Dengue: una vez más en primer plano
Dengue: una vez más en primer plano

Dengue: una vez más en primer plano

Temprano en la mañana, en un área aledaña al policlínico Efraín Mayor, del municipio habanero del Cotorro, se reúnen los trabajadores de la campaña de vigilancia y lucha antivectorial para coordinar las labores que realizarán durante el día como parte de la etapa intensiva que tiene lugar en ese territorio, al igual que en el resto del país, para reducir los índices de infestación del Aedes aegypti, transmisor del dengue y otras arbovirosis.

“En estos años de pandemia el mosquito cogió mucha ala porque la prioridad era controlar la Covid-19”, comenta a BOHEMIA Omar Aldama Fresneda, de 52 años, operario de la campaña desde hace poco más de una década. En los meses de combate contra el SARS-CoV-2 su misión diaria era fumigar las calles con solución clorada, así como las viviendas de las personas contagiadas con el SARS-CoV-2, cuenta. “Hubo días en que se diagnosticaban 30 casos o más y nos sorprendía la noche desinfectando manzanas completas”.

Aunque admite que la labor durante la pandemia ha sido más compleja por la propia magnitud de esa emergencia sanitaria global, la que realiza contra el dengue exige también gran esfuerzo. “Desde mediados de julio empezó en esta área de salud el trabajo duro y en agosto se ha intensificado. El tramo más complicado que fumigo es el que abarca la fábrica Antillana de Acero y Santa María del Rosario porque son manzanas muy largas, con muchas lomas, y termino muy agotado, casi a las seis de la tarde”, confiesa Omar Aldama.  

Él forma parte de los 28 trabajadores que laboran de forma permanente en la campaña, de los cuales 20 se encargan de realizar el tratamiento focal, o sea la inspección de la vivienda o centro de trabajo en busca de posibles focos de criaderos del vector y destrucción de los que puedan existir, y el resto se ocupa de hacer el perifocal y el adulticida para eliminar al mosquito adulto, explica Carlos Michel Escalona Diez, jefe del departamento de Vectores del policlínico.

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Trabajadores de la campaña y fuerzas de apoyo coordinan las labores que realizarán durante el día como parte de la etapa intensiva.

A ellos se suman 20 combatientes del Ejército Juvenil del Trabajo y 32 movilizados de diferentes procedencias, agrega Escalona. “Este apoyo es imprescindible para realizar las acciones propias de la etapa intensiva, y el tratamiento focal cuando se detectan casos febriles, pues el área de salud del policlínico Efraín Mayor abarca un universo de 15 070 viviendas, el más grande del Cotorro”.

Pausa necesaria, pero costosa

Para el médico José Luis Marichal Yanes, especialista en Medicina General Integral (MGI), esta es la tercera campaña intensiva contra el Aedes aegypti que lidera como director del policlínico Efraín Mayor, y la más difícil. “Lamentablemente, lo que dejamos de hacer en tres años debido a la Covid-19, lo estamos haciendo ahora”.

 Explica que cuando iniciaron la etapa intensiva, a principios de agosto, promediaban más de 60 casos febriles diarios. “El policlínico cuenta con seis camas (tres en terapia intensiva e igual número en observación) y en esos días llegamos a tener 14 personas remitidas a la vez por sospecha de dengue. Hubo un momento que tuvimos 10 pacientes con signos de alarma que recibían hidratación de forma simultánea en nuestro centro.

“Estábamos en un alza total. A las 10 de la mañana todos los médicos y enfermeras que estábamos en el policlínico teníamos que apoyar al personal del cuerpo de guardia porque resultaba insuficiente para la cantidad de pacientes que arribaban al centro. Remitíamos 13 para los hospitales y nos llegaban otros 10, algunos deshidratados. Así estuvimos durante varias jornadas; sin embargo, después de estos 21 días de campaña intensiva los casos han disminuido considerablemente”.

En esta ocasión —precisa el también master en Urgencias Médicas— han recibido más niños, niñas y adolescentes (cuyas edades oscilan entre 12 y 18 años, sobre todo) que adultos. “Quizás porque son más vulnerables, por lo general no han tenido dengue con anterioridad, y permanecen más tiempo en las viviendas, donde están principalmente los focos del mosquito”.

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Cuando aparece un caso sospechoso de dengue hay que hacer acciones de tratamiento adulticida en la vivienda de esa persona y las contiguas.

En los pacientes en edad pediátrica, añade el doctor José Luis Marichal, los signos de alarma que más han visto son el dolor abdominal y la deshidratación, pero no han sido frecuentes. Tales signos —entre los que se hallan además vómitos reiterados, edema o hinchazón, irritabilidad, somnolencia, desmayos y sangrado— se han presentado mayormente en adultos que tienen otras comorbilidades; por ejemplo: cardiópatas, diabéticos, hipertensos, pacientes oncológicos e inmunodeprimidos.

“Estos casos los ingresamos en la terapia intensiva del policlínico, los hidratamos y los remitidos en el día a una institución hospitalaria. Los adultos son trasladados para el hospital Miguel Enríquez, y si se trata de una embarazada para el Enrique Cabrera. Los menores de edad son llevados para el hospital pediátrico de San Miguel del Padrón, conocido como La Balear”.

Aclara el especialista que todos los lactantes, embarazadas y puérperas con fiebre se remiten a un hospital, tengan o no signos de alarma.

Responsable… ¿el otro?

El policlínico Efraín Mayor atiende una población de aproximadamente 38 801 personas y cuenta con 41 consultorios médicos, “todos con presencia del médico y la enfermera”, afirma el director de esa institución de salud.

“Del total de casos con sospecha de dengue que recibimos en el centro, el 70 por ciento viene remitido de los consultorios. Cuando el paciente llega al cuerpo de guardia es examinado por el médico y si no presenta signos de alarma, este le indica el ingreso en el hogar, lo cual requiere un seguimiento por parte del médico y la enfermera de la familia.

“En caso de que el enfermo tenga signos de alarma es evaluado además por una comisión que hay en el policlínico, compuesta por un pediatra, un clínico, un ginecobstetra y dos especialistas en MGI, la cual determina si es remitido para el hospital o permanece ingresado en el hogar durante 10 días. Cuando se decide esto último, al sexto día se le hace al paciente la IgM (anticuerpos que marcan una infección reciente) para saber si tiene dengue o no. Si resulta positivo continúa ingresado en el hogar hasta cumplimentar los 10 días, y en caso de ser negativo se le da el alta clínica al séptimo día”. 

Diego Eduardo Recio Calvo, de 14 años de edad, es uno de los adolescentes que enfermó de dengue y fue remitido a La Balear. “Empecé con fiebre, decaimiento, y también sentí mucho dolor en la espalda y el estómago”, cuenta el muchacho, quien en el momento de la entrevista ya había recibido el alta médica y continuaba su recuperación en el hogar, arropado por su mamá —quien también había adquirido la enfermedad y permanecía en ingreso domiciliario—, y su abuela.

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“Lamentablemente, lo que dejamos de hacer en tres años debido a la Covid-19, lo estamos haciendo ahora”, dice el doctor José Luis Marichal, director del policlínico Efraín Mayor.

El doctor José Luis Albero Hidalgo, médico del consultorio 33 del reparto La Magdalena, donde reside Diego, sigue de cerca al menor y a la madre, entre otros pacientes, pues en la última quincena de agosto los índices de infestación en esa zona se incrementaron notablemente.

“Tenemos varias personas ingresadas en el hogar y seguir la evolución de cada una de ellas es para nosotros la prioridad. Además, en las tardes, la enfermera del consultorio y yo salimos a realizar la pesquisa activa, pero no podemos llegar a la totalidad de la población y la única forma de hacerlo es con el apoyo de las organizaciones de masas”, reconoce el médico.

Lucía Castrodá Garcés, de 70 años, lo sabe bien. Ella es coordinadora de la zona 16 de los CDR en ese barrio y una eficiente colaboradora del equipo básico de salud. “Durante el día me comunico por teléfono con los presidentes de los 13 comités para saber si alguien de su cuadra ha tenido fiebre y a las seis de la tarde le informo al médico del consultorio si hay algún caso”, explica.

“De los 50 vecinos que han tenido fiebre en la circunscripción, 20 han sido positivos a dengue”, dice la también abuela de Diego.

Cerca del consultorio 33, Ana Luisa Lima Oseguera, otra septuagenaria, levanta la vista de la pieza de ropa que cose en su vieja máquina para atender a los reporteros. “El médico pasa a menudo por aquí, lo he escuchado preguntándoles a las personas cómo están de salud”, comenta la mujer. Aunque solo sale de su casa a buscar el pan a la bodega, Ana Luisa asegura que también ha oído el ruido de las bazucas fumigando por el área donde vive, “pero hace tiempo ya de eso”.

Amarilys Interián Villanueva, de 36 años, es madre de dos niños pequeños y vecina de La Magdalena. “Aquí cerca hubo personas con dengue, sin embargo hace rato que no fumigan. Los de la campaña pasan, piden el papel (visto), lo firman y se van”, asevera.

Denunciar lo que no se haga correctamente en cuanto al tratamiento en las viviendas es parte del llamado que hacía recientemente la doctora Carilda Peña García, viceministra de Salud Pública que atiende el área de Higiene y Epidemiología, en el programa televisivo Mesa Redonda, donde subrayaba además cuán importante es que reconozcamos la responsabilidad individual que tenemos en nuestra área de acción para evitar la proliferación del vector.

Señales en rojo

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El doctor José Luis Albero, junto a Diego Eduardo y Lucía Castrodá, coordinadora de la zona 16 de los CDR y abuela de este último.

El patio de Antillana —una comunidad de tránsito llamada así por ubicarse en los alrededores de la Empresa Siderúrgica José Martí, conocida como Antillana de Acero— es otra de las zonas que presenta una compleja situación epidemiológica en el área de salud del policlínico Efraín Mayor, asegura el doctor José Luis Marichal.

“Este barrio con alrededor de cuatro mil habitantes es uno de los que está en transformación, pues, entre otros aspectos, las condiciones higiénico-sanitarias no son adecuadas: fecalismo al aire libre, fosas sin tapar, tanques de agua improvisados. Hoy esa población es atendida en los consultorios 42 y 43, pero en el plan de este año está previsto crear allí dos para esa comunidad.

“Además del esfuerzo que se está haciendo allí por parte del Gobierno y el Partido, todos los sábados se realiza una feria de salud en la que participan médicos y enfermeras. Ese día se hacen labores de higienización, pesquisa activa, consultas médicas para evaluar a los lactantes y las embarazadas. También se realizan pruebas rápidas de VIH, y se chequea si algún morador no se ha vacunado contra la Covid-19, y si hay menores de un año con vacunas pendientes del Programa Nacional de Inmunización”.

Realidades como esta tornan más complicado el escenario epidemiológico. Pero en medio de las acciones intensivas para reducir los índices de infestación del Aedes aegypti, viejos obstáculos persisten en el camino. La maleza que crece frente a algunas viviendas en el barrio La Magdalena y los salideros de agua en Centro Cotorro, como el que corre por la calle 18, cerca de la tienda El Compás, por solo citar dos ejemplos, son indicadores a favor de la sobrevivencia del mosquito. Este es un momento difícil y vamos hacia el más complejo de la enfermedad, remarcaba la doctora Carilda Peña, y explicaba que, por una parte, el ciclo histórico muestra sus mayores picos a partir de finales de octubre y principios de noviembre, y, por la otra, estamos ante una oleada del vector y de los enfermos con dengue.

CRÉDITOS:
Autora: Marieta Cabrera

Fotos: Yasset Llerena

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