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Publicado el 2 Marzo, 2016 por Abelardo Oviedo Duquesne en Deportes
 
 

Baloncesto (M)-Naranja la alfombra y la cima

Independientemente de los cambios de temperatura, el conjunto de Villa Clara es la referencia del clásico liguero
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El mayor entorno de la LSB es anaranjado. No azul como esperaban algunos analistas. (Foto Anaray Lorenzo)

El mayor entorno de la LSB es anaranjado. No azul como esperaban algunos analistas. (Foto Anaray Lorenzo)

Por ABELARDO OVIEDO DUQUESNE

La frase: “es cuestión de tiempo” pertenece a las muy utilizadas también en la cotidianidad del deporte. Pero a veces su aplicación es imprecisa. Una prueba de ello sucedió en la última subserie entre Villa Clara-Pinar del Río correspondiente a la presente Liga Superior de Baloncesto (LSB).

Los analistas pronosticaron un doble para los vestidos de color naranja, los líderes, pero sucedió lo contrario. Los vueltabajeros propinaron un golpe de 92X74 unidades a sus huéspedes en la sala 19 de Noviembre. El segundo cotejo fue suspendido.

Esa victoria de los pinareños lastima, por supuesto, las pretensiones del conjunto de la provincia central, que aspiraba a reafirmar su liderazgo, y les permite soñar con la inclusión entre los cuatro grandes de la justa que finalizará el 1 de abril, si la discusión por el cetro se extiende a siete choques.

Capitalinos, otro de los competidores encumbrados, visitó al Santiago de Cuba. El primer mano a mano también fue cancelado. Lograron la sonrisa en el segundo cotejo 77X63 unidades.

Tanto los artemiseños, como los del guaso pugnan por acceder a la fase conclusiva del certamen. Dividieron honores. En la apertura sobresalió el Artemisa, medallista de bronce en 2015, 74X64 unidades. Luego sufrieron una amargura de 63X80 unidades.

Sorprendió la actuación de los avileños ante el Camagüey. Los subtitulares de la pasada LSB cedieron dos reveses. Las pizarras fueron 65X72 y 54X75 unidades.

¡Colegiados!

Se aproxima el final de la preliminar y enseguida comenzará la semifinal, etapa en que los desenlaces son, desde temprano, muy cerrados. La claridad u oscuridad de ese tramo no solo lo decidirán los jugadores, sino también la actuación de los silbantes.

Los estrategas de los equipos involucrados, es normal, desearán avanzar a la finalísima y, por esa razón, en ocasiones pierden la cordura. Empero los silbantes son los encargados de mantener un estadio normal en las duelas. Los caminos para conseguir ese objetivo son conocidos y de fácil aplicación. Las mejores estrategias son darle la espalda al jugador que proteste las decisiones. Y no detenerse a escuchar su apreciación y, mucho menos, ofrecerle una explicación acerca de su proceder.

El otro detalle es más difícil, pues se refiere al escenario competitivo. La afición local presionan para que las sanciones sobre jugadas dudosas, no las que vulneran el reglamento de la disciplina, favorezcan a su seleccionado. La mano dura, no de hierro, es imprescindible para esa delicada ocasión.

Cinco juegos, cantidad pactad apara la semifinal, son suficientes para que un equipo demuestre sobre el parqué la eficacia de su baloncesto. Siete, la cifra acordada para la discusión del cetro, ampara la apreciación mencionada anteriormente. Pero las equivocaciones en los momentos claves partidos de los administradores de la justicia, truncarán estrategias; y destrozarán rachas favorables, así como justas ilusiones. Y marcarán, de la peor de las maneras, al acontecimiento.

La clasificación general

1. Villa clara (16-7). 2. Capitalinos (15-6). 3. Ciego de Ávila (14-7). 4. Guantánamo (12-11). 5. Artemisa (9-15). 6. Pinar del Río (9-14). 7. Camagüey (9-14). 8. Santiago de Cuba (6-16)

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Abelardo Oviedo Duquesne

 
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