciones.

Resultado tangible del afán de un hombre que cumplió su encargo paso a paso, sumando de aquí y de allá, este museo cubre hoy un amplio abanico temático.

Viaje al corazón de Rojas.

El museo Oscar María de Rojas es el segundo más antiguo del país y posee un extraordinario fondo patrimonial. (Foto: Cortesía de Ernesto Álvarez).

La exhibición se distribuye en varias salas donde puede verse valiosos objetos relacionados con la historia, culturas precolombinas de Cuba y América, minerales, conchas y caracoles marinos y terrestres, lepidópteros y coleópteros, armas, etnología religiosa, numismática y arte.

Entre miles de piezas que componen la majestuosa colección, se descubren reliquias asombrosas vinculadas con Céspedes, Martí, Gómez, Maceo y oficiales mambises; hay medallas, condecoraciones, monedas, animales disecados, retratos de héroes y otros objetos disímiles igualmente increíbles; incluidos algunos relacionados con el mismísimo Napoleón Bonaparte.

Un proyecto de remodelación capital y remontaje expositivo otorgó –a partir del 5 de diciembre del 2003, cuando fue reabierto por Fidel– una nueva imagen al Museo “Oscar María de Rojas”.

Después de un siglo de existencia y fidelidad a los ideales de sus fundadores, el centro salvaguarda con devoción un trozo de la historia de Cuba y del mundo, y honra aquella obra fraguada por sentimientos de amor, altruismo y genuina cubanía.

Huella viviente

Viaje al corazón de Rojas

La sede actual, antigua Casa Consistorial donde abrió sus puertas en 1900, fue declarada Monumento Nacional en el año 2000. (Foto: Cortesía Ernesto Álvarez).

Fue el 15 de octubre de 1921 –hace ahora 100 años– cuando, como consecuencia de una prolongada enfermedad cardiaca, en su casa de la calle Industria no.40, fallecía aquel hijo ilustre que tanto prestigio cívico y cultural tributó a su Cárdenas natal.

Había pasado varias semanas de reposo absoluto, a fin de procurar alivio a su delicado estado de salud; pero los ahogos, la disnea y las palpitaciones fueron insoportables. Su esposa y el doctor Luis Ros, quienes lo atendieron hasta el desenlace fatídico, testimoniaron que había muerto: “pensando hasta el último momento en su obra”.

Tan infausta fue su suerte, que el día 16, fecha en que debía cumplir 56 años, se efectuaba su entierro –sin pompas ni ceremonias– en el panteón familiar. Vaya arbitrio el de Las Parcas, dueñas del hilo vital.

Por su estirpe filantrópica, vida ejemplar y pródiga obra, que aún pervive para orgullo de sus coterráneos y para beneplácito de toda la nación, Oscar María de Rojas merece ser justipreciado –más allá de este centenario– como una de las figuras cimeras de la promoción cultural en Cuba.

Así se haría justicia al aludido mensaje de Neruda: “Este es un viaje al fondo escondido que mañana se levantará viviente”.

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Igor Guilarte Fong

 
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