Foto. / cubadebate.com
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Del alma a la vida siempre omnipotente

La memoria es la dueña del tiempo. En ella buscamos esencias, raíces, que nos traen al presente infinitas huellas imperecederas. De ese acervo cultural se nutre el Movimiento de la Nueva Trova (MNT) fundado el 2 de diciembre de 1972 en la ciudad de Manzanillo, donde un grupo de cantores firmó un documento dando inicio a esa organización.

Es una historia tejida puntada a puntada, llena de emociones y sentidos, los cuales nunca escapan, perviven en el corazón al cantar bajito Pequeña serenata diurna, de Silvio Rodríguez, o Girón, la victoria, de Sara González. Siembran la inquietud implícita en los cambios del tiempo inaugurado por las nuevas conquistas de la Patria en Revolución.

Volvemos ahora a recorrer más de un camino al evocar tantos títulos, los cuales gozan de plena salud, resplandecen en la Jornada de celebración y homenaje que tiene lugar en todo el país hasta diciembre, convocada en la histórica e imprescindible Casa de las Américas, espacio precursor del Primer Festival de la Canción Protesta hace 55 años y de los cinco decenios de la fundación del MNT.

Todavía nos parece escuchar a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, en un recital (1968) que daba a luz a una corriente estética y ética del arte que vibra en los contextos políticos, sociales, culturales, por los cuales ha atravesado la nación cubana.

La cuidadosa conservación del recuerdo adquiere vitalidad en el testimonio de otro protagonista, Pancho Amat, quien ha recreado exquisitas piezas de su autoría, entre ellas Razones para cantar, una de las tantas declaraciones de principios implícitas en las obras fundacionales. Según reconoce, el Movimiento ha sido la voz de una épica revolucionaria siempre con un espíritu crítico, transformador; nutre la banda sonora que acompañó la liberación de los pueblos en el continente latinoamericano; patentiza diversas maneras de asumir la canción como una de las bellas artes.

Pancho Amat defiende el afán del Movimiento de la Nueva Trova por contar hechos y sembrar emociones. / Leyva Benítez

Consagrados, jóvenes, entre ellos Heidy Igualada, revitalizan el acontecer, se suman a la conmemoración del acontecimiento fundacional, en la cual participan varias instituciones culturales, con el propósito de diversificar los sitios de presentaciones, socialización, consumo de la trova, y mantener su protagonismo en el imaginario popular.

Heidy Igualada es una valiosa cantora. / Leyva Benítez

Del alma a la vida siempre omnipotente, el Movimiento estimula diversos géneros musicales, el conocimiento de la poesía que emprende la necesaria búsqueda del alimento espiritual.

Quizá poco se reflexiona, o no en su justa dimensión, en las fuentes nutricias, el coloquialismo, las alusiones de trovadores que junto a su guitarra traen a colación recuerdos de la infancia, la épica histórica trascendental, los amores adolescentes, maduros, el sentimiento patriótico, problemáticas sociales, evocaciones del pueblo o la ciudad natal.

Imposible olvidar una máxima preciosa del querido Vicente Feliú: “No se puede hacer la Revolución con canciones, pero no se puede hacer la Revolución sin canciones”. Por esto ha crecido el afán de contar, de narrar hechos, situaciones, procesos personales o colectivos.

Representantes del Instituto Cubano de la Música y otras instituciones destacaron a la prensa la valía de una Jornada que se extenderá hasta diciembre. / Leyva Benítez

Hay mucho de búsquedas, hallazgos infinitos en la combinación de estrofas, versos distintos, reencontrados por tantos nombres perdurables. Los fundadores y quienes llegaron después han abiertos senderos que serán explorados durante la Jornada.

Ciertamente, al oído llegan lenguajes fortalecidos con la justicia profunda del canto verdadero. Pero, “las canciones no se explican: se cantan, se tararean, ellas nos vienen a la memoria una y otra vez sin pedir permiso”, ha dicho Marta Valdés. Al traerlas al presente, al mañana, se cumple la retadora grandeza de proteger lo nuestro, lo genuino, salvarlo de persona a persona, sin el más mínimo silencio u olvido, de la forma más entrañable posible.

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