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Publicado el 28 Marzo, 2016 por Abelardo Oviedo Duquesne en Deportes
 
 

Baloncesto (M). Prevalece el color del cielo

El equipo Capitalinos, campeón defensor, es el primero de los cuatro grandes que logró el acceso a la final liguera
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Por ABELARDO OVIEDO DUQUESNE
Fotos Anaray Lorenzo

El equipo Capitalinos se midió con el de Guantánamo más de cuatro veces en menos de un mes, y la mayoría de los cotejos los marcadores fueron cerrados.

Dicen que dos de los cinco miedos de un escritor son volverse loco mientras redacta la obra, y concebir un suceso incomprensible. Una situación parecida también les ocurre a los estrategas de baloncesto, y de otros deportes de conjunto, en la postemporada de un clásico elite, pues deben mantener el juicio para no ser expulsados por los colegiados, así como indicarle a sus jugadores la táctica correcta para evadir una encrucijada mortal durante un comprometedor encuentro.

Rainier Panfet, el técnico del equipo Capitalinos que interviene en la Liga Superior de Baloncesto (LSB) para caballeros, cumplió esa máxima en el parqué de la Universidad del Deporte y sus muchachos arrollaron a su similar de Guantánamo 81X48 puntos en el tercer partido de la semifinal del evento anual.

Con esa terna de victorias consecutivas ante los orientales, los azules se convirtieron en el primer inquilino de la finalísima que iniciará el 4 de abril; y concluirá quince días más tarde, si necesario jugar los siete choques pactados para ese segmento de la competencia. El otro contendiente por el cetro emergerá del duelo entre Villa Clara-Ciego de Ávila.

Guantánamo no tiró la toalla. Sencillamente sus jugadores funcionaron mal ante las celadas de los giraldillos, no obstante evidenciar su disposición para extender el tope hasta cinco jornadas, el máximo previsto por los organizadores. Como los anfitriones de la disputa aplicaron la misma filosofía de sus huéspedes: marcaje cerrado y variable, el pulso resultó crudo durante la primera mitad del desafío. Los campeones defensores interpretaron mejor su partitura y el segmento concluyó 38X18 unidades.

Después, en los dos últimos cuartos del mano a mano, los visitantes abandonaron el guión y se refugiaron más en el juego individual. Se equivocaron ciento por ciento, pues ante un rival bien plantado en casa es imprescindible lanzar a la cesta luego de 18 segundos de pasear la esférica. De lo contrario, las ilusiones toman, como sucedió, el rumbo de la amargura.

Una prueba de ello aconteció en el tramo decisivo. Los guantanameros decidieron marcar zona de presión 1-3-1 para contrariar a los giraldillos. Pero la poca concentración permitió a los alumnos de Rainier Panfet vulnerar ese sistema defensivo y condenarlo al naufragio. Ese desempeño reactivó el vaticinio 3X0 derrotas difundido por los seguidores del conjunto de la capital.

¡Cuidado!

Panfet está confiado. Espera que sus alumnos conquisten otro pergamino, que prevalezca el color del cielo.

Empero, un adversario invisible asecha a los titulares de la LSB 2015. Se trata de los incisivos aficionados. Ellos no toman en cuentan que conforman la nómina baloncestistas jóvenes. Y usualmente cuando son aupados sobremanera en medio de las duras realidades competitivas, demoran, un tanto, para estabilizar el control emocional.

Esa conducta de los aficionados podría situarlos al conjunto azul en posiciones desventajosas y desagradables, y quebrar sus pretensiones de teñir otra vez de azul, del color del cielo y el mar, el entorno del clásico instaurado en 1990. La vida es testigo de las innumerables ocasiones en que un vencedor se ha convertido en vencido, porque los integrantes de su nómina soslayaron los cánones válidos para una etapa crucial.

Antes de la empezar la semifinal, los habaneros recibieron a los guantanameros en la duela de la institución docente universitaria. Panfet, molesto por una decisión arbitral que le reportó un tormento, dijo en un tono de voz por encima de lo normal: “No importa, ganaremos más títulos”.

Entonces, que la vida confirme o niegue esa nueva declaración del joven técnico.

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Abelardo Oviedo Duquesne

 
Abelardo Oviedo Duquesne