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Publicado el 17 Noviembre, 2021 por Pastor Batista en Cultura
 
 

Reina Torres desnuda aún más a Tina Modotti

Autora de un interesante libro, acaba de revelar entre estudiantes de Ciencias Médicas detalles en torno a la dimensión humana, fotográfica y política de la mujer que hizo feliz y lo fue, como con nadie, junto a Mella
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Reina Torres desnuda aún más a Tina Modotti.

Durante la presentación se podría escuchar el vuelo de un insecto.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Por arte no de magia, sino de la buena literatura, la luchadora italiana Tina Modotti y el más puro amor de su vida: el líder revolucionario cubano Julio Antonio Mella, se escaparon de la primera parte del pasado siglo para llegar hasta la actualidad y conversar con estudiantes y profesores de la Universidad de Ciencias Médicas en Ciego de Ávila.

De lograrlo –sin un segundo de tedio- se encargó la MsC Reina de la Caridad Torres Pérez, diputada al Parlamento cubano y Directora de Comunicación en el Gobierno Provincial del Poder Popular, al hacer la primera presentación oficial de su libro Tina Modotti, mucho más que un cuerpo desnudo.

La actividad tuvo lugar en el contexto de la XIII edición de la Feria Universitaria del Libro y la Lectura, organizada por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en ese centro, formador de nuevos profesionales en el campo de la medicina, donde, además, nació la idea de escribir el libro, publicado en 2018 por la editorial Pablo de la Torriente Brau.

Reina Torres desnuda aún más a Tina Modotti

Desde niña, Reina ha adorado a las figuras de Tina y Mella.

Su autora no podía desaprovechar esta oportunidad, para ampliar entre las actuales generaciones el conocimiento en torno a una mujer que, por su avanzado pensamiento e incansable acción a favor de las causas más justas, transgredió su tiempo.

Por cierto, en este 2021 arribó, inquieta como siempre, a su 125 cumpleaños.

Condensados en 108 páginas, textos e imágenes confirman lo que desde hace muchos años se había propuesto lograr Reina de la Caridad: profundizar en facetas poco conocidas o prácticamente desconocidas de quien, por bellísimas y muy nobles razones, hechizó, con amor y mucho más, a Mella: considerado una de las figuras políticas más importantes de la Cuba pre-revolucionaria.

Por ello, la autora escapará de lo que todo el mundo conoce: la idílica relación de amor entre ambos, para sumergirse en una apasionada y fervorosa gestión de búsqueda que le permita hilvanar otros hilos asombrosamente interesantes.

Así, el lector se encontrará con una figura que sin haber bebido del conocimiento universitario –como Mella- no solo llegó a dominar seis idiomas o a hacer funciones de traducción, sino que tuvo la extraordinaria capacidad de comprender los intríngulis de la política, la esencia de los fenómenos sociales y económicos de su tiempo, como soportes indispensables para derivar en incansable defensora de los sectores más humildes, en disputa total con el poder del capital(ismo).

De manera que, si asombrado puede quedar quien lee frente a una Tina que en aquellos rígidos años posó artísticamente desnuda con fines fotográficos, tomó baños en idéntico estado junto a su amante encima de una azotea o interpretó roles en el cine mudo de Holywood, no menos sorprendido puede terminar al verla convertida en precursora del fotorreportaje en América, con la maravillosa capacidad, además, de superar lo técnicamente formal en la fotografía, imprimirle una altísima sensibilidad como atributo a la imagen y emplearla como un arma de denuncia y de combate.

Reina Torres desnuda aún más a Tina Modotti.

La autora, obsequiándole un ejemplar del libro a la FEU.

Así consta a ojos vista en las más de 400 instantáneas que conforman su obra, signadas por un incuestionable virtuosismo, información a bordo y una calidad que no por casualidad llevó a Edward Weston (uno de los hombres con quienes compartió vida) a afirmar que le hubiera gustado fuesen suyas muchas de las fotos tomadas por la muchacha.

La explicación la obsequia de forma gráfica la propia Reina Torres Pérez, al facilitar un encuentro con Tina desde dos ángulos o posiciones distintas: frente al lente (captada por otros) y detrás de él, atrincherada al sur del visor de su propia cámara, adueñándose de rostros, acontecimientos e instantes para hacerlos patrimonio de la mirada colectiva, universal, más allá del lugar y momento de la captura.

Búsqueda, mucha búsqueda pasiva y activa, a la par de contactos muy oportunos con paradigmas de la investigación histórica, como Addis Cupull y Froilán González, devienen cimiento para la solidez que un título así requiere.

Por ese atributo están marcados otros títulos de Reina, al estilo de “Colorisoñando”, presentado en el Complejo Morro-Cabaña durante la Feria Internacional del libro 2018 y cuyos ejemplares se agotaron rápidamente, además de merecer un año después mención del Premio Puerta de Papel.

Luego de haber entrado por el apasionante mundo de Tina  la autora continuó su entusiasmada pesquisa por Julio Antonio Mella (de quien muchos la consideran novia en estos tiempos), hasta coronar otro excelente libro titulado Julio Antonio Mella, como Apolo y Prometeo, entregado también a la editorial Pablo.

Reina Torres desnuda aún más a Tina Modotti.

Portada del libro presentado.

Ambos productos, como su también exquisita obra poética –por develar aún a pesar de sus destellos, básicamente en el oleaje digital o en algún que otro concurso- no dejan la menor duda acerca de cuánto puede lograr una autora o autor pertrechados de motivaciones, pasión y convicciones.

Para demostrarlo, en el caso específico de Reina de la Caridad, me sobran ejemplos y razones. En cambio, solo evocaré uno que quizás ella ni imagine, pero que condensa, en sensitiva parábola, la sensibilidad y la persistencia de una mujer profundamente tierna y, a la vez, tempestuosamente temperamental:

Empeñada en exprimirle al seno del inmerso iceberg al que se aferró todo cuanto pueda robustecer a la criatura literaria que ella está engendrando, acude a una mujer mexicana a quien jamás ha visto. Se llama Maricela Barrientos. Reina solo quiere acceder, en la medida de lo posible, de modo más cercano, a la obra fotográfica de Tina. Maricela no solo se torna artista y bendición para lograrlo, también sitúa sobre la tumba de la heroína italiana, un ramo de bellas flores. Luego le confesará a Reina: “Se las puse en nombre tuyo”. De más está decir lo que usted imagina en este instante: a pesar de lo fuerte que ha sido desde niña, algo indescriptiblemente hermoso humedece la pupila de la autora del libro mientras detrás de ella –segura está de eso- su eterno novio (Mella) sonríe agradecido, satisfecho.

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Pastor Batista

 
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