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Publicado el 8 Noviembre, 2021 por Sahily Tabares en Cultura
 
 

Ver más allá de la simple alabanza

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Ver más allá de la simple alabanza.

El artista Jorge Pedro Hernández defiende un proyecto que estimula el aprendizaje y el disfrute desde la niñez. (Foto: LEYVA BENÍTEZ).

Por SAHILY TABARES

El horror protagoniza muchos juegos electrónicos que circulan de mano en mano, la violencia prolifera en las pantallas mediáticas y también regresan los cuentos de hadas como un valor agregado a productos de uso y consumo. Al tanto de este panorama, se impone repensar con urgencia el entretenimiento, el cual es, sin duda, un derecho legítimo, pero no puede limitarse a la rutina o la enajenante elección de ver más de lo mismo con una postura acrítica.

En la programación televisual se privilegian cuentos clásicos reformulados desde diferentes puntos de vista, vuelven las historias de Cenicienta y Blancanieves, brujas, ogros maléficos, para representar indistintamente el bien y el mal, el amor y la traición, veleidades y acciones de buena voluntad.

Una industria poderosa acude a fábulas ancestrales, de las que se retoman –a veces de manera inverosímil– la eterna contienda entre héroes y villanos, y una demarcación engañosa de ambos mundos. En ocasiones se simplifica el impacto de la TV, su capacidad para persuadir desde el espacio íntimo, mediante discursos e imágenes susceptibles de ser reveladores de conflictos, circunstancias en dependencia del interés, la intencionalidad de realizadores y televisoras.

No obstante, historias producidas en el ámbito nacional descuellan por su inteligencia, creatividad y belleza formal. Ocurrió con el programa Travesía musical: El Reino de la Palabrera (Cubavisión, sábado, 11:00 a.m.).

Protagonizado por la compañía El Hombrecito Verde y varios invitados, el espacio ofreció un acercamiento al conocimiento, a los saberes, dirigido a la niñez, en especial al grupo de menos edad. De ningún modo extrañó la propuesta, su director artístico y general, Jorge Pedro Hernández, comentó en exclusiva para BOHEMIA: “Es importante alimentar la imaginación durante la infancia. Reconforta que logremos motivar en las audiencias el deseo de ser mejores personas, aprender y jugar sin perder la inocencia”.

Ciertamente, la cultura contemporánea no puede desarrollarse sin los públicos masivos ni la noción de pueblo, el cual nace como parte de la masificación social.

Al mirarse en el “espejo” que pretende ser la pantalla, el espectador exige verdad artística. Por lo tanto, tampoco olvidemos una sabia máxima del crítico cultural estadounidense Neil Postman (1931-2003): “No vemos la realidad como es, sino como son nuestros lenguajes y nuestros lenguajes son nuestros medios de comunicación. Nuestros medios de comunicación son nuestras metáforas. Nuestras metáforas crean el contenido de nuestras culturas”.

La invasión de series, juegos, otros audiovisuales, exige, sobre todo, un ojo crítico, no el que oculte o sancione, sino el capaz de ver más allá del bocadillo, de la simple alabanza, la puesta a favor de la violencia y el descalabro en contraposición al bien y la justicia.

En la actualidad la narrativa audiovisual prevalece como puente de entendimiento e información, que circula fuera de la escuela y hasta del entorno familiar. Educar desde la comunicación contribuirá a sembrar la alerta en el ojo crítico, que los propios televidentes reconozcan lo valioso, desechen lo inservible.

Igual que la vida, el relato ficcional establece analogías y metáforas desde concepciones de la temporalidad, la construcción del orden o el establecimiento de laberintos; dado su no sometimiento a la condición de lo “real”, incluso puede ser escenario de inauditas transfiguraciones e inesperadas causalidades, que han de responder a algún signo de verosimilitud o efecto de realidad, la cual no es la cotidiana, sino otra realidad ajena al dato sociológico o histórico.

De ningún modo por azar los públicos exigen variaciones de lenguajes en un mundo de visualidades cada vez más fragmentado, en el que las transformaciones propias de la modernidad instauran otro tipo de relación social que la cultura tecnológica ya prefigura, de ella la televisión es un eslabón esencial, hay que aprovecharla cada día en beneficio de toda la sociedad cubana. Pensemos en esto.

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Sahily Tabares

 
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