3
Publicado el 18 Noviembre, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Cultura
 
 

EL GUAJIRO QUE PINTA: ¿monte Vedado?

Rogelio Fundora aproxima su pedacito de ser a la ciudad. Ninguna contradicción, porque la cultura cubana es una sola. BOHEMIA invita a una desacostumbrada visión del campo en un singular lugar
Compartir
EL GUAJIRO QUE PINTA: ¿monte Vedado?

“Cuando mi guajira se va, se lo lleva tó”, de Rogelio Fundora.

Texto y Fotos: MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

El monte ha abierto un trillo en la ciudad. Sus malezas y sus trinos y verdores se colaron en medio del habanero barrio de El Vedado. Y parecería cosa inaudita, pero en Cuba las rarezas son habituales. Ya está dicho que lo mágico sorprende al visitante, y es que las maravillosas expresiones autóctonas de cubanía proliferan en cada recodo de la patria.

Es así que el Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI), fundado en el 2000, lanza al vecindario y a la nación toda “la promoción y el conocimiento y cultivo de la décima y el verso improvisado”, y se propone con éxito reconocer a sus principales representantes en Cuba e Iberoamérica”, como tan atinadamente reza la enciclopedia nacional ECURED. Este “comercial” no es falsa moneda. Como reportera lo pude comprobar el 12 de noviembre de este año, cuando asistí a la inauguración de la exposición “Mi Tierra, nuestro futuro”, del artista de la plástica Rogelio Fundora.

EL GUAJIRO QUE PINTA: ¿monte Vedado?

Disciplinado, no hubo quien le quitara la mascarilla.

El pintor –-entre naif y no académico, muy auténtico– ya ha extraviado su nombre en el monte, por lo que todos le conocen como “el Guajiro que pinta”. Como tal me fue presentado. Y aunque ahora este asentado en la capital cubana, se ha traído la frescura de sus orígenes en lienzos y acrílicos para “desdibujar” lo bucólico no ya en las típicas palmeras o el bohío de los “clichés”, sino en evocaciones mixtas de esencias.

Y puede que haya quien no se saque el sombrero ante su “experticia iletrada”; sin embargo, ya nadie se atreve a endilgarle cartelitos de ajeno a las artes plásticas. Ha sabido ganarse su currículo a fuerza de constancia, en más de 70 exposiciones personales y colectivas, también allende los límites del país. Incluso la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) le concedió, en 2017, Diploma al Mérito por su obra.

A esta periodista se le antoja un poco extraviado de sí mismo. Me explico. Es guajiro sin dudas sin ser chapado a la antigua, ya que perfila un modernismo que a mí me provoca observar “su” campo cubano como una estructura vertical; vaya, un edificio de ciudad, contemporáneo en forma, técnica y colores.

El vestíbulo del CIDVI acoge hasta la propia culminación de la 14 Bienal de La Habana 2020/2021 esta exposición personal de Rogelio Fundora porque pertenece a ella misma, cual una de esas ramitas de la frondosa ceiba, como símil del gran arte de esta nación tan caribeña como universal.

EL GUAJIRO QUE PINTA: ¿monte Vedado?

Hubo hasta un “guateque”, con declamaciones de Emiliano Sardiñas y Luis Paz (Papillo), este último director del CIDVI.

La muestra de ahora no es banal atisbo de raíces o simplificada temática guajira. En el centro de cada cuadro una bella mujer concita sobre su cabeza y su alrededor todas esas amalgamas campestres tan nuestras: un panal, un habano, frutas, animales, y un sinfín de imágenes que ahora mismo, mientras escribo, no recuerdo, pero que el lector de Bohemia podrá contemplar en las fotografías que acompañan el presente texto.

Pero lo ideal, lo realmente perfecto, es que usted, si vive en la urbe habanera o si pasa por ella, se aventure a andar hacia ese trillo que lo puede llevar monte adentro desde una perspectiva otra de la simpar campiña cubana.

En El Vedado, en la calle A, entre 27 y 29, el Centro Iberoamericano de la Décima y el

Verso Improvisado lo invita a la contemplación versada no solo en representaciones

pictóricas; también en palabras del poeta y escritor Alexander Besú Guevara:

“Sobre un sombrero de guano

en un campestre retiro

la guitarra de un guajiro

desgrana un punto cubano.

Con un tabaco en la mano,

o una copa de ron puro,

la sintiera esparce un duro

perfume de sementera,

y parece que dijera:

Mi tierra, nuestro futuro.”

EL GUAJIRO QUE PINTA: ¿monte Vedado?

Tres ensoñaciones diferentes: Carretillas voladoras”.

Compartir

María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda