1
Publicado el 6 Julio, 2016 por Jose Dos Santos en Deportes
 
 

FIDEL Y EL PIBE DE ORO: Historia íntima de un balón

“Es sabio y modesto. Los cubanos tienen un hombre al frente que es un fenómeno y cuando le vi me pareció tocar el cielo con las manos. En este país no hay chicos descalzos”     
Maradona entrega una camiseta al líder cubano. (foto: ESTUDIO REVOLUCIÓN)

Maradona entrega una camiseta al líder cubano. (foto: ESTUDIO REVOLUCIÓN)

Por JOSÉ DOS SANTOS L.

En “Vivir en los medios: Maradona off the record”, artículo de Leandro Zanoni, se lee la expresión citada en el sumario de Diego Armando Maradona con la que el estelar futbolista argentino ha sido consecuente. Por los privilegios de mi profesión y fortuna de las coyunturas, fui de los que participaron en la atención del astro albiceleste en su primera visita a Cuba, en 1987, cuando viajó a La Habana para recibir el premio al Mejor Deportista Latinoamericano del año anterior, ganado en la ya tradicional y prestigiosa encuesta de la agencia Prensa Latina.

El Pelusa, apodo que “es el que mejor va conmigo porque me devuelve a la infancia en Fiorito”, llegó acompañado de su familia y amigos cercanos, entre ellos el periodista Carlos Bonelli, con quien –años después- compartiría más que recuerdos.

Por esa fecha, Maradona estaba camino a la cima del deporte rey, desde la cual afirmaría: “Soy un jugador que le ha dado alegría a la gente y con eso me basta y me sobra”. En 1987, como colofón de su programa en Cuba, sus 1.66 metros parecían perderse ante la estatura no solo física del Comandante, como le ha llamado desde entonces en un trato filial que trascendió aquella visita, en especial cuando –después- le brindó apoyo para enfrentar adicciones que no llegaron a ser fatídicas por el respaldo que muchos le dieron, incluyendo Cuba y su máximo líder.

Llegada al aeropuerto José Martí. (foto: ARCHIVO DEL AUTOR).

Llegada al aeropuerto José Martí. (foto: ARCHIVO DEL AUTOR).

Ganador del título de la Federación Internacional de Futbol (FIFA) como el mejor jugador del siglo XX (en la encuesta popular a través de Internet-Pelé lo fue en la selección de la FIFA), el también conocido como el Diez, D10S y Barrilete Cósmico, siguió en contacto con el líder de la Revolución Cubana y enraizó sus proyecciones, sumándole también su admiración por su compatriota Ernesto Che Guevara.

Entre muchos episodios recientes se recuerda su definición sobre Fidel como el “más grande de la historia”, durante su programa televisivo De Zurda, del canal latinoamericano Telesur, con Víctor Hugo Morales, emitido desde La Habana en 2015. En esa ocasión también hicieron mención a la faceta deportiva de Fidel en su juventud, quien practicó, entre otros, beisbol, baloncesto y atletismo.

En junio del año anterior, 2014, ambos intercambiaron cartas que fueron profusamente divulgadas. En una de las escritas por Fidel, consignaba: “Conocer de tu visita a Cuba en estos días me alegró mucho; gracias a mis conversaciones contigo en los años más brillantes de nuestro inolvidable amigo Hugo Chávez, deduje que el encuentro de Mar del Plata no podía ser olvidado. Hugo le recordó a Estados Unidos que había otra América”.

Diego expresaba en una de las suyas: “El pasado 11 de enero salí de La Habana con la felicidad de saber que estabas bien y con el orgullo de ser portador, una vez más, de tu mensaje, de tu eterna amistad y de tu preocupación por los problemas del mundo”.

El Pibe de Oro le escribió a su amigo: “Fidel, si algo he aprendido contigo a lo largo de años de sincera y hermosa amistad, es que la lealtad no tiene precio, que un amigo vale más que todo el oro del mundo, y que las ideas no se negocian. Por eso De Zurda es un homenaje a nuestra amistad”.

Los orígenes

Otro de los participantes en la primera visita de Diego a la Isla aquel episodio inicial, el argentino Víctor Ego Ducrot, hoy profesor universitario y entonces miembro de la redacción central de Prensa Latina, narró detalles de la gestación de aquella visita en un minucioso artículo en el que rindió homenaje, ante todo –y yo lo suscribo-, al ya fallecido Elmer Rodríguez, Jefe de Deportes de PL por entonces y encargado de gestionar que sucediera aquel episodio inicial.

El balón que Maradona me dedicó. (Foto: JDS).

El balón que Maradona me dedicó. (Foto: JDS).

Escribe Víctor Ego: “La cobertura que Prensa Latina hizo del Mundial México 86 estuvo bajo la batuta de Elmer y en ella participamos varios periodistas no cubanos que por aquella época trabajábamos en la agencia… Una vez terminado el mundial, el mulato Elmer, la pluma endiablada del Caribe como lo llamábamos sus amigos, dijo: si gana el Premio Prensa Latina al mejor deportista latinoamericano de 1986, tenemos que hacer lo imposible para que el pibe viaje a Cuba. Y Maradona ganó el premio”.

Sigue narrando Ducrot que entonces “Elmer, Pedro Margolles (director de la agencia entonces) y Fausto Triana nos sentamos una tarde en mi casa habanera… para intercambiar ideas sobre lo que había que hacer para lograr nuestro objetivo. Elmer, quien durante los trabajos en México 86 había conocido a los colegas argentinos Carlos Bonelli… y Enrique Escande.., me dijo que empezase por ahí, por ver si mis amigos podían hacer algo por nosotros”.

Continúa con ese minucioso relato, que quizás ni el propio Maradona recuerda en sus detalles: “El primero en entrar en acción fue Escande, quien nos ayudó muchísimo en un primer momento, y después las gestiones quedaron a cargo de Bonelli, quien finalmente logró que Maradona aceptase nuestra invitación. Elmer, Bonelli y yo pasamos una semana en Varadero con Maradona y su gente; y la noche que regresamos a La Habana nos tocó presentarle a Fidel Castro. La última noche de su primera estancia en Cuba, el entonces campeón del mundo y su comitiva cenaron con Castro en el Palacio de la Revolución y, cuando se despidieron, efectivamente intercambiaron camiseta de futbol por gorra de Comandante, pero un rato antes el líder cubano le había explicado a doña Tota (mamá de Diego) como él preparaba los camarones y ella había contado cómo se amasan unos verdaderos ravioles caseros”.

Otro momento de aquella visita. (foto: ARCHIVO DEL AUTOR)

Otro momento de aquella visita. (foto: ARCHIVO DEL AUTOR)

Antes de publicar esta nota quise lograr que Carlitos Bonelli aportara sus recuerdos tras tantos años pero no me fue posible. Periodista de importantes medios en Argentina y España, escribió los detalles del viaje en la revista El Periodista de Buenos Aires, artículo que no pude localizar.

Otros detalles los aporta Pablo Llanto, quien estuvo en la organización del viaje y señala que, tras ser escogido como el mejor deportista latinoamericano por PL e invitado a Cuba, “vía la embajada cubana en la Argentina, establecen un contacto conmigo y con Carlos Bonelli para que contactemos a Maradona. Le explicamos a Diego de qué se trataba todo esto y las expectativas que había en Cuba para entregarle ese premio. Ahí se dieron las primeras charlas acerca de qué se trataba el socialismo. Entonces accede y viaja una semana. Y fue allí cuando se produce el flash con lo que es Cuba y Fidel Castro.

“Yo no viajé, pero Bonelli me contó un poco el acercamiento casi mágico que Diego tuvo con Fidel y cómo Diego había descubierto un mundo nuevo. A partir de ese viaje se afianza mucho en Maradona el tema de hablar en los medios de Cuba, sobre el Che y la Revolución. Esa fascinación por Cuba fue determinante para que en enero de 2000 Maradona decidiera instalarse a vivir unos años en Cuba”.

De aquella primera visita histórica, en la que participé como dirigente de Prensa Latina, me ha quedado el balón que da título a esta nota y recuerdos imborrables del nacimiento de una amistad sin barreras ni fronteras.

 

 


Jose Dos Santos

 
Jose Dos Santos