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Publicado el 20 Noviembre, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

MÚSICA: improvisación sin límites

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Por SAHILY TABARES

MÚSICA: improvisación sin límites.

El maestro Chucho Valdés descuella en el panorama jazzístico internacional.

Fotos: LEYVA BENÍTEZ

Múltiples fusiones vigorosas nutren el germen procedente de Nueva Orleans. Son baluartes los grandes, sin distancias ni silencios renuevan el fructífero camino donde descuella una pléyade de músicos que dominaron los géneros populares cubanos ligados al jazz por sus raíces africanas. Ellos dan rienda suelta al talento, a la búsqueda de nuevas formas de hacer.

Existe un rico arsenal vigente en el panorama musical del siglo XXI. De acuerdo con el maestro Bobby Carcassés, gestor principal del Festival de Jazz surgido en 1980: “Este género no es de minorías, ni de élites, sino de pueblo”. Él logra fascinar a públicos de diversas generaciones, con la voz busca sonoridades particulares, lo consigue mediante el scat, una de las técnicas más llamativas, consistente en imitar sonidos instrumentales (onomatopeyas) en pasajes improvisados.

Otro legado sorprendente revitalizado cada día pertenece al maestro Chucho Valdés, quien en 1972 fue seleccionado por varias revistas especializadas entre los cinco primeros pianistas de jazz en el mundo. Con su agrupación Irakere rompió esquemas e inició una nueva etapa en la historia del jazz cubano y el latin jazz en general. Lo distinguen un sello individual, la experimentación de conceptos orquestales que revolucionaron el panorama sonoro de nuestro país.

Poco se recuerda que el autor de piezas emblemáticas, entre ellas, A romper el coco, Mambo influenciado, integró la percusión y el piano como un todo único para producir notas, frases melódicas, y así brindar especial énfasis al ritmo.

MÚSICA: improvisación sin límites

Herbie Hancock ha ponderado la valía de los intérpretes cubanos.

Por su parte, el notable maestro estadounidense Herbie Hancock reconoció durante una visita a La Habana, hace algún tiempo, la valía de los intérpretes cubanos. “Consagrados y jóvenes dan muestras de conocer muy bien lo suyo, lo que viene de otras latitudes. Son creativos, sinceros, dan muestras de su versatilidad y conocimientos”.

Por todo esto, el pasado nunca será remoto, suele adquirir valores añadidos. Además de escuchar las músicas debemos pensarlas. Sin la conjunción de informaciones, disciplinas formativas, es imposible renovar el discurso musical; hay que sumar ideas, células matrices, memorias desbordadas e intuiciones.

La edición 37 del Festival Internacional Jazz Plaza, que ocurrirá del 18 al 23 de enero próximos, propiciará el disfrute de la improvisación sin límites en La Habana y Santiago de Cuba. Una larga tradición tendrá continuidad en conciertos presenciales y citas online.

El cartel del evento, la obra Trompeta china, del Premio Nacional de Artes Plásticas 2017, Eduardo Roca Salazar (Choco), además de ser uno de los atractivos reforzará el fuerte nexo entre la pintura y la música.

De igual modo, el apoyo de la Unesco al Jazz Plaza, mediante su programa Transcultura, figura como una de las novedades de la convocatoria para que ejecutantes de la región del Caribe asistan y compartan con los públicos en la Mayor de las Antillas.

Intérpretes que cultivan diferentes estéticas demostrarán sus particularidades. Según el criterio occidental, que se adoptó durante mucho tiempo, la percusión es solo para acompañar. Pero entre los africanos y en ciertas músicas afrocaribeñas y afrobrasileñas los instrumentos percutidos no son solo acompañantes, pueden ser autosuficientes. O sea, logran cantar con voz propia y hasta constituir una orquesta o conjunto de voces que desarrollan un discurso polirrítmico, a veces alternando como solista o en coro.

El carácter comunicativo, colaborativo, de la improvisación, el sentimiento de comunidad, generan la riqueza del texto musical y el desarrollo de vínculos emocionales y culturales.

MÚSICA: improvisación sin límites.

Bobby Carcassés, Premio Nacional de Música, se distingue por su carisma y talento.

De lo que ocurra en el Festival merecen quedar registros fonográficos y audiovisuales para cuando se cuente la historia no queden en el olvido. La sorprendente aventura inimaginable del jazz, renueva, apasiona, sugiere, nutre el pensamiento y el alma con bríos poderosos. Lo bueno nunca pasa de moda, precisamos seguir estableciendo jerarquías culturales para el presente y el futuro. Sembrar es de sabios, sobre todo con el interés de recoger siempre mejores frutos.

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